“Rosales vino a echar el resto” por @fariasjoseluis

ManuelRosalesAruba980

 

Reportaje especial sobre el regreso y la detención del ex candidato presidencial y ex gobernador del estado Zulia Manuel Rosales.

Ausencia

…”Si a ese hombre ni siquiera se le deja llegar a la puerta de su casa culminar la ausencia y al hogar, y se le señala antes que el hijo le pida la bendición y se le vilipendia antes de sentar su cansancio y levantar la vista y oler el dentro y profundo de su hogar.

Si eso lo impide un gobernante.

Ese gobernante no es gobierno es un destructor de la familia.

El acto contra Manuel Rosales en tanto que ciudadano y padre de familia, señor Presidente de la República es un acto de mediocridad y de ausencia de libertad.”

Hugo Figueroa Brett, artista plástico, premio nacional de cuento y premio nacional de poesía.

Pregunta

Manuel Rosales está en la boca de la gente. “Dicen que ya llegó”, nos dijo con el asombro y la emoción dibujados en su rostro, al filo de la medianoche, el dependiente de uno de esos puestos de arepa asada de la “Calle del Hambre” de Maracaibo. Fue un guajiro menor de 20 años de edad que para ese momento había atendido varios cientos de comensales sin que pudiera tener el dato cierto de lo sucedido con Rosales.

Obvio que a esa hora la noticia de la detención de Rosales no se encontraba totalmente difundida. El régimen de Maduro había cuidado celosamente que así fuera. Días antes, los hombres de Conatel reunieron a los dueños de las estaciones de radio y de los canales de televisión regional para asegurar ese despropósito. Dieron entonces la orden de “no difundir ninguna noticia sobre la llegada y la detención de Manuel Rosales, hasta tanto no lo hiciera Venezolana de Televisión estableciendo los términos parcos e incriminatorios en los cuales impusieron hacerlo”, según denunció el periodista y abogado zuliano Ángel Monagas.

Al día siguiente, la situación fue distinta. Un hombre de claro acento “gocho”, hospedado en el modesto hotel de Maracaibo donde pasamos la noche, intercambiaba impresiones sobre el suceso con dos jóvenes maleteros y el recepcionista. Todos condenaban la detención de Rosales. Y aunque les alegraba el regreso, “¿por qué vino? -era la gran pregunta sin respuesta- si sabía que lo iban a joder. A estos vergas no hay que entregársele”.

“Por nobles que fueran los motivos del regreso de Rosales, ni su partido ni la dirigencia opositora han sabido explicarlos con sencillez, contundencia y sentido de la oportunidad para detener la andanada oficialista por las redes sociales dirigida a confundir a la gente. Ayudada por el radicalismo opositor que, pese a su minúscula y difusa presencia, es mucho el daño que hace, estimulado por algunas miserias de cálculos personales de sus adversarios en la oposición”, nos expresó un analista político zuliano que prefirió guardar el anonimato.

Opinión similar a los hombres del hotel tuvo también el taxista que nos condujo de regreso al aeropuerto. Alertando que “de aquí se fue la democracia hace tiempo”, dejo en claro la desproporción de la movilización militar y policial para detener “al gobernador que más ha hecho por el Zulia, no es la utilizada para atrapar a los malandros y criminales que nos azotan”.

Comentar el resto de los numerosos testimonios recogidos en las calles de Maracaibo sería más o menos repetir los anteriores.

Espera

El avión en el cual llegó Rosales, procedente de Aruba, un vuelo comercial de la línea aérea Laser, aterrizó a las 4:30 de la tarde del jueves 15 de octubre en la pista del aeropuerto internacional “La Chinita” de la ciudad de Maracaibo. En el lugar lo esperaban varios centenares de personas entre familiares, amigos, políticos, curiosos y periodistas que a partir las ocho de la mañana fueron llegando desde la capital zuliana y otras partes del país.

