Manuel Malaver: La implosión del castrochavismo fue la clave en la victoria del 6D

thumbnailmanuelmalaverFue una sorpresa, tanto para nacionales, como extranjeros, y tan conmocional, que no dudo marcará la historia venezolana y latinoamericana por esta e innúmeras generaciones.

Pero lo que nadie había pronosticado (ni soñado) había sucedido, estaba sucediendo y no paraba de suceder: la oposición venezolana había derrotado aplastantemente al castrochavismo en unas cruciales elecciones parlamentarias y, lo que era más desconcertante, intrigante, las autoridades electorales, ejecutivas y legislativas de la dictadura estaban reconociendo su colapso, su final y retirándose en una fuga tan atropellada, como como incierta.

En paz, sin disparar un tiro, por la fuerza del poder de los votos, de los tanques de la democracia, por la consagración del principio de filosofía política de que, si se persevera en la “no violencia”, (ahimsa, de Gandhi) en la “debilidad” de los más (el Tao, de Lao Tse) y la “desobediencia civil” de Henry Thoreau y Martín Luther King, se terminará triunfando.

Que recuerde, solo Yoani Sánchez escribió una vez (cito de memoria): “Felices ustedes los venezolanos que, a pesar de los pesares, pueden decir de vez en cuando, cuánto y cuántos rechazan el comunismo”

Palabras de iluminada, porque en lo que se refiere a politólogos, analistas, historiadores, comunicadores, sociólogos y antropólogos las dudas persistían: “Si, pero no siempre, si Hitler y no Churchill hubiera sido el primer ministro de Inglaterra, no hay Gandhi”, y “Si Pinochet hubiera sido de izquierda y no de derecha, no hay concertación chilena”, y “acuérdense de Chávez: revolución no sale con votos” y etc, etc, etc.

Hubo excepciones, y estaban en Venezuela, políticos, analistas. comunicadores y de todos los “ólogos”, citarlos sería nunca acabar y quizá pecar contra la humildad que siempre recomienda “no ufanarse”.

Pero quiero saludar a los académicos, los mánagers, los maestros: Germán Carrera Damas, Elías Pino Iturrieta y Ángel Lombardi.

Y al pueblo, que estaba gritando la noche del 6D que “el milagro” había sucedido y no por una manifestación de un millón de personas derivada, desgraciadamente, en lamentable e inútil violencia, sino de 7.707.422 votos (16 por ciento del total de votantes: 13.306.449) que nos dieron mayoría absoluta en la Asamblea Nacional y auditados, contados y reconocidos “por el mejor sistema electoral del mundo”, el de la dictadura. ¿Qué tal?

Si se me permite alguna asociación –que no símil, por razones obvias- con la noche “del milagro”, traería al texto el recuerdo de otra, la del 9 de noviembre de 1989, cuando los berlineses comenzaron a derrumbar el Muro de Berlín, y el mundo suspendió la respiración esperando, o la unión de los dos Berlín o la aparición del Ejército Soviético, -el más poderoso sobre la tierra-, para romper, cortar y bombardear el sueño.

En una y otra situación –me acuerdo- que la carga emocional se centraba, tanto en los instantes que tejían acontecimientos que horas antes se creían imposibles, como en una reacción que, sí se daba por segura, por inevitable, la del Ejército Rojo -el “glorioso Ejército Rojo”-, para arrollar a los alzados… pero los hechos seguían, abrían cauce, ya eran un río, se desbordaban y el “!VIVA!” que siempre saluda el alumbramiento de los grandes poemas humanos.

Es fácil contarlo, pero los versos no resultaron tan fáciles, porque siguieron meses, casi un año, de forcejeos, caen no caen, reaccionan o no reaccionan, hasta un golpe de Estado regresivo hubo en Moscú, el de un general Guenadi Yenayev, fracasado, pero que pudo permanecer meses, años, sin cambiar nada, porque la verdad había sido dicha: los pueblos, el pueblo, rechazan el comunismo, porque es una utopía contraria a la naturaleza humana.

Igual, seguirán forcejeos en Venezuela, quizá un autogolpe, o asunción de la dictadura pura y simple, pero sin cambiar una verdad inconmovible: el pueblo venezolano es democrático, ama la libertad, y mientras exista -que será eternamente-, luchará contra las dictaduras.

Pero las preguntas, las interrogantes, las dudas, las certezas, vienen a las horas, no bien cae el muro o se cuentan los votos, -sobre todo para mi, que no soy historiador, ni filósofo, ni sociólogo, sino periodista, que es como decir, “excavador de la realidad”- y repican por días, semanas, meses y siempre versan sobre una perplejidad: ¿Y los fuertes, y los poderosos, y los violentos, y los duros… dónde estaban? ¿No y qué…estaban acuartelados, prestos al ataque, en zafarrancho de combate, en los tanques, los aviones, las patrullas,…listos para rodar y volar y destruir lo que encontraran a su paso? ¿Y el presidente aquel, el de los discursos, el de las arengas, el que decía “seré el primer soldado”?… ¿Y el general, el que siempre aparecía a su lado, con una sonrisa helada y como diciendo: “Comandante en Jefe…!ordene!”

¿Y aquel otro miedo, los agentes de un supuesto ejército invasor, G-2 llamado, armados hasta los dientes, que saltarían, conjuntamente con los “Colectivos” (sedientos de sangre), como picados de culebra, a pulverizar todo desafío al poder establecido, a la nomenclatura, al dictador?

Por noches, madrugadas enteras, hasta en el poco sueño, tal vez en pesadillas, en la vigilia, las preguntas, los signos, el suspenso, y un día, una mañana, una tarde, una noche, la palabra mágica: IMPLOSIÓN.

