Juan José Moreno A.: Todos somos culpable, pero…

thumbnailjuanjosemorenoCuando observamos a nuestro alrededor el país que tenemos hoy, no nos queda otra que colocarnos la mano en el pecho y reflexionar sobre nuestra parte de culpabilidad en este desastre que todos pudimos haber evitado.

¿Acaso no entendimos en su justa y sabia dimensión la conseja de hombres que como Arturo Uslar Pietri nos alertaron sobre la necesidad de hacer un uso apropiado, con fines de un desarrollo  mejor orientado, de la inesperada riqueza que torció el rumbo de la imperante economía criolla hasta que apareció lo que más tarde el propio fundador de la Opep, el venezolano  Juan Pablo Pérez Alfonzo, designó como “el  excremento del diablo”?

¿Cuando acudimos al mercado y nos percatamos al revisar en las etiquetas de los distintos productos ofertados, que solo un número muy escasos de ellos son fabricados en nuestro país, no nos remuerde la conciencia el no habernos empeñados en la necesidad de fomentar una apropiada producción nacional de bienes y servicios en el inmenso espacio del cual dispone la nación, ni de hacer válido el eslogan de aquella pujante institución empresarial, Pro-Venezuela, del “Compre venezolano” y, muy por el contrario, dejarnos arrastrar por aquella actitud que vergonzosamente nos identificó en todo el mundo como la “Tribu de los Ta´ barato”?

Fuimos, de una manera u otra, cómplices por acción u omisión de las desacertadas políticas gubernamentales, que alimentaron el arsenal ideológico de quienes izaron banderas reivindicativas para adueñarse de un poder que no están dispuestos a compartir ni mucho menos ceder. Y pese a la instauración de la violencia engendrada por los más altos jerarcas del régimen que entregaron las  extensas y mal llamadas “zonas de paz” a los malandros a quienes se les confió el “resguardo” de sus ciudadanos, así como amplias zonas fronterizas, especialmente en Apure, a grupos guerrilleros del vecino país, que han venido actuando a sus anchas, a cambio de ciertos “favores”  al chavismo, no fuimos suficientemente contundentes en la denuncia de tal situación; y qué decir sobre nuestro histórico error de abstenernos de participar en las elecciones parlamentarias, cuyas consecuencias se han traducido en dejar en manos del oficialismo la designación de jueces y contralores de la República, con las consecuencias que hoy conocemos y que, han permitido entre otras, el amañamiento de una justicia que hoy permite absurdas condenas como las que venimos observando en el ámbito político. Entregamos en bandeja de plata la conducción del país a ese grupete de incapaces, malhablados y tracaleros, y ahora solamente el “llanten” es el recurso de muchos para expresar su inconformidad con el atropello que nos afecta a todos.

No podemos negar esta realidad;  todos, de alguna manera, somos culpable; pero lo importante en este momento, no es solo llorar y quejarnos;  una pequeña y  muy frágil puerta estamos abriendo los venezolanos con la fijación de fecha para las elecciones parlamentarias: con la insistencia y la presión ejercida entre todos, logramos que el mundo escuchara nuestro clamor  sobre la necesidad de dar luz verde al ansiado proceso y se derribara el gran tablón que sostenían los “dueños del poder” con la complacencia de la tribu de Tiby.

Fue el primer paso de una estrategia que deberá conducirnos al retorno de la sensatez y la democracia en la conducción del país. La reconquista del parlamento será un hecho irreversible, como podrá ser la de la propia Presidencia de la República, hoy en manos del peor gobernante que haya pasado por Miraflores incluyendo a los más descalificados dictadores.

Pero esta aspiración, comprobadamente compartida por la mayoría de los venezolanos, por no ser precisamente tarea fácil es la que hoy nos debe llamar a una reflexión profunda, por una parte,  para avanzar con pasos muy seguros, con la bandera de la unidad por delante; y en segundo término,  para no caer en los mismos errores del pasado. Es preciso, que mientras los personeros del régimen se ocupan de inventar marramuncias para sacar del juego a quienes nos hemos convertido en la única opción de triunfo, nos ocupemos los que participamos en este lado de la cancha,  de construir nuestra propuesta de rescate institucional de nuestra nación.

Porque la realidad del país exige, en primer lugar, además de retomar  la función contralora del legislativo y el retorno de los capitales mal habidos por los saqueadores del tesoro público, la formulación de leyes que garanticen la inversión privada en la creación de industrias destinadas a  la producción y desarrollo de bienes y servicios; la recuperación de los puestos de trabajos eliminados con la expropiación ilegal de empresas; re direccionar  y sincerar los presupuestos de la nación hacia un auténtico desarrollo  sostenible del país  y, en este mismo sentido, promover los aplazados planes de potenciación equilibrada de los recursos naturales en función del beneficio tanto del productor agrícola y pecuario, entre ellos aquel megaproyecto conocido como Programa de  Desarrollo del Eje Orinoco-Apure; que regule la expansión y uso y abuso de los medios públicos de comunicación colectiva, y muchos otros más que permitan devolvernos la felicidad de la que, como muchos dicen ahora, “éramos y no lo sabíamos”.

Finalmente, expresamos nuestra solidaridad con la familia de Leopoldo López, emblemática víctima de la entronada injusticia que hoy convierte al país en un coto de malvados funcionarios. Por eso decimos que el 6D marcará también el proceso de rescate de la justicia que nos permitirá garantizar el retorno a la libertad de nuestro fundamental líder.

@JJMorenoA
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