Robert Gilles Redondo: Desagravio a la ex República

thumbnailcolaboradores-190x1301Los acostumbrados aquelarres del oficialismo donde se realizan exaltaciones solemnes a La memoria del supuesto ser más grande nacido en tierra venezolana, a quien se le han endosado además no sé ya cuántos títulos que procuran divinizarlo y para lo cual se agota rápidamente el caudaloso Diccionario de la Real Academia, se realizan esta vez pocos días después del inicio del nuevo período constitucional de la Asamblea Nacional, recuperada y controlada por mayoría de 2/3 por las fuerzas democráticas que se aliaron en torno a la Mesa de la Unidad.

Estos aquelarres tan pobres, tan mediocres y en demasía insolentes, son habituales desde que se anunció públicamente la muerte del expresidente Hugo Chávez Frías, el destructor, en 2013. Sin embargo, la realización de estos desagravios, tras la expulsión de su imagen gráfica de la sede del Palacio Federal Legislativo, así como también la expulsión de la aberración histórica del retrato de Simón Bolívar elaborado tras la exhumación de sus restos, son muy curiosos por la vehemencia de maduro y su consecuente ministro de defensa, el señor Vladimir Padrino. Y no es que estos dos personajes nunca han sido así, siempre lo han sido. De ahí que critiqué abiertamente la postura de elogio que algunas personas tuvieron hacia el general en jefe tras las elecciones del 6 de diciembre pues sigo convencido que la importancia no era tanto el respeto a los resultados electorales de ése día sino la preservación de la voluntad popular tras la instalación de la nueva Asamblea. Del ministro de la defensa no he esperado nada, absolutamente nada. Lo que sí he esperado es lo rutinario, verlo con posiciones ambiguas en determinadas coyunturas y, cuando apenas puede, su posición política y su militancia activa en las llamadas “fuerzas revolucionarias”.

Pero, aunque puede ser habitual el discurso político del ministro de la defensa en favor de la memoria del difunto comandante, su mensaje desde el Cuartel de la Montaña que fue en tono de desagravio tiene, a su vez dos mensajes llamativos: la demostración (no sé por qué) de una supuesta unidad militar y de una supuesta lealtad irrestricta al gobierno ilegitimo de maduro, pese a la tragedia que vive Venezuela, la exrepública. Tal unidad militar no existe ni en teoría ni en práctica. Y la supuesta lealtad es sólo el recurso final del “tenemos que salvarnos todos o nos hundimos”, hundimiento que lógicamente significa prisión los que están investigados por lavado de dinero, tráfico de drogas y el desfalco del erario público.

Creo que la hora histórica que vive Venezuela nos desafía a desagraviarla del verdadero oprobio que esta gente significa con el apoyo irrestricto a las acciones de la nueva Asamblea Nacional y de su presidente Henry Ramos Allup.

Ha sido y es un insulto al país la realización de estos actos desagravios ellos que han sido los agraviadores y proxenetas de la memoria de Bolívar y de la República. Es un insulto porque mientras el supuesto Jefe de Estado dedica horas interminables a vilipendiar a la Asamblea Nacional, intentando calibrar un “monagazo” con su llamado a la rebelión contra el parlamento, el país sigue hundiéndose en dirección a la peor catástrofe económica, social y humanitaria que haya visto la región latinoamericana. Es un insulto también porque no puede ser una imposición el culto a la figura de Hugo Chávez que fue el actor principal de la destrucción de Venezuela, el que desmanteló la república para disfrazar con una supuesta democracia su revolución totalitaria de naturaleza comunista.

¿Quién desagravia las casi trescientas mil víctimas de la violencia? ¿Quién desagravia a las miles de mujeres que pasan la mayoría de sus días en colas para comprar el poco alimento que queda? ¿Quién desagravia a las Fuerzas Armadas del ultraje permanente al que es sometido por la “revolución? ¿Quién desagravia a los presos políticos, a los exiliados? ¿Quién desagravia los 43 muertos de las protestas de 2014 que son responsabilidad del régimen por incentivar sus grupos paramilitares, permitir el exceso de los organismos de seguridad y por ilegalizar la protesta? ¿Quién desagravia los casi dos millones de venezolanos que se han ido porque no tienen más futuro en su país? ¿Quién desagravia a los venezolanos de los insultos del supuesto Presidente? ¿Quién desagravia a los venezolanos de los atropellos criminales de Diosdado Cabello? ¿Quién desagravia el nombre de Venezuela que ha sido herido por los escándalos del tráfico de drogas que desde todos los niveles del estado se hacen y coordinan, incluso dentro de la “familia presidencial? ¿Quién nos va a desagraviar por este destino al que fuimos sometidos pero que no merecíamos?

En fin, ¿Quién va a desagraviar a la República de Venezuela?

Ojalá Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y el señor Padrino López terminen de enterarse que el pueblo venezolano ha decidido ser libre y lo será, como sea, cuando menos lo crean y sin ningún tipo de vacilaciones. ¿Por qué? Porque estamos hartos de esto que se llama “revolución”.