Si, eso fue: IMPLOSIONARON. Como en la Unión Soviética, la Europa del Este, Polonia, Rumanía, Etiopia, el Perú de los años finales de Velazco Alvarado y después Fujimori, la dictadura de Galtieri, en Argentina. IMPLOSIONARON.

Y lo que sucedió fue que, las estructuras se fueron erosionando, carcomiendo, despedazando, sin que lo pensaran, lo sintieran, lo percibieran y un día les cayeron encima. El Síndrome del Comején.

Brevemente: recuerdo que la palabra, o idea, o pensamiento, nació al año de la caída del comunismo soviético, como una clave para entender lo ininteligible, y corrió con suerte, porque es una fórmula feliz.

Pero indescifrable, impredecible, indetectable, hasta que ocurre, hasta que aplasta al poder. Y la disparidad (se me ocurre) adviene porque los discursos incendiarios de los iluminati, de los redentoristas, de los salvadores, logran soslayar, esconder, simular la caída, el desplome de los escenarios, pilares, techos, pisos, muros entre los que dicen sus discursos.

Me acuerdo que, no una, sino muchas veces, caminando por Caracas, o ciudades del interior, de día, de noche, viendo las enormes colas de los desesperados tratando de comprar comida, medicinas, y de los soldados empujándoles con los fusiles en ristre, la palabra venía, se iba, volvía a venir: IMPLOSIÓN.

¡Pero qué cosa!: ocurre en las horas pico, cuando el tráfico luce más lento y congestionado, y se apagan los semáforos, y las luces del entorno, y las de más allá, y las de los cerros cercanos, y las de la lejanía: la tiniebla total.

Y no aparecen Padrino López, ni el otro general, el de la Guardia, ni el de la Guardia del Pueblo, ni el de la Policía Metropolitana, ni el de las milicias, ni el G-2, ni el de los Colectivos, ni Valentín Santana, y ni siquiera El Picure.

¡Qué desesperación! ¿verdad Maduro?

Raúl tampoco le agarra el teléfono, y de Fidel le dicen que llevan tres días durmiendo corrido (cosas de la edad) y del otro amigo, Timochenko le cuentan que lleva una semana rumbeando por la rumbosa Habana. Razón tenía Chávez: “Con guerrilleros ni a misa, porque se roban el sagrario”.

Y entonces, lo que queda es seguir la rutina, los ritos, el protocolo que le presentan esta señora Tibisay Lucena, presidenta del CNE (la de “las periodistas y los periodistos”) y otras viejas, anunciando que ha perdido las elecciones por paliza, por una avalancha de casi tres millones de votos, que han ganado Henry Ramos, Julio Borges, Leopoldo López, Antonio Ledezma, Rosales, María Corina, y dos señoras de las cuales no había oído hablar hasta hace un año y le han aplicado un “tente allá” que lo marcará de por vida: Mitzy de Ledezma y Lilian Tintori.

Son las 12 de la noche del entre 6 y 7 de diciembre del 2015, se ven luciérnagas en los cerrillos que rodean a Miraflores y alguien, -una voz de mujer, parece- le dice que haga algo. Despierta como de un sopor y farfulla: “¿Para qué?” ”Coño vale”-si, es una voz de mujer- para decir que existes, que no estás hundido, que no nos jodieron ¿o nos vamos a dejar joder?”. “Ok. No nos vamos a dejar joder. ¿Pero que digo?” “Coño, di lo que dijo Chávez la noche de la derrota electoral de diciembre del 2007”. “¿Qué dijo? Yo no me acuerdo de esa vaina. Yo lo que tengo es un ratón moral (resaca, chuchaque) de mierda y me quiero ir a dormir” “Yo tampoco me acuerdo, pero déjame llamar a Earle Herrera, a Luis Brito o a Hernández Montoya, los Rangel (Eleazar y José Vicente), nuestros intelectuales. Prepárate que los llamo, monto el set y empezamos” “Okey, te espero”. “Coño, Nicolás, nadie responde, todo el mundo tiene apagados los celulares, es como si se les hubiera tragado la tierra o ¿ya se habrán exilado?” “Seguro, y en la embajada de los Estados Unidos. A esta revolución lo que la mató fueron los mayameros”

Cinco días han pasado desde aquella noche y Maduro lleva un promedio de tres discursos por día, siempre para decir lo mismo: que el pueblo lo traicionó, que son unos mal agradecidos, que tantas casas que ha construido para los pobres y le pagan con la traición, que no habrán más viviendas, pero no porqué no tenga real, sino porque ¿para qué?, que a veces le dan ganas de coger un morral y un fúsil e irse a la montaña, pero que es preferible tener un nuevo 4 de febrero y un nuevo 13 de abril para promover el renacimiento de la revolución, aunque, lo mejor sería gobernar desde el “Cuartel de la Montaña”, donde está el sepulcro del Comandante Eterno, Chávez y no apartarse de una sola de sus enseñanzas, de sus versículos.

Y no habla en broma, porque la consigna es “castigar a los pobres”, acosarlos con el hambre y la falta de medicinas, por haber traicionado a la revolución, no haber seguido el credo de Chávez, Fidel. Marx, Lenin, Stalin, Mao por seguir a un negro, al maldito negro Obama.

En otras palabras que, una suerte de “Estado Islámico” puede estar naciendo en Venezuela, una suerte de ultrafanáticos de “El Capital” que no del Islam, para testificar otra verdad revelada, pero fracasada. por contravenir la “Santa Naturaleza Humana”.