Armando Martini Pietri: Naranjitas chinas

ThumbnailArmandoMartiniPietriAgo2015El Presidente Nicolás Maduro se fue para un largo viaje por Vietnam y China mientras deja el zaperoco fronterizo armado –pero desarmándose- en Venezuela, entre otros desaguisados. No hablemos de los problemas internos que Maduro y su equipo conservan y agrandan con esmero digno de mejor causa, sino de ese campo de acción en el cual el Presidente, piensa uno, debería desempeñarse mejor.

En el terreno de lo internacional, donde Nicolás Maduro levanta banderas y compromisos que usó Hugo Chávez, pero con tres diferencias importantes y una similitud.

La primera diferencia es que Nicolás Maduro no es Hugo Chávez ni de lejos, cuestión de personalidad, y sin duda el primer error que cometió al lanzarse a su campaña electoral y asumir después la Presidencia, fue no dejarle bien claro a la gente que Chávez se había muerto y que él era una persona y una personalidad diferente.

Que no lo era ni lo parecía –y sigue sin serlo ni parecerse- lo demostró cuando se le cayeron casi un millón de votos y sólo pudo ganarle a Capriles por los pelos. Maduro tiene ya edad y veteranía suficientes para entender que una cosa es lo que los hermanos Castro le digan, y otra la realidad.

La segunda diferencia es que cuando Chávez gobernaba había realidades petroleras nacionales y mundiales concretas. La nacional era que Chávez se tragó la posición de Pérez Alfonso ignorando que había muerto en 1979 en medio de un ambiente petrolero muy distinto al de 1999, y creyendo que el fuerte proceso de recuperación de los precios era gracias a su viaje por la OPEP, incluyendo la inoportuna visita a Sadam Husein en Irak, y la incómoda amistad de Ahmadinejad en Irán, no por circunstancias del mercado.

Si Chávez no llega a padecer el extraño cáncer que terminó matándolo –unos dicen que en Cuba, otros que en el Hospital Militar de Caracas- y hubiera tenido gripe en vez de cáncer, hoy sería él quien estaría tirándose de los pelos para adivinar cómo sostener un Gobierno rebosante de funcionarios incompetentes y escaso de dólares suficientes.

Como no actúan por ideologías ni cruzadas mundiales sino por negocios, los árabes se prepararon para la crisis petrolera acumulando dólares, euros y buenas inversiones en el mundo entero y hoy tienen capacidad de aguantar la caída de los precios defendiendo sus mercados mientras, igual que Rusia que anda más o menos en lo mismo, no sólo mantienen sino que incluso aumentan su producción según la necesidad de esos mercados y la capacidad y costos de muchos enormes tanqueros en los cuales –además de sus propios tanques rebosados- guardan el petróleo que no logran colocar.

Lo que le toca a Nicolás Maduro es un país que gana menos plata pero sigue gastando tanto o más que cuando Chávez, y ése es un problema sin solución a menos que uno de los dos elementos cambie. Una cosa es caer en la tentación de pedirle 40.000 millones de dólares prestados a los chinos para irles pagando una parte en petróleo y otra en comprarles autobuses cuando se venden los barriles de petróleo a 90 dólares, y otra muy diferente pedirles 5.000 millones de dólares cuando los mismos barriles se venden a 38 dólares –con un detalle adicional, que producir ese barril y navegarlo un par de semanas hasta China, siguen costando lo que costaban los barriles a 90 dólares, o algo más.

La tercera diferencia parece ser –comentan los que supuestamente saben de eso- que Chávez era un jefe mientras Maduro es un camarada. Chávez ordenaba pero también seducía, cordializaba, convencía; Maduro dice que ordena pero más bien consulta, busca apoyos –en las puntiagudas bayonetas, pongamos por caso- y habla tanto o más que Chávez porque parece ser lo que le queda. Pero nadie lo identifica con Chávez, ni dentro ni fuera del chavismo.

La similitud es lo más lamentable, Maduro como Chávez sigue armando estructuras de Gobierno con hombres y mujeres en los cuales confía pero no sirven, y aún peor, Maduro además tiene a muchos que necesita complacer. La consecuencia es que el Gobierno es tan deficiente, por no decir peor, que el de Chávez.

Chávez se entusiasmó con los chinos porque seguía creyendo que el descomunal crecimiento chino se debía a que los jóvenes comunistas leían el Libro Rojo todos los días para recibir guías, y olvidó que China realmente empezó a crecer cuando Deng Xiaoping, chiquito pero cumplidor, regresó del anonimato y logró echar a patadas a los herederos de Mao, pensamiento, libro rojo y viuda incluidos, y pudo empezar a transformar al gigante agrícola y atrasado en la gran potencia en crecimiento.

La China moderna tiene una cúpula comunista que lo es de la boca para afuera y tan organizada y disciplinada que el Presidente, elecciones o no, dura diez años en el cargo y se va a su casa quiera o no; y una tarea colosal que empuja el Estado ayudado por cada día más empresarios privados millonarios, de ir transformando a centenares de millones de chinos campesinos e ignorantes en centenares de millones de chinos que se amontonan en enormes capitales y trabajan en industrias y se van transformando en clase media.

Chávez no vio, no le informaron, no entendió o simplemente lo malinterpretó, que esos chinos de ahora, los que están seguros como Deng Ziaoping de que no importa de qué color sea el gato siempre y cuando cace ratones, no sólo exportan de todo a todas partes, sino que compran todo lo que necesitan donde esté y con ese te compro y te vendo tienen ya más de un billón de dólares (o sea, para que estemos claros, m US $ 1.000.000.000.000.oo) sólo en reservas en esa moneda, sin contar otras yuanes incluidos y su problema ya no es ganarse un dólar más sino comprar lo que necesitan y vender todo lo que pueden.

Crudo venezolano es de lo que necesitan, pero no es el único ni la Venezuela empobrecida su único proveedor. Tanto como petróleo les interesa el oro que Chávez les ofreció y Maduro parece que acaba de entregarles en Pekín –aunque habrá qué ver cómo harán los chinos mineros para resolver el caos de ese sector en el Estado Bolívar-.

Es patético y demostrador del desastre chavomadurista que ahora vengan los chinos a montar fábricas de neumáticos y de camiones en el mismo país que antes del desmoronamiento partidista y la emoción militarista producía y exportaba neumáticos, camiones y camionetas.

Naranjitas chinas que, por cierto, no van a ayudar a Nicolás Maduro a resolver los problemas que no puede solucionar para lograr con regalos de petróleo el amor de los países caribeños ni frenar el avance protoyanqui de La Habana ni ganarse la veneración de brasileños y uruguayos a los cuales ahora hay que comprarles los alimentos, la carne y la leche que hasta no hace muchos años producíamos aquí.

@ArmandoMartini