Carlos Tablante: Nobel al periodismo

thumbnailcarlostablanteSvetlana Alexievich, quien recientemente obtuvo el Premio Nobel de Literatura 2015, al describir el propósito del periodismo afirma: “he escogido un género donde las voces humanas hablan por sí mismas”.  Es decir, cuando se silencian esas voces, también se cercena la palabra libertad.

El galardón a esta periodista bielorrusa, quien se ha destacado en el género del reportaje literario, fue otorgado por la Academia Sueca por “sus escritos polifónicos, un cuidadoso collage de voces humanas, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo”.

Aunque no es muy conocida en Venezuela, a partir del anuncio del Premio Nobel de Literatura a esta periodista, queda prohibido desconocer la importancia del periodismo en la defensa de la vida, de los derechos humanos y de la libertad. Es el periodismo que escucha y divulga las voces de la gente, sus angustias, sus anhelos, sus ansias de libertad.

Su obra es la historia de su país, desde la II Guerra Mundial, pasando por la Guerra de Afganistán, el accidente de Chernóbil, las eras soviética y postsoviética. Su valiente denuncia del gobierno autoritario y despótico de Aleksander Lukashenko, aliado del chavismo, le ha valido persecuciones y censura.

Sus críticos han manifestado que solo relata tragedias. Pero, ¿cómo ver igualdad dónde no la hay?, ¿Cómo describir la paz en medio de una guerra? ¿Cómo exigir a la gente que hable lo que no siente, lo que no ve?

Como Svetlana Alexievich, muchos periodistas latinoamericanos, venezolanos, han desafiado múltiples presiones para demostrar que el periodismo se basa en la verdad y no en lo que el poder quiere que se diga.

Hace pocos días, el presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Humberto Sierra, atribuía a la corrupción la censura a la labor de los periodistas. Lo dijo durante la instalación de la Conferencia Internacional sobre Impunidad en Crímenes contra Periodistas, realizada en Costa Rica. ¿Por qué tal aseveración?  Sencillamente, porque la libertad de expresión permite la denuncia pública a través de los medios de comunicación social.

En Venezuela es notoria la censura y la tergiversación de la información a favor de los grupos de poder.  Un ejemplo reciente fue la actitud asumida por el presidente Nicolás Maduro, evidentemente disgustado por las informaciones que exigen a la Fuerza Armada Nacional (FAN) explicar el origen de las granadas en manos de bandas delincuenciales.  Salió en defensa de los componentes militares, sin pruebas culpó a la oposición por los atentados, pero se abstuvo de exigir una investigación a quienes la Constitución asigna la responsabilidad del control de las armas.

 

Para silenciar a los medios de comunicación social, donde se ejercía el periodismo de lucha, de denuncia, de las voces humanas, en nuestro país se han venido registrando compras de medios impresos, audiovisuales y digitales por parte de testaferros y operadores financieros de la casta corrupta que gobierna.

Es parte del plan oficialista, financiado con el dinero de la corrupción producto del saqueo que ha sufrido el país, que ha venido estableciendo una hegemonía comunicacional para ejercer el control total de la información y de la opinión pública.

En medio de este ambiente de permanente censura y presiones, muchos periodistas venezolanos están actuando con valentía.  Ni las agresiones en la cobertura de informaciones, ni la coacción  por parte de personeros del gobierno han quebrantado su razón de vida: el periodismo.

Aunque Svetlana Alexievich desconozca la realidad venezolana, su Nobel de Literatura, por su trayectoria, por su valentía, a través de reportajes construidos por voces humanas, es un Nobel al periodismo, que también abarca la dignidad de los periodistas venezolanos.