En Tiempo Real: Imposible detener el cambio político Por @carlosvalero08

thumbnailcarlosvalero1El país se prepara para unos meses que serán determinantes en las próximas décadas. El ambiente de cambio que traspira la sociedad se parece mucho al vivido a mediados de los noventa, cuando el agotamiento de la democracia representativa avizoraba una transformación en las preferencias y en la afiliación política, que finalmente condujo a un cambio radical en la composición del poder. Todas las encuestadoras dicen que más del 87% del país siente que estamos en una crisis económica, política y social. Más de la mitad de los venezolanos, no importa la clase social, quiere emigrar del país porque percibe que acá no hay futuro y casi el 70% desea un cambio de presidente en forma anticipada. Me atrevería a afirmar que el número de venezolanos que percibe el país en crisis es el más alto en la historia desde que se lleva registro de encuestas.

Aún con evidencias tan fuertes de cambio, y ante el fuerte deterioro de las bases de apoyo del PSUV y de sus líderes más visibles, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, parte importante de la población que está deseosa de un cambio, no cree que el mismo pueda ocurrir. Las frases inteligentes entre intelectuales y en conversaciones de cafés son del siguiente tenor: “la oposición no tiene como defender los votos”, “falta poco para que Maduro y Cabello saquen un as bajo la manga y recuperen el terreno electoral”, “el nuevo Dakazo será mortal para la oposición” “es imposible derrotar a un gobierno que tiene el control de todos los medios” etc., etc.,

Al día de hoy, la distancia electoral entre el PSUV, es decir Maduro y Cabello, y el resto del país, donde no solo se ubica la oposición sino todos los venezolanos que están siendo golpeados por esta crisis es de más de 30 puntos. Léase bien, más de 30 puntos y todavía no comienza la campaña electoral. Por supuesto que el gobierno podría recortar parte de esa distancia, pero también puede ocurrir que la misma se amplíe o que se mantenga.

Una variable clave en las luchas democráticas siempre fue ganarse el voto y la confianza de las grandes mayorías. Lo primero, según todas las encuestas ha sido logrado, el país mayoritariamente quiere votar contra este caos y lo harán por la oposición. Ganarse la confianza de las mayorías que anteriormente votaban por el PSUV, dependerá de cómo se interprete la fuerza social y electoral que derivará después del 6 de diciembre. A la oposición le ha costado 15 años ser claramente mayoría, pero ello no implica que se halla ganado la confianza de esa nueva mayoría y quizás ello explique en parte el por qué mucha gente duda todavía sobre la efectiva materialización del cambio político.

Desde mi perspectiva es muy poco probable que el gobierno logre recortar sustancialmente la ventaja electoral. Ni cometiendo el mayor fraude electoral de la historia podrán detener el cambio que se está gestando en Venezuela.

Las cifras de inflación, desabastecimiento, caída del PIB, inseguridad y pérdida de credibilidad de Maduro y Cabello no se recuperan con “golpes de opinión pública ”tipo acusaciones de magnicidios, cierre de fronteras o sentencias condenatorias. Los problemas de calidad de vida del ciudadano son reales, el dinero no alcanza y el discurso oficial no ofrece ninguna salida. La revolución se quedó muda, incapaz de dar respuestas. El país se encuentra en la autopista de la hiper inflación y ello es el equivalente a una bomba atómica electoral para el partido de gobierno, acá y en en cualquier lugar del planeta.

La oposición comienza cada día a ser escuchada con mayor atención. Lo que anteriormente sonaba a discurso economicista o neoliberal, como respeto a la propiedad privada, libre empresa, inconveniencia de expropiar fuera de la ley y del sentido común, tiene audiencia en las grandes mayorías y hasta el “Che” de la revolución pide una medalla para Lorenzo Mendoza porque continúa produciendo, mientras las empresas expropiadas no producen nada. He ahí los signos de un tiempo distinto, de un país nuevo que se sacude del populismo y el rentismo. En la crisis sistémica del socialismo anacrónico chavista se encuentra una ventana de oportunidad para construir un país de trabajo, sin discriminaciones políticas ni revanchismos, basado en la educación y en la construcción de valores de solidaridad y trabajo.

Maduro intentará torcer la voluntad de cambio a como dé lugar. Creo que cada acción desesperada conducirá a hundirlo mucho más en la impopularidad y el desprecio. El camino hasta el 6D será difícil y doloroso, superarlo requiere que cada uno de nosotros se asuma como protagonista del cambio y garante de la voluntad popular. El resultado de las mesas debe expresar la nueva mayoría social y ello es responsabilidad de todos los venezolanos no únicamente de la MUD.

Carlos Valero

@carlosvalero08