El nacionalismo venezolano y los símbolos patrios, por Nelson Ramírez (@NelsonRZ33) de @OrdenVenezuela

 

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En artículos anteriores se ha descrito el arquetipo social de los venezolanos como expresión de nuestro nacionalismo; del mismo modo, se ha hecho la diferenciación entre el nacionalismo venezolano y el chavismo – el cual, erróneamente, califican como nacionalista.

En este sentido, es vital comprender el justo significado que tienen los símbolos patrios para la unidad de la Nación. Para esto, es de suma importancia recordar hechos no tan recientes.

En el año 2001, justamente el 10 de diciembre, durante los actos conmemorativos -en la base aérea de La Carlota- del aniversario de la fundación de nuestra Fuerza Aérea venezolana, el sr. Chávez, ante el descontento de una Nación que avizoraba las garras del comunismo, pronuncia un discurso retador y a su vez divisionista – como ya era usual. En esa oportunidad él preguntaba: dónde están las banderas de aquellos que se le oponen; de inmediato los ciudadanos levantaron nuestra espléndida bandera tricolor de 7 estrellas, con su escudo de abundantes cornucopias que tiene al caballo resguardando lo que hace dos siglos se logró: LA LIBERTAD.

A partir de aquel entonces se gestaría y auspiciaría, como es propio y característico en los regímenes despóticos y tiránicos, la división y el enfrentamiento entre los ciudadanos que conforman la comunidad política. Se manipuló la historia, nuestros símbolos patrios fueron alterados, se vilipendiaron y secuestraron a las figuras de nuestros padres fundadores de la República… generando resentimiento, por una parte, y desprecio, por otra.

Los símbolos patrios fungen como un marco no sólo de identidad nacional, sino también de referencia y reconocimiento mutuo entre los ciudadanos, que, afines (en virtud de la historia que heredan), juntan esfuerzos para trazar la ruta hacia un porvenir de grandeza. Éste se traduce en la realización y satisfacción de todos quienes componen dicha comunidad política, denotando así un alto grado de conciencia nacional y un alto grado de conciencia del sí-para-sí.

¿Por qué permitimos que nos arrebataran nuestra historia? ¿Por qué permitimos que secuestraran nuestros símbolos de cohesión nacional? ¿Por qué permitimos que manosearan a las figuras inmortales de nuestros padres fundadores? ¿Por qué permitimos que nos enfrentaran a través de una nociva lucha de clases?

Evocamos a nuestros referentes históricos no por el hecho de quedarnos anclados en el pasado, añorando las antiguas glorias, o por una mera acción contemplativa. Evocamos a nuestros referentes para ver en qué fallamos, qué dejamos de hacer y, sobre todo, cómo nos vamos a reformular para construir el porvenir de un país que pide a gritos el esfuerzo y sacrificio de sus hijos. Queremos elevarlo al pedestal de la dignidad, prosperidad y potencia, resguardando celosamente lo que alguna vez se conquistó a sangre y fuego: LA LIBERTAD. Ante los constantes fracasos no cabe duda de que nuestro replanteamiento está en el pilar del nacionalismo venezolano, sostenido por una idea orgánica: el Ideal del Bien Nacional, único capaz de aglutinar a la ciudadanía para su realización.

Vayamos a la búsqueda de nuestros referentes históricos. Rescatemos nuestros símbolos patrios como factores de unidad nacional para el reencuentro, la reconciliación, el reconocimiento y la unión de los ciudadanos en torno a un solo anhelo: VENEZUELA Y SU MEJOR DESTINO.

Sintámonos orgullosos de nuestro gentilicio, luchemos por recuperar la alegría de ser venezolanos. ¡Que vuelva a retumbar en el mundo, por nuestra grandeza y hazaña, el grito de «SOY VENEZOLANO»! Porque podemos logarlo; porque, si nos lo proponemos, la magnitud y envergadura de nuestro porvenir sobrepasará a la gloria de nuestros referentes. Porque, aun en las adversidades más tremendas, mientras exista en nosotros la llama ardorosa de este noble Ideal, nada está perdido.

VENEZUELA QUIERE ORDEN