También fue advertida la presencia agazapada de muchos “sapos” de civil tratando de confundirse entre los presentes. Pasaban reportes cada cierto tiempo vía llamadas y mensajes de texto sobre la temperatura de la paciencia colectiva de quienes aguardaban la llegada de Rosales, en los cuales decían “que hasta el mediodía, lo único que habían hecho era comer tequeños y tomar café”, advirtió Marianela Fernández, destacada dirigente regional del partido Un Nuevo Tiempo.

En el tramo despoblado que conduce al aeropuerto, bajo el sol inclemente del mediodía y la tarde joven del Zulia, entre 4 y 5 mil personas muy humildes de las poblaciones y barrios cercanos venidos a pie se arremolinaron a orilla de carretera con la esperanza de ver a su líder Rosales. Los contingentes de la Guardia Nacional Bolivariana dispuestos en la vía pública le impidieron llegar a las instalaciones de la base aérea. No hubo violencia.

Mientras, unos 40 o 50 mil zulianos le aguardaban también en la famosa avenida 72 donde todo estaba dispuesto para que hablara Rosales, si salía libre una vez tocara tierra venezolana. La gente esperó pacientemente por casi seis horas, dirigidos por el diputado Elías Matta, presidente regional de Un Nuevo Tiempo, el diputado regional Eliseo Fermín, Daniel Pone, exalcalde de Maracaibo, y tantos otros dirigentes de UNT. Tampoco hubo el “caos” y los “enfrentamientos con la policía” que algunos habían pronosticado.

Pero Manuel no llegó al sitio. La historia fue otra. Muy distinta al mayoritario anhelo de sus coterráneos y de los venezolanos en general. El régimen dirigido por Nicolás Maduro dispuso otra cosa y otro destino para Rosales.

En el aeropuerto la tensión y el nerviosismo se apoderaron progresivamente de los presentes en la medida en que se acercaba la hora de la llegada del líder.

Entre lágrimas y correderas por los pasillos que separan el Terminal Nacional del Internacional, la gente se desplazaba al son de los rumores de por cuál puerta saldría Rosales, agobiada por un calor sofocante dado que en ninguno de los terminales funcionaba adecuadamente el aire acondicionado.

Los empleados del aeropuerto comentaban a los periodistas que ya era un año y medio el tiempo con el aire dañado y que, supuestamente, hace meses el gobierno regional de Arias Cárdenas habría adquirido un nuevo equipo sin que a la fecha, inexplicablemente, se hubiera dado la orden de su instalación.

Era un verdadero ambiente surrealista propio del subdesarrollo socialista.

Regreso

A las 6 de la mañana del jueves 15 de octubre, unos 100 guardias nacionales, 2 decenas de funcionarios de la policía política del régimen (Sebin) bajo el mando de un Comisario al que identificaban como Condorcet, todos en coordinación con una fiscal del Ministerio Público, se introdujeron en los galpones del aeroclub privado anexo al aeropuerto y prohibieron el acceso de particulares al mismo.

Según la versión que nos dieran los propios guardias que merodeaban por los pasillos del aeropuerto a ese lugar sería trasladado el ex candidato presidencial tan pronto llegara al país.

En el vuelo que traía a Rosales, además de los viajeros comunes, venían tres de sus hijos, los diputados Enrique Márquez, Delsa Solórzano, Timoteo Zambrano, William Barrientos y los dirigentes nacionales de su partido Un Nuevo Tiempo: Diego Scharifker, Carlos Valero, Frederick Villegas, Ana Alves, Ciro Belloso, su abogado Jesús Ollarves y los corresponsales de CNN, NTN24 y del diario La Verdad del Zulia.

En las instalaciones del terminal aéreo se habían concentrado su esposa Evelyng Trejo de Rosales, alcaldesa de Maracaibo, varios de sus hijos, el exgobernador del Zulia Pablo Pérez, los diputados Omar Barboza, José Luis Farías, Juan Romero, Freddy Paz, Nora Bracho, José Sánchez “Mazuco” y José Ramón Sánchez de Primero Justicia, con los dirigentes zulianos de Un Nuevo Tiempo: Marianela Fernández, Adalberto “El Gato” Pérez, Víctor Ruz, el presidente de la FCU de LUZ, Yorman Barilla de LUZ y muchos otros.

