Miguel Méndez Rodulfo: Fragilidad

Miguel Méndez RodulfoEl régimen paso a paso, de una manera implacable, con gradualidad milimétrica, pero muy bien planificada, nos ahoga copando todos los espacios mediante los cuales nos podemos expresar con libertad. La compra de medios, por interpuestas personas, las intimidaciones y censuras contra los pocos que aún conservan su independencia, y las amenazas, cierres y presiones efectivas contra los medios críticos, sofocan  y asfixian a la sociedad. El chavismo no se ha conformado con tener a todos los poderes públicos a su servicio, sino también a las FFAA, a las milicias, a los colectivos, a los círculos bolivarianos e incluso a una guerrilla propia, amén del apoyo de las FARC que opera en el territorio nacional. Por si eso fuera poco, el manejo del presupuesto de la nación, los ingresos petroleros y la maquinita de hacer dinero en que se ha convertido el BCV, le han dado al gobierno un poder casi absoluto sobre la sociedad venezolana. Por otra parte, el desconocimiento de los tratados internacionales y su interpretación libre de la Constitución, le garantizan una impunidad absoluta.

 

Pues bien, en este panorama desolador, en el que provoca tirar la toalla, florece como nunca antes la resistencia y si algo hay seguro, es que el régimen tiene sus días contados. De nada ha valido este poder omnímodo, de nada la persecución de connotados líderes políticos como Leopoldo López y Antonio Ledezma, poco ha importado el poder militar, ni el control de los medios y no han prevalecido sobre la sociedad las carretillas de billetes que se manejan en las altas esferas del gobierno. En la hora oscura en que pensaban que la Nación estaba más oprimida, ésta se levanta terca, porfiada y desafiante. Cuando este régimen oprobioso pensaba que el odio social que creía haber instalado en el alma de la sociedad venezolana, era ya una marca indeleble en el ADN social, se alzan tres líderes de procedencia mantuana como las opciones a sustituir en el poder a estos fariseos que nos desgobiernan, La amargura para esta camarilla corrupta es que 16 años de intentar torcer la historia venezolana, fueron en vano. Poco a poco Venezuela se reencuentra con su esencia policlasista, aunque por azares de la política, sean apellidos patricios los que tengan la primera opción de poder. Es también, si se quiere, un castigo a la ideología gobernante. De todas formas esta nación de alto mestizaje y de democrático ascenso social, siempre tendrá una cantera de líderes mayoritariamente de extracción popular.

 

Sin duda que el estado de excepción sobre una parte importante del territorio nacional, dificultará la campaña electoral opositora (este es el nuevo dakazo del gobierno), pero no hay sino que recordar en qué condiciones votó el pueblo venezolano durante la dictadura de Pérez Jiménez. Ahora, más que nunca, hay una altísima intención de votar, eso dicen las encuestas y se palpa en la calle. Pero lo que no dicen los sondeos es la rabia contenida que tiene el pueblo contra estos inescrupulosos gobernantes. Mi explicación acerca de por qué no ha habido un estallido popular, en medio de la tragedia que hoy vive el venezolano, se explica por el bochorno que sienten las clases populares por haber apoyado a este régimen nefasto. Descubrirse engañadas luego de tanto tiempo, las ha privado de reaccionar, por lo que han fijado a las elecciones parlamentarias como el hito para que se produzca un cambio pacífico del modelo.

 

De manera que si se suspenden las elecciones, se las roban o entraban a la nueva asamblea, ello significará el punto de inflexión para la tolerancia del bravo pueblo. El 7 de diciembre marcará para Venezuela una fecha crucial: un gobierno agotado en sus recursos, una inflación nunca vista y una escasez por los cielos, serán el escenario de un zarpazo electoral. El gobierno debe pensar bien lo que va a hacer.