Víctor Simone de la Cruz: La cultura parasitaria

ThumbnailVictorSimoneDeLaCruzQuizás no exista una mejor metáfora para describir cuando una persona recibe algún beneficio, sin prestar un servicio a cambio o que tenga que hacer un esfuerzo por ganárselo, como la acuñada por los gringos y que traducida al castellano dice: «no hay almuerzo gratis». Y el mejor ejemplo de lo acertado de esa afirmación es el populismo socialista y su modelo distributivo, también conocido como Estado de Bienestar, que condujo a varios países a la ruina, o en casos menos graves, a tener que sobrevivir a ajustes económicos brutales.

En los países Europeos donde se instaló esa peste, durante varios años y gracias a ciclos económicos expansivos, los Estados de Bienestar fueron sostenibles. Pero a partir del año 2008, cuando explotaron las burbujas que condujeron a la Gran Recesión, una tras otra, esas naciones comenzaron a acumular enormes déficits fiscales, altas tasas de desempleo y a sufrir otros males económicos que en todos los casos condujeron a cambios de gobierno con el ascenso de nuevos partidos cuando hubo elecciones.

Ello obligó a que las nuevas autoridades tuviesen que tomar una serie de medidas económicas como fueron: el recorte de la nómina oficial, la reducción de beneficios que los gobiernos socialistas le habían otorgado a la población, el aumento de los impuestos, la prolongación de la edad de retiro y otras disposiciones para intentar superar la crisis. Y a pesar que hay pruebas, más que evidentes, que el origen de los problemas está en el modelo, ha sido imposible cambiarle la mentalidad a un significativo porcentaje de europeos que piensan que pueden seguir viviendo parasitando a sus respectivos estados. Destacan como los casos más emblemáticos, lo ocurrido en España durante las últimas elecciones, cuando los partidos populistas Podemos y Ciudadanos sumaron un sorprendente porcentaje de votos y en Grecia, donde resultó electo el socialista Alexis Tsipras respaldado por el partido de izquierda radical Syriza.

Nuestra región casi no se vio afectada por la Gran Recesión por cuanto, producto de la llamada «década perdida», muchos países latinoamericanos habían implementado medidas de austeridad impuestas por el FMI. Además, para ese momento China estaba creciendo a tasas extraordinarias, hecho que ocasionó se dispararan los precios de las materias primas, principal producto de exportación de la mayoría de los países ubicados al sur del Río Grande. Hoy, la situación se nos presenta con tintes catastróficos. La economía China dio un frenazo que causó disminuyera la demanda de los comodities con el resultado que se desplomaron los precios de los mismos. Esta situación presagia días turbulentos y el fin de la fiesta para Venezuela, Brasil, Ecuador, Bolivia, Argentina y otros que se irán incorporando a la lista.

El parasitismo en nuestra amada Venezuela es de vieja data, pero nada comparable con lo ocurrido en estos tiempos de revolución. Sobran los ejemplos, tal cómo son los enchufados que parasitan a la sociedad, robando o defraudando miles de millones de dólares que son de todos los venezolanos. También está el que actuando desde su condición de autoridad, civil o militar, le exige una coima al ciudadano, bien sea, por hacerse la vista gorda ante un hecho ilícito o por la amenaza de sancionarlo por un causa inventada. Un parásito que puede causar la muerte súbita es el delincuente que roba al ciudadano de a pié. Otro parásito es el guerrillero o malandro que le cobra vacuna al productor, un mal que se extendió por todo el territorio nacional. Igual parasita el que cobra una pensión sin merecerla. La nómina del estado está llena de parásitos, como los que despidió nuestro líder Antonio Ledezma al asumir la Alcaldía Mayor. También parasitan los colectivos, los patriotas cooperantes, las milicias, los que cobran por misiones que no cumplen otro fin que el otorgarle una dádiva a algún simpatizante, los bachaqueros y cualquier otro que usted quiera añadirle a esta lista.

Algo está muy mal cuando las aspiraciones de una sociedad se reducen a vivir del estado o a matraquear a sus semejantes. Toda la culpa no puede haber sido de los gobiernos paternalistas, también tiene que obedecer a taras que arrastramos en nuestro ADN social. ¿Estará en que desde nuestra más tierna infancia escuchamos que Venezuela es un país rico y que al nacer aquí, tenemos el derecho de exigirle al estado que nos provea de lo necesario para vivir? ¿Estará el origen de esa condición en nuestra cultura machista que hace que las madres críen manganzones al enseñarles a las hijas que deben atender a sus hermanos, convirtiendo a los varones en ineptos dependientes? ¿Obedecerá a la paternidad irresponsable que es la causa principal por la cual la mitad de los hogares en Venezuela están dirigidos por una mujer sola? ¿Residirá en una holgazanería aprendida que nos llevó a que nos invadieran más de cinco millones de colombianos que hacen los trabajos que los venezolanos no quieren o no saben hacer? ¿Será la viveza criolla y la mala fe? ¿O es que tal vez obedezca a que en nuestro país el trabajo manual no es apreciado en su justo valor y por ello es que hay cientos de miles de jóvenes estudiando carreras universitarias y muy pocos estudiando carreras técnicas?

Cualquiera que sea la razón o las razones y una vez hayamos salido de esta peste socialista/militarista, debemos enfrentar el problema y comenzar a transformar a la nuestra en una sociedad productiva. Quizás nos tome más de una generación hacerlo, pero de no lograrlo hay que tomar en cuenta que los parásitos, en muchos casos, matan al anfitrión; y a pesar que los países no mueren, les puede ocurrir algo peor, se pueden convertir en estados fallidos.