Poco antes de descender el avión, desde el Twitter oficial del partido UNT se difundieron algunas imágenes de Manuel Rosales en su interior, incluido un breve mensaje en el cual mostraba su buen estado de ánimo llamando a la paz y a “cobrarle con el voto el 6 de diciembre” los atropellos del régimen.

En el aeropuerto de Aruba, antes de iniciar el viaje para su país, estaban más de 200 pasajeros venezolanos, la mayoría zulianos, quienes expresaron de mil formas su solidaridad y su gratitud con el exgobernador.

“Gracias al gobernador Manuel Rosales mi hijo se pudo graduar en la universidad con la ayuda de la beca ‘Jesús Enrique Losada’ creada en su gestión”, recordaba una señora maracucha; otra le agradecía los lentes y la atención oftalmológica recibida por su hijo; aquella no olvidaba que consiguió una casa gracias a él…

Era un ambiente de mucha emoción, fotos, palabras, abrazos. El clima de afecto se extendió durante un vuelo de media hora en el que Rosales cantaba gaitas con sus paisanos. “La Grey Zuliana era la única que yo me sabía”, recuerda el joven concejal de Chacao, Diego Scharifker.

Detención

Al aterrizar, el avión fue desviado hacia el aeroclub a pesar de la molestia que se le causaría a los pasajeros que reclamaron el abuso y el atropello de llevarlos fuera del terminal internacional.

La razón pudo haber sido, según nos explicó la diputada y abogado Delsa Solórzano, que el área del aeropuerto internacional es una suerte de “tierra de nadie”, inconveniente para practicar la detención de Rosales. El abogado Jesús Ollarves opinó distinto: “eso era antes, actualmente ese no es el criterio que priva en los terminales internacionales”.

Lo cierto es que la acción del régimen no era “guardar las formas legales”, sino desplegar su acción en un espacio donde tuvieran absolutamente todo controlado. Así lo confirma el gigantesco operativo militar y policial desplegado para detener a Rosales. “Nos llenó de indignación ver aquella cantidad de efectivos y su agresividad”, manifestó Diego Scharifker.

Tan pronto conectaron la puerta del avión con el túnel en forma de “gusano” que sirve para el desembarco, comenzaron a salir los pasajeros que se tomaban fotos con Manuel y le decían palabras de aliento. El gobierno había improvisado unas mesas y sillas donde los funcionarios tenían los sellos y estampillas para que cada uno hiciera “inmigración” por tratarse de un vuelo internacional.

Y de inmediato, unos feroces funcionarios del Sebin los tomaban a la fuerza por un brazo para cachearlos y obligarlos a borrar todas las fotos que habían tomado sobre los excesos del despliegue policial, “solo tres pasajeros se quejaron culpando a Manuel por el mal rato”, que pronto fueron callados por una mayoría de 70 o más que se solidarizaban con el líder zuliano. El mayor atropello lo sufrió el periodista del diario La Verdad del estado Zulia, a quien lo forzaron grotescamente a borrar sus fotos.

Rosales y su grupo de acompañantes habían tomado la decisión de esperar que todos los pasajeros salieran antes que ellos para evitarles inconvenientes. Llegado el momento se presentaron a la puerta del avión la fiscal 75 nacional con competencia en Protección de Derechos Fundamentales, Lucy Fernández, junto a un médico forense y secundada por un Comisario del Sebin, con cuatro funcionarios, y tres oficiales de la GNB.

Trataron de entrar, pero el diputado Timoteo Zambrano y el abogado Jesús Ollarves le exigieron la razón de su presencia. A la señora Fernández le salió apenas un “vengo a cumplir con una orden de aprehensión contra el gobernador Manuel Rosales” y a la presión de los policías del Sebin para penetrar y sacarlo por la fuerza le salió al paso la jefa de aeromozas del vuelo para recordarles con firmeza que su intención chocaba “con los Convenios Internacionales”.

