José Luis Zambrano Padauy: El museo de los enfermos

ThumbnailJoseLuisZambranoPadauyComo ataviados a lo Sherlock Holmes –con sombrero ladeado, sobretodo a cuadros y una ampulosa lupa–, los aquejados por enfermedades apremiantes inician diariamente su agobiante peregrinar por boticas, farmacias, droguerías o cualquier establecimiento que proporcione el expendio de tan buscado y valorado medicamento.
La salud es una palabra que sucumbe ante la desgarrada necesidad del enfermo. Las medicinas son ahora un suculento triunfo a la deshonra y en obras ficticias del museo de las necesidades por la supervivencia. Su adquisición es una burla al amor propio; una búsqueda interminable que sobrepasa la agudeza mental.

La realidad prehistórica de nuestro país en materia de suministro pasa los linderos del entendimiento. Recientemente el presidente de la Federación Farmacéutica Venezolana, Freddy Ceballos, acuñó un comentario que sería un escándalo de proporciones inimaginables en otra nación, pero en Venezuela es sólo una cicatriz más en el deteriorado cuerpo de la patria, casi en estado de defunción.

El especialista señaló con desdén que el desabastecimiento de medicinas en las farmacias se ubica en 70 por ciento, sin que se vea una acción contundente del Ejecutivo para solucionar la situación. Nada sorpresivo por las tropelías vividas por los ciudadanos con padecimientos de importancia, sobre todo los ancianos, quienes deben consumir con regularidad sus programados medicamentos.

Habrá que apelar a barbitúricos caseros, infusiones o experimentos informales como alternativas curativas. Quizá la más recurrente sea utilizar como receta, no la otorgada por un médico tras visitarlo para resolver alguna dolencia como un malestar gripal, sino a la receta de la abuela para cocinar un buen caldo de pollo. Tal vez no sea sencilla esta posibilidad, pues tampoco se consigue esta ave de corral.
La realidad nacional pareciera un dantesco ritual por rebosar la paciencia al más calmado. Al traste con los enfermos de cáncer. En vilo los hipertensos. Quién les manda a enfermarse. Esta revolución no es para enfermos. Alrededor de dos millones de diabéticos en el país padecen de la inoperancia de un Gobierno que sólo le achaca sin mesura su incapacidad a una guerra económica germinada por él mismo y a supuestos factores externos; pero la realidad estriba en que este sistema político socialista se ha convertido en un fabricante de fantasmas que corroen las entrañas del humanismo.

Somos una nación de peregrinos en la búsqueda ansiada de productos. Consumimos sólo los alimentos conseguidos, mas no los requeridos, como animales en la desidia y soportando las caravanas en los supermercados. Tal vivencia diaria nos obliga a aumentar la ingesta de grasas saturadas y suministros pocos saludables, exigiendo la búsqueda paliativos en las mermadas farmacias.

Un viejo amigo recientemente me comentó alarmado su temor por la posible declaración de un cáncer de próstata, pues los medicamentos para su prevención no aparecen ni en la mente más suspicaz e imaginativa de algún personero de este gobierno. Ahora la población para subsanar sus dolencias, se dirige a un mercado alternativo de intercambio, ya sin importar si la medicina está o no vencida, como posiblemente se encuentra la permanencia del socialismo en nuestro hermoso país.

MgS. José Luis Zambrano Padauy
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