Armando Martini Pietri: La carne de la República y sus zamuros vigilantes

ThumbnailArmandoMartiniPietriAgo2015La democracia es como un buen padre, que tiene buenos hijos pero también, a pesar de sus esfuerzos, alguno de ellos se corrompe, se convierte en cínico y amoral dispuesto a romper las sanas normas de convivencia que rigen la vida del padre y de la familia, en busca de ventajas personales. No es extraño, en la vida diaria, comprobar que muchos ladrones, asesinos, narcotraficantes y políticos corrompidos proceden de familias normales.

En política -en democracia, porque en dictadura suele ser al revés-, justamente porque el principio básico son la honestidad y la garantía de los derechos de todos, pasa lo mismo. Un partido político, aún más en una alianza de partidos que pactan esfuerzos para conseguir votos, y en estructuras de acción –los poderes públicos, pongamos por caso- suele suceder que un grupo lleno de mujeres y hombres honrados, con principios y valores éticos que sinceramente defienden una ideología y objetivos de beneficios para los ciudadanos, se ven contaminados, viciados y a veces incluso condicionados, por la presencia activa –y en consecuencia complicidad- de militantes con tradiciones e intereses poco respetables e indignos en cargos de alto nivel.

Dirigentes que, por su misma historia personal y de activismo político están plagados de trampas, engaños, estafas y delitos que muchas personas conocen, que han perjudicado a cientos de miles de ciudadanos, a individuos y a buenas familias cuya tranquilidad, decoro, honor y hasta sus bolsillos, han sido gravemente perjudicados por estos especímenes de bajos instintos y sentimientos despreciables.

Pero esos políticos pervertidos no ocupan posiciones en los partidos sólo porque así lo quieren, no podrían recibir un carnet partidista y libertad de acción con respaldo de la organización sin la autorización expresa de –algunos- líderes del partido. Casi nunca se trata de individuos que comenzaron desde abajo en la organización política, aunque sucede, sino que suelen venir de otras organizaciones cuyas posibilidades y ventajas esos deshonestos agotaron, chuparon toda la sangre y luego se fueron a saciar su hambre corrompida a otras organizaciones.

El argumento habitual es el compromiso de agregar grandes caudales de votos al partido-víctima, y suelen ser bastante convincentes, capaces de engañar incluso a políticos que conocen lo que ha estado detrás de esas trayectorias ennegrecidas y delictuales. Es que un partido, especialmente los mayores y más experimentados -porque esta clase de desfachatados no pierden su tiempo en agrupaciones que no tengan fuerza suficiente para servirles tanto de trampolín como de protección, además para limpiar sus caminos y quedar impunes de sus delitos- cuando privilegia criterios electorales por encima de los ideológicos.

Las circunstancias del país en los últimos años han beneficiado a esta clase de sujetos bochornosos, podridos, que depravan, porque sus partidos buscaron prioritariamente el voto y no por candidatos específicos; miles de electores, hartos de la crisis, las fallas y mentiras, votaron sin pensar siquiera en quién era el candidato que podría resultar electo diputado por su circuito electoral –incluso muchos ni siquiera conocían la clasificación de su propio circuito-, lo cual, claro, no disculpa a los partidos integrantes ni a sus dirigentes, porque hasta dónde se sabe ninguno de esos dirigentes hizo reclamo alguno ni alzó su voz de alarma.

Eso también llevó a la ubicación de políticos degradantes en circuitos ganadores, y que electores votaran al mismo tiempo por los dos sujetos impresentables que, juntos, acudieron el 13 de julio de 2006 a la Fiscalía General de la República a pedir prisión para María Corina Machado y otros miembros de Súmate por el calumnioso delito de traición a la Patria, ¿es que ya nadie se acuerda de eso? ¿Y cómo obviar el hecho de que la Corte Penal Internacional de la Haya mantiene una investigación a uno de ellos? o ¿es que los enemigos y calumniadores son recibidos con los brazos abiertos, hacen borrón y cuenta nueva de pasados sucios y asquerosos? ¿O será quizás que justamente esos pasados vergonzosos se convierten en garantía de eficiencia para los mandos políticos?

