¿Qué se le echa a los “perritos” en tiempos de escasez? La salchicha y si acaso…

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Cada ciudad de la zona norte del estado Anzoátegui tiene su propia “calle el hambre”, espacios al aire libre donde se agrupan decenas de puestos de expendio de comida rápida, publica El Tiempo.

La gente los llena, a pesar de los precios. A mediodía pasan por allí, sobre todo, trabajadores de área cercanas; pero en la noche los toman por asalto familias completas o parejas de paseo.

Manuel, un joven estudiante que trabaja en el turno vespertino en una tienda de Lechería, llega a Vistamar entrada la noche para tomar un autobús que lo lleve a su casa.

Sin embargo, tiene por costumbre saciar el hambre antes con un par de perros, “con todo”, en el puesto de Alejandro, que ya tiene 10 años en la misma esquina, justo en la parada.

El carrito se instala entre las 5:00 y las 6:00 de la mañana y no cierra hasta las 10:00 de la noche. Alejandro no siente que la clientela haya bajado debido al alza de precios o la falta de variedad en los ingredientes.

“Sube y baja, pero no he notado que ahora tenga menos clientes. Lo que sí es que todos los meses subo el precio de los perros porque consigo todo más caro cada vez que salgo. Ahorita los estoy vendiendo en Bs 90 y tengo varias salsas, queso y los vegetales básicos para echarles”.

Manuel se comió cuatro perros de salchicha tipo Wiener y se tomó una malta, el total fue de Bs 430. En el carrito que visita este joven con regularidad venden a precios promedio. Sin embargo, estos varían dependiendo de lo que tengan para ofrecer.

El surtido es el problema

En la avenida Caracas de Barcelona, a poco más de una cuadra del Centro Médico Zambrano, los perritos con todo llegan a Bs 150. Cuenta una clienta que allí se consigue más variedad de ingredientes para aderezarlo y eso justifica la diferencia de precio.

Pero lo que justifica a los vendedores es el alza de la materia prima y la dificultad para hallarla. En esa misma avenida se encuentra la calle el hambre, donde se venden perros, hamburguesas, pepitos, parrillas y algún que otros “manjares” callejeros.

El señor Antonio dice que se surte de lo necesario en cualquier parte. Recorre varios locales hasta que encuentra todo lo que requiere para trabajar. Dice que no le ha llegado la crisis, aún.