Valencia, una ciudad que sigue llena de esperanza en su 461 aniversario

Foto: Andrés Galindo/El Carabobeño
Foto: Andrés Galindo/El Carabobeño

Enfrentando graves problemas, por su intenso crecimiento, Valencia celebra, este viernes, 461 años su fundación esperanzada en que Gobierno atienda, por lo menos, la crisis del transporte público, la mala calidad del agua y la inseguridad que la azota, publica El Carabobeño.

Nosotros vamos a rescatar a Valencia, tenemos optimismo por lo cual me comprometo a recuperar la zona industrial porque tenemos un equipo que trabaja constantemente por mejorar la ciudad, dice el alcalde Miguel Cocchiola quien “se ha puesto las pilas” para combatir el atraso en que se encuentra la capital del estado Carabobo y tratar de que sus habitantes vuelvan a sentir el orgullo que por mucho tiempo le dieron sus empresas haciéndola uno de los más ricos emporios industriales de Suramérica.

La historia de los primeros tiempos de Valencia se desconocen con precisión porque, el pequeño poblado, fue arrasado en diversas oportunidades por piratas franceses que quemaron sus archivos. Pero, desde el inicio de siglo XIX se convirtió en uno de los principales centros de activismo político al punto de que es la única ciudad que le ha disputado, a Caracas, el título de capital de la República: en 1812, después de la Declaración de la Independencia; en 1830 cuando el congreso decidió separar a Valencia de la Gran Colombia y en 1858 durante los sucesos conocidos como la revuelta de Julián Castro.

Además en sus cercanías El Libertador, Simón Bolívar, ganó, en 1821, la batalla de Carabobo con la cual se consolidó la independencia de Venezuela del reino de España.

Por otra parte, es la única ciudad del país constituida por sus parroquias Catedral, Candelaria, El Socorro, Miguel Peña, Rafael Urdaneta y San José, y por otros cuatros municipios: Naguanagua, San Diego, Los Guayos y Libertador que constituyen una unidad urbana indisoluble a los efectos estadísticos, por decreto de la Asamblea Legislativa, en 1996, a proposición del historiador Oswaldo Feo Caballero.

Para leer la nota completa en El Carabobeño haga clic aquí