Catorce orangutanes vuelven a su casa en Indonesia

Catorce orangutanes vuelven a su casa en Indonesia

Uno de los catorce orangutanes espera en una jaula a ser devuelto a Indonesia en un aeropuerto militar en Bangkok, Tailandia, el jueves 12 de noviembre de 2015.  (AP Foto/Sakchai Lalit)
Uno de los catorce orangutanes espera en una jaula a ser devuelto a Indonesia en un aeropuerto militar en Bangkok, Tailandia, el jueves 12 de noviembre de 2015. (AP Foto/Sakchai Lalit)

Catorce orangutanes que habían sido sacados de Indonesia de forma ilegal y que se cree trabajaron en atracciones turísticas en Tailandia fueron enviados el jueves de vuelta a casa.

Indonesia envió un avión C-130 de la Fuerza Aérea para trasladar a los simios, cada uno en una jaula de metal, en un vuelo de cinco horas de Bangkok a Yakarta, la capital indonesia.

La mayoría de los orangutanes fueron rescatados hace seis años en la isla turística de Phuket y fueron enviados a un santuario y centro de cría a las afueras de Bangkok, donde nacieron dos de los animales.





“Creemos que los llevaron de contrabando a Tailandia y los pusieron en zoológicos privados o atracciones turísticas en Phuket”, comentó Tuenjai Noochdumrong, director de la Oficina de Conservación de Fauna Salvaje en Tailandia.

Muchos zoológicos privados en Tailandia tienen espectáculos con animales, en los que los orangutanes practican kick boxing y otros actos.

Tailandia intenta librarse de su imagen como núcleo del mercado negro de fauna salvaje y ha lanzado operaciones contra los delincuentes.

En los últimos 10 años, Tailandia ha devuelto 52 orangutanes a Indonesia como parte de un programa para combatir el tráfico ilegal de animales y enviar ejemplares de vuelta a sus países de origen, dijo Tuenjai.

En Indonesia viven el 90 por ciento de los orangutanes salvajes que quedan, pero la mitad de su frondoso bosque húmedo se ha visto deforestado en el último medio siglo en la vorágine por cubrir la demanda mundial de madera, pulpa, papel y, más recientemente, aceite de palma.

Como resultado, la mayoría de los 60.000 ejemplares que quedan viven en bosques dispersos y en degradación, lo que les coloca en un contacto frecuente y a menudo mortal con los humanos. AP