Preguntamos porque esos dos –con un tercero de similar trayectoria- que pidieron hace años a la Fiscalía procesar y hasta encarcelar a María Corina Machado, ahora con el parlamento de Acción Democrática, Primero Justicia, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo y otros partidos que han hecho de la renovación del país su principal bandera y su gran compromiso, son responsables de la vigilancia y control de los dineros públicos en la Asamblea Nacional que, sumados en la misma tarea al otro veterano del descaro y la inmoralidad, constituyen una especie de trío de mosqueteros del apocalipsis venezolano. Uno de ellos fue dirigente de vara alta en el oficialismo desde los inicios del chavismo hasta que, cuestionado, saltó la talanquera y de la noche a la mañana pasó de voraz revolucionario que calificaba de “indevolvible” la revolución, a paladín de la justicia, un civil que, con los otros dos ex militares y militantes oficialistas que tienen mucho que explicar, uno conocido por sus refinados, costosos y dispendiosos gustos y placeres. El otro, ni siquiera puede viajar fuera de Venezuela porque las autoridades estadounidenses están listas para encarcelarlo y llevarlo a un duro juicio con condena larga.

Y esto no sólo por la bochornosa acción de esos dos individuos contra la gran dirigente venezolana, cuyos mejores argumentos son su trayectoria, su esfuerzo, su notable preparación y su extraordinario coraje, y por el tenebroso -¿acaso debemos adjetivar “presunto”, ya que no somos jueces?- mundo de estos mosqueteros de la bajeza política, sino porque no hay justificación posible para que individuos con tan alarmantes, pavorosas e indignas trayectorias sean seleccionados para responsabilidades legislativas de control que exigen historias de vida absolutamente limpias –para no señalar que por esas mismos caminos de vida deplorables ni siquiera deberían estar en la Asamblea Nacional, si vamos a tomar en cuenta los alardes de sobriedad, decencia, honestidad y pulcritud en los cuales insisten los directivos de la oposición, del oficialismo y el propio Presidente Nicolás Maduro.

Que algún partido opositor o chavista de importancia tenga y haya tenido proliferación de este tipo de individuos delictuosos, no significa que, atosigado por la mayoría opositora dispuesta a actuar, no vaya a aprovechar las blanduras morales de tales sujetos, o a tratar de debilitar la fuerza de la oposición denunciándolos por lo que han sido, lo que son y siguen siendo.

Es un juego en el cual el oficialismo es maestro y sabe bien que, como mínimo, puede ser un jugoso motivo de distracción para los ciudadanos que esperan acciones concretas y soluciones de los nuevos diputados, como muy posiblemente sepa el primer responsable opositor en la contraloría de los reales del país, el muy movido pero también joven y poco experimentado Freddy Guevara.

El oficialismo, encabezado por el Presidente Nicolás Maduro, ha venido desarrollando una activa y hasta ahora aparentemente eficiente estrategia de sublimar su propia actuación –la revolución, el cacareado empeño en ayudar al pueblo, el socialismo que ha fracasado en el mundo entero pero, dicen ellos, triunfará en Venezuela- y por contraste minimizar cualquier iniciativa opositora. No es una cuestión sólo del muy comentado “enfrentamiento de poderes”, sino el ejercicio del poder por encima de normas, leyes y la propia Constitución. En esa estrategia, dependiendo de cuál sea la fuerza que cada una de las partes muestre, esos viciosos engranados podrían ser de utilidad para el Gobierno, denunciándolos, chantajeándolos, utilizándolos o, dadas sus trayectorias, comprando sus decisiones y actuaciones.

Es el caso que en la Asamblea Nacional se nombran presidentes y vicepresidentes de las comisiones que realizan el trabajo para someterlo a consideración de la plenaria. Todas las comisiones son importantes pero algunas mas por los temas que tratan y revisten mayor interés público general, como son la de Contraloría por nombrar alguna, o como la de Defensa, Interior, exterior, y quienes las integren deben ser diputadas y diputados honorables, de reconocida trayectoria por encima de toda sospecha, que inspiren confianza, con principios y valores éticos-morales además de representar las buenas costumbres ciudadanas. Porque en esas comisiones parlamentarias trascendentales es donde hay más oportunidades de medrar y de negociar provechos personales.

Lo malo es que, la dirigencia opositora ha caído en una trampa cazabobos al incluir alguno que otro que están definidas en el dicho popular: “zamuro cuidando carne”.

@ArmandoMartini