Rafael Valera: La moneda del estafador

thumbnailrafaelvalera1Readaptando aquella cita sobre los caminos de Roma: todos los caminos socialistas llevan al totalitarismo. Evadiendo cualquier posible vínculo «hayekiano», ese “sello” es necesario para empezar a desmontar a través de estas palabras la cultura rentista que se ha servido como plato constante en los menús del país por décadas, volviendo al ciudadano un apéndice del Estado que es extirpado a la larga.

Para lograrlo es imprescindible estudiarle a nivel axiológico –más allá de lo teórico en la Política, que tampoco dejaremos por fuera–, y distinguir las fuentes que usaremos en este ensayo es sumamente sencillo teniendo un «cártel» de partidos con una notable soltura en la mano Izquierda.

Sin ánimos de traer a conversación el tema del 6-D es preciso esclarecer el hecho de la complicación –y el desacierto– que implicaría una vuelta a la socialdemocracia y una automática puntada hacia el progresismo, sabiendo que gracias a esto (conocido como el “puntofijismo”, ya casi un famélico fantasma) irrumpió el comunismo en 1999.
Son plenamente conocidos los resultados inhumanos del comunismo, como el empobrecimiento generalizado para facilitar un dominio holgado sobre la población, una extrema usurpación de los poderes públicos que supone un efecto dominó para derrumbar los Estados-nación, el desmantelamiento de proyectos políticos alternos… Un cuadro de sumisión total ante un único pensamiento.

El comunismo aspira al totalitarismo por naturaleza, toda la sed de control masivo por parte del Estado pretende ser saciada a través de sus métodos. En Venezuela, vivimos en una dictadura criminal con un disfraz comunista cuyas aspiraciones involucran la absolutización de todas las esferas (política, económica, cultural…) a favor del PSUV, ergo, a favor de los delincuentes que pertenecen a sus filas y detentan altos cargos públicos –quienes se encargan de la instrumentación de los Poderes a su conveniencia–.

Pero miremos más allá de lo que muestra a simple vista esta pintura, el modo en el que todo esto afecta a las personas hasta el punto de traicionar sus principios y atentar contra su dignidad. Esto se presenta como una espiral donde el mismo individuo se autodestruye al subsumirse en una gama de valores que le infectan por su misma presencia en el quehacer diario.

El “canibalismo” social producido por el desenfrenado materialismo es gracias al excesivo intervencionismo estatal, el fetiche de manipular a las masas se concreta gracias a ese rasgo psicológico-cultural de dependencia del papá-Estado, la pauperización moral, la erosión total de la Voluntad se ha anunciado con las prebendas provenientes del (¡oh, sorpresa!) Estado sobredimensionado –característico en todos los gobiernos con influencia de la Izquierda.
Hagamos un poco de memoria… La Historia nos ha regalado –sin devoluciones– la época del bipartidismo, el nacimiento de la cultura clientelar que hasta hoy se hace sentir fuertemente. Esta época en la política estaba comandada por partidos socialdemócratas y socialcristianos, quienes tendían la mano benevolente de los subsidios (más bien manutención) multifuncionales.

Su proyecto incluía una constante intervención, que con el tiempo resultaría en un Estado desgastado, políticos con bolsillos llenos –no precisamente de proyectos– y aplicando el «Bellum omnium contra omnes» (de nuevo el canibalismo, o en palabras de adecos “cainismo”), y una rotunda crisis económica.

Nuestra Historia nos ratifica, entonces, que la socialdemocracia fue el prefacio del totalitarismo en potencia que vivimos hoy. Y esto ocurre por razones bien concretas:
Los socialdemócratas creen que el déficit económico es “normal”, confían con soberbia su (in)capacidad de ser administradores eficaces de la infinita información del mercado, en su regulación creciente, en la igualación imposible de los individuos, y todo esto a través de una intervención del Estado que va aumentando.
Todos estos factores generan en la sociedad un inevitable letargo, procrastinación y sentimiento de dependencia que son enemigos fervientes del esfuerzo auténtico y de la Voluntad: ambos motores del entramado societal.

En Venezuela los partidos progresistas cuya filosofía responde a la “aceptación de todo con la condición de nada”, los partidos socialdemócratas (primos-hermanos de los progres), unos papás del “Comunismo del Nuevo Siglo” y otros abortos, son la mayoría en nuestro Parlamento (que de altura no tiene nada, por cierto). Ellos concretarán instrumentalmente dos funciones ahora que son “gobierno”, una será la prolongación de este sistema –con uno que otro retoque cosmético– y el otro, la protección de éste: con la continuidad de regulaciones existentes, de subsidios (las misiones, las comunas, etc.), con la poca relevancia que dan a la permanencia de Maduro y compañía en el Poder, y muchos otros factores más.

El país no se ha quitado el velo rojo, el Socialismo sigue ganando y la moneda del estafador sigue cobrándoles a sus víctimas. Éste juego arreglado seguirá vigente en tanto la MUD se le siga permitiendo llamarse “alternativa” cuando en realidad es la “otra cara”.