En ese momento, un Manuel Rosales fuerte y nada nervioso, ansioso de pisar tierra venezolana, le dijo a sus hijos Carlos, Manuel y Hender: “tranquilos ya por fin estoy de vuelta en mi patria. Tengo mucha fe, todo saldrá bien” y caminó hacia la puerta.

Una vez fuera del avión lo bajaron por las escaleras colocadas en la puerta auxiliar del túnel. En la pista decenas de guardias y tenebrosos agentes del Sebin lo aguardaban como presa de caza, andaban en motos, en pose agresiva, resguardando la camioneta Hilux doble cabina de color blanco para llevarlo hasta el avión que lo trasladaría a la ciudad de Caracas con la fiscal, el médico forense y los miembros de los cuerpos de seguridad. Un insólito despliegue militar y policial solo visto en películas.

Respuesta

Minutos después, Eveling, la esposa, no la alcaldesa, la esposa, la mujer, la madre, cerraba su discurso a la multitud congregada en la avenida 72.

“Manuel me ha pedido que no llore. Pero Manuel, hoy no te puedo complacer. Hoy lloro de rabia y cuando una mujer zuliana llora de rabia ¡la tierra tiembla!”.

Palabras pronunciadas con una pasión tal que nos humedecieron también los ojos a los miles de asistentes y que el periodista Francisco “Kico” Bautista calificó justo en ese momento como de “profunda emoción”.

Finalizado el acto y Manuel volando al Sebin, custodiado cual “enemigo de la patria”, “dúctil y maleable categoría”, diría Martín Amis, para justificar cualquier represión, por los guardianes del orden revolucionario, nosotros (Kico, “El Gato Pérez”, Juan Romero y yo) cogimos rumbo a meter los pies bajo la mesa.

Y extrañamente, sin copas de por medio, surgió de nuevo la enigmática pregunta que rondaba en la mente de la gente: “¿Por qué vino Manuel Rosales si sabía que lo iban a joder?”.

Mi respuesta entonces fue simple. Vino porque quiso, vino porque creyó que era el momento oportuno, vino porque tiene el derecho a venir, vino porque está cansado de estar fuera de su patria y alejado de su familia, vino a echar el resto en favor de muchos y a despecho de pocos.

En fin, vino por lo que días antes, vía Skype, en compañía de Enrique Márquez y Carlos Valero, me respondió ante mis dudas sobre la conveniencia de su regreso:

“Para derrotar a este gobierno hay primero que derrotar al escepticismo y si para eso yo tengo que sacrificar mi libertad, como una demostración de que vamos a ganar y voy a recuperarla después de la abrumadora victoria que obtendremos el próximo 6 de diciembre, no tengan duda que lo haré.”

Con un régimen como el que enfrentamos el riesgo asumido por Rosales no es poca cosa y él sabe que aquí no es suficiente ganar para que el salga libre después del 6 de diciembre. Pensé entonces que, al igual que en el 2006, año en el que se puso al frente de la recuperación de la confianza en el voto como instrumento de lucha para la recuperación de la democracia en Venezuela, quizás nos estaba dando de nuevo una clave de lucha.

Hoy estoy convencido de que este rudo campesino de Santa Bárbara del Zulia, maestro de escuela, exitoso y buen gerente como gobernante, grande en las adversidades a fuerza de coraje, persistencia, inteligencia y fino olfato político nos está marcando con su regreso el comienzo del fin de la diáspora que tiene fuera de su patria a cerca de dos millones de venezolanos.

Si los otros líderes que hoy se encuentran en el destierro siguen en los próximos días el ejemplo de regresar a la patria, creo que Maduro va a terminar cerrando todas las fronteras para impedir que ingresen.

Rosales en Venezuela, preso o libre, es un nuevo dolor de cabeza para el régimen. El regreso de tantos otros sería un reto que Maduro no tiene cómo enfrentar. Rosales marcó un camino y se la puso dura y todo indica que meterlo preso es lo peor que pudo ordenarle hacer su tozudez revolucionaria.