Franklin Piccone Sanabria: ¿Cuál es la posición correcta frente al decreto de emergencia económica?

thumbnailcolaboradores-190x1301Los diputados de la MUD deberían admitir el decreto (que al ser aprobado por las tres quintas partes de la Asamblea (Art. 203 de CBV) le otorga rango y fuerza de Ley, porque es un decreto que si bien es atribución del presidente, está siendo consultado y ratificado por el órgano legislador). Al menos así lo pienso como licenciado en Letras y no en Derecho.

Esta exhortación de aceptación por parte de la bancada de oposición (con todas las críticas, sugerencias y recomendaciones que tengan a bien formular), revestiría un mensaje positivo para al país. Entre otras razones, porque echa por tierra la idea del papel de sabotaje que se le quiere atribuir a la presencia de la oposición en el parlamento. Además le ahorra la excusa al gobierno de culpabilizar su desacierto en materia económica a la oposición. Por el contrario, esta ratificación pone el acento en el principal problema que los electores manifestaron en las elecciones: la escasez de alimento. Con este aval cumple con la voluntad de los ciudadanos expresada en el mes de diciembre, que no es otra que, la de recuperar el aparato productivo del país y normalizar (o sanar en la medida de lo posible) la maltrecha economía de la nación.

El debate nacional hoy está determinado por los vaivenes de la economía y los dos únicos participantes en él, quienes han secuestrado la escena política, son la oposición y el oficialismo. Visto así, es una discusión reducida o empobrecida en sus perspectivas. En esta controversia debe estar todo el país: sus universidades, sus ciudadanos y sobre todo, los factores políticos que no se alinean en estos dos polos, con el objeto de ampliar las expectativas y los resultados. La referencia política alternativa a la polarización no debe aparecer solo en elecciones, tiene la responsabilidad de estar presente en el centro de la discusión nacional. Del mismo modo, se echa de menos que las mentes más lúcidas de la ciudadanía, por estar fuera del centro o espectro político, no opinen o se silencien por voces menos capaces.

Se espera, sin embargo, sindéresis y sensatez de los actores. No es momento para el cálculo pequeño o la sobreactuación que se aplaude puertas adentro, mientras una población se quiebra en las calles por productos de primera calidad.