José Luis Zambrano Padauy: Se apaga el bombillo de las ideas

 

ThumbnailJoseLuisZambranoPadauyLas naciones se gestan con la suculenta iniciativa de la educación, concebida bajo el paradigma de lo correcto y la rica exuberancia de la historia. Los estudiantes deben estar embadurnados más allá de la común suciedad de los lápices, sacapuntas y borradores, de un hálito de tranquilidad para emprender sus reflexivas de lo aprendido.

La realidad se desprende de otra manera. Pareciera que a todos los venezolanos nos dirigiesen al deplorable rincón de los indisciplinados de un salón de clases. Cual si fuese una coronación de la impotencia, a la hermosa acción de aprender, le han ajustado unas orejas de burro o un gorro cónico, sentándola en un taburete de espaldas al auditorio.

El deterioro de nuestro sistema educativo es ostensible y lo único que progresa son las cifras de educadores tomando la determinación de abandonar las aulas académicas, para emprender el arriesgado viaje hacia otras labores para un mejor sustento o, como en una nación en guerra, dirigirse a otro país para desarrollar su profesión doctrinal.

Hace unas semanas observaba con avidez un programa de entrevistas por un canal de televisión nacional, en el cual un joven “pro” proceso revolucionario, vomitaba cifras de la existencia de un mayor número de niños y jóvenes estudiando, haciendo comparativas con años de la llamada cuarta república. No seguí escuchando su agónico discurso y cambié de canal, a sabiendas que tales cifras eran engordadas con la desfachatez de la demagogia y con la lógica de un mayor número poblacional, incrementado en casi 17 años de involución.

Eso sí, desconocemos cuáles son las actuales cifras de escasez e inflación, pues desde hace tiempo no son emitidas por el BCV, ya que nadie creería cualquier manipulación e inventiva, al ser edificadas diariamente con el sudor y sufrimiento de millones de ciudadanos, a quienes el sueldo sólo les alcanza para entender que su calidad de vida es injusta.

Estamos en los albores de un paro nacional académico. Las universidades públicas en el pasado no eran elitescas por la clase social de sus estudiantes, sino por el privilegio de recibir una educación a la altura. Hoy los sueldos de sus profesores no recompensan su desarrollo investigativo y de conocimiento, ocupando los linderos del salario mínimo, además de prevalecer un deplorable presupuesto en estas casas de estudio.

A la hora de blandir un cuaderno y un lápiz, se agota el paupérrimo discurso de estar inmersos en una bélica economía o el pregonar cualquier subterfugio político, pues la directriz es forjar seres racionales y capacitados para caerle a trompadas a la ignorancia y ser constructores de una paz organizada con el saber de las ideas.

Requerimos de una educación rebosante en salud. Debemos defenestrar esa política de odio a nuestro pasado y de adoctrinamiento en misiones. La premisa es abrirnos al conocimiento como lo hacia el ocurrente Petete cuando abría su añoso, sugestivo y voluminoso libro, para otorgarnos gotas de sabiduría, tan necesarias en estos tiempos de cólera psicológica.

 

MgS. José Luis Zambrano Padauy

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