Gustavo Coronel: Un motor que se apagó (Testimonio de un motor imaginario)

thumbnailgustavocoronelComo empresario que soy he sido nombrado por el presidente Nicolás Maduro Moros miembro del nuevo Consejo Nacional de Economía Productiva, el cual incluye gobernadores, ministros y uno que otro  miembro del sector privado, como yo, quienes representamos los nueve motores que el presidente ha identificado de manera tan precisa. Yo represento el motor más importante. Cuando llegué al sitio de la primera reunión escuché los susurros de los demás: “Ese es el motor principal…”.

Nos sentaron en un grupo que parecía, más bien, el de los nazis enjuiciados en Nuremberg. Al juramentarnos, el presidente habló de los nueve motores para salir de esta grave crisis. Él no nos ha dicho todavía como estos motores van a funcionar, cuál es nuestra misión, si tenemos alguna autoridad, como nos relacionamos con el Gabinete, con el Parlamento Comunal, con el Consejo de Gobierno, con la nueva Asamblea Nacional, con el Congreso de la Patria o el Grupo de los 77. Este nuevo Consejo está dirigido por Aristóbulo pero, como él acaba de ser nombrado vicepresidente y no puede haber sido parte de la formulación de la estrategia que llevó a la creación de este Consejo,  debe estar tan perdido como yo.

Sin embargo, el buen político que es Aristóbulo no le da a entender a nadie que está perdido. El habló y dijo: “Este Consejo tiene una gran responsabilidad histórica, la de enderezar el autobús del estado, aunando esfuerzos con nuestro gran conductor, Nicolás Maduro Moros. Esta herramienta que inauguramos hoy será la punta de lanza en la batalla en contra del empresariado y de las fuerzas del imperialismo económico”. Y me vio y se sonrió.

Después del discurso de instalación a cargo de Aristóbulo hubo un silencio general. Todos nos veíamos las caras.

¿Y ahora, que hacemos?, era la pregunta que se leía en todas ellas, compartiendo una gran perplejidad. El Ministro que tenía a mi lado me preguntó: ¿“Como va ser la cosa”?, algo que yo estaba a punto de preguntarle a él. Este es un joven seleccionado para el recién creado Ministerio Popular de la  Cebolla, Ají y Tomate. Minpopucebato. Le pregunté de donde venía y me dijo que era de Siquisique, donde había estado a cargo del Grupo Revolucionario “Tamunangue y Zamora, pá los que salgan”.

En vista de que el silencio persistía, me paré de mi asiento y comencé a hablarle al grupo. Pensé que si no había idea de cómo proceder, podía tomar la iniciativa. Soy de los que siempre doy un paso hacia adelante.

“Lo primero que debemos hacer”, dije, “es definir el objetivo principal de este grupo. Creo que todos estamos de acuerdo en que ese objetivo debe ser echar a andar la economía venezolana, la cual está en total colapso. Represento aquí al único motor que funciona, aunque muy mal. Por ello, pienso que lo primero que debemos recomendar es un cambio radical en la conducción de la empresa principal de los venezolanos.  Esta empresa se ha llenado de empleados, involucrada en actividades que no se corresponden con su negocio medular y se ha endeudado demasiado. Es preciso sanear esta empresa. El tiempo está en contra nuestra. El petróleo no tiene vida ilimitada. Cuando comparamos lo que le queda de vida al petróleo con los inmensos  recursos de la Faja del Orinoco, es preciso darnos cuenta de que muchos de esos recursos podrían quedarse en el subsuelo sin desarrollar. Pensemos en esto y recordemos que en los últimos 17 años el gobierno ha estado deshojando la margarita. Es necesario, por lo tanto…”.

En ese momento se levantó de su silla el Ministro de Cebolla, Ají y Tomate y dijo: “Basta de discursos derrotistas, señor motor. No puedo aceptar, como revolucionario, que se esté enjuiciando de manera tan desconsiderada a la empresa que es orgullo de todos los venezolanos  y que fue nacionalizada por nuestro Comandante Eterno, Hugo Chávez. Este motor que habla está envenenado por el imperio y quien sabe a qué intereses oscuros responde usted con su planteamiento”.

Los aplausos del grupo del gobierno fueron estruendosos. Cuando traté de reanudar mis palabras, recibí grandes abucheos. “Que se siente el escuálido, espíchenles las bolas”, gritaba la ministro de Agricultura Urbana, quien debió ser despedida por el presidente por su vulgaridad, notable aún entre el grupo.

Total, no pude seguir hablando. Me tuve que sentar y apagar mi motor. Después de varios discursos patrióticos del grupo, en los cuales se ensalzaron las figuras de Chávez y Maduro, estoy llegando a casa y me preparo para enviarle un twitter a Aristóbulo renunciando a mi participación en el Consejo.

 

Creo que pronto mudarán el lugar de reunión para Bárbula.