William Anseume: El difícil esfuerzo unitarista y los derrotados

 

 

La unidad

Tesonero y eficiente trabajo, nada grato a veces, ese de compaginar creencias y acciones entre las disimilitudes. Gran labor de años, de conjunciones entre las disidencias. Verdadera hechura democrática. Jesús “Chúo” Torrealba carga muy bien con los honores de ser el gestor de ese laborioso esfuerzo concretado, sin demeritar a sus antecesores. Finalmente resultó la receta, y de qué modo: óptimo.

Sin embargo, la unidad es frágil, como toda coalición, corre demasiados riesgos permanentes. El trabajo mayor vendrá ahora, cuando cada minúscula partícula desee destacar en procura de sus réditos políticos. Ya lo estamos observando en la manifestación, al día siguiente, de personeros partidistas con señalamientos excluyentes, dentro de la propia unidad. Fijémonos en las declaraciones del propio Capriles o en las de Ramón Muchacho. El aire de sobrado no cala ahora. Sobre todo porque el triunfo no es de ninguno en particular y ni siquiera de todos juntos solamente. Desglosemos.

El Partido Socialista Unido de Venezuela continúa siendo la mayor fuerza político-partidista, hoy. Disminuido, desalentado, apaleado, mantiene su fortaleza. Ninguna otra organización rebasa su posición en votos, en aceptación. Esto es comprensible. No lo dilucidaré aquí. La MUD seleccionó los candidatos que pudieran resultar más atractivos para los votantes en sus zonas, los más idóneos para resultar ganadores, por trayectoria, nombre, simbolismo o lo que fuere. Así, la coalición resultó perfecta: todos por ése. Como ocurrió, sin distingos partidarios: azul, abajo y a la izquierda con la manito. Punto. Ahora hablan de mapas, de fortalezas entre sus votantes y del engrasamiento de sus maquinarias. Algo de eso hay, pero minúsculo. La gente salió a votar por muy diversas razones, la mayor parte de ellas ajena a maquinaria política. ¿Votó a favor del cambio? Sí. ¿A favor de la unidad? También. Todo lo demás, como interpretación es un enredo lisonjero para el orgullo y fortalecimiento de los otros partidos, pero cuidado como la madeja los envuelve, en creencias superfluas y malas interpretaciones. La unidad ganó;  por lo pronto, más nadie. Todo lo demás habría que trabajarlo, de nuevo, con tesón. La ruptura de ese esfuerzo unitarista por pasiones políticas derivadas de malas interpretaciones y esquilmando lo que pudiera haber puesto el otro, sería erróneo y lesivo, profundamente lesivo a la indispensable necesidad de mantener la unidad, vidrio flojo. Con soberbias revanchistas internas, la unidad se resquebrajará, y, de cierto, es lo único sólido que tenemos de este lado. Luego se decantará como sea; ahora es eso lo que hay. La necesidad es ahondar el unitarismo, para evitar cualquier resurgimiento contrario.

Los derrotados

La abstención luce como la primera derrotada en una elección como ésta. La alegre participación de la gente a pesar de las amenazas permanentes de violencia y las diversas triquiñuelas que más bien favorecieron el voto hacia la unidad; el alto porcentaje de electores movidos, superior al 70 %, hablan del hartazgo de la gente para con el gobierno y de su accionar desconocedor de las mínimas razones vitales para su sostenimiento en el poder, cosa que ya luce absurda. Se produjo un voto venganza, escarmiento.

Salen del ruedo, por falta de votos, figuras muy emblemáticas del chavismo-madurismo. Las derrotas de Ernesto Villegas, Freddy Bernal, Jesús Faría, Jacqueline Faría, Maripili Hernández, Andreína Tarazón, Argenis Chávez, William Ojeda, Blanca Eekhout, el Potro Álvarez, Rafael Uzcategui y la esposa del Gobernador de Vargas, el “General del Pueblo”, María Carneiro, por ejemplo, dice mucho del rechazo. Los demás, si se ve bien, fueron favorecidos por las listas, si no, pues  no quedan. Así resultan diputados, porque no quedaba otra: Earle Herrera, Cristóbal Jiménez, Saúl Ortega, la primera combatiente, Cilia Flores y Haiman El Troudi. De las figuras más emblemáticas del chavismo, sólo Elías Jaua, a punta de billete, en procura de competir con el gobernador de Miranda, resultó  electo  por votos directos. El voto castigo fue duro, durísimo contra un gobierno alejado de la gente y hasta de su gente.

La Mesa de la Unidad Democrática debe valorar con suficiencia estos factores de las debilidades que pueden transformarse en rudas fortalezas, como vimos el 6D, de las coaliciones, de su propia fragilidad, y así mismo, no distanciado de aquello, el voto venganza que se produjo este 6 de diciembre. Analizar y proseguir para sostener el camino de la victoria fabulosa que se orquestó en procura del cambio, de un país mejor, como el que queremos y podemos lograr.

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