Víctor Vielma Molina: El pensamiento civil, la República y la democracia

thumbnailvictorvielmamolinaEl pasado siempre será parte de la raíz, conque el tallo del presente, alimenta al árbol del futuro. Solo los tiranos lo usan para someter y estancar el desarrollo de un país. Los prospectivistas lo aplican como acción estratégica para evitar errores y crear a todos los futuros posibles, sin anquilosarse en él. Sí, la democracia viene del pasado; pero se transforma con las exigencias de cada época; porque es tan perfectible como el hombre. Desde 1770 hasta nuestros días, el pensamiento del procerato civil republicano de Venezuela, da respuestas y fuerzas potenciales para proseguir en la lucha por las libertades políticas, sociales y económicas sin abandonar la democracia.

Juan Germán Roscio, Andrés Bello, José Félix Sosa, Francisco Javier Uztáriz, Martín Tovar Ponte, Francisco Javier Yanes, Baltasar Padrón, Cristóbal Mendoza, Francisco Isnardy, Miguel José Sanz, Fernando Peñalver, Felipe Fermín Paúl, José Ángel Álamo, Pedro Gual, Luis López Méndez, Coto Paúl, José Vicente Unda, Juan Antonio Díaz Argote, Juan Antonio Rodríguez Domínguez, Mariano Talavera y Garcés, Francisco Espejo, Luis López Méndez, Miguel Peña, Antonio Muñoz Tébar, tienen el mérito de ser los iniciales forjadores del pensamiento civil, emancipador y democrático. Simón Bolívar llama a la Sociedad Patriótica, fundada por Germán Roscio a mediados de 1810: “Centro de luces y de todos los intereses revolucionarios”. Arturo Uslar Pietri, declara que los hombres que la constituyen son: “héroes civiles”. Estas virtudes se potencian a partir del 5 de julio de 1811, justo, cuando los 30 diputados del Supremo Congreso de Venezuela, con su brillante formación cultural e intelectual, fundan nuestro espíritu de libertad, declaran la independencia absoluta y el nacimiento de la República de Venezuela. Por ello no es extraño encontrar pensamientos descollantes y de acendrada vigencia como el de Francisco Javier Yanes, diputado por la provincia de Barinas al Congreso Constituyente: “Toda autoridad que impide la libertad de nuestros pensamientos, toda fuerza superior que pone trabas a la libertad de pensar, atenta a la propiedad personal, y sus decretos, a la par que injustos, son, al mismo tiempo, absurdos”.

En la actualidad pudiéramos agregar a esta lista de héroes civiles, a quienes a partir de la Independencia  de Venezuela, desde sus tiempos y circunstancias, prosiguen con firmeza, la lucha para mantener la República, sostener las libertades y establecer la democracia a que aspira el Congreso Constituyente de 1811. Pues, de acuerdo al diputado, del entonces, Martín Tovar y Aponte, los constituyentes comisionan, a uno de los diputados, para que redacte: “el proyecto de una Constitución democrática”.  Por esto y mucho más, hay que recoger el legado de José María Vargas, Fermín Toro, Juan Vicente González, Rómulo Gallegos, José Rafael Pocaterra, Andrés Eloy Blanco, Mariano Picón Salas, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Mario Briceño Iragorry, Arturo Uslar Pietri, Juan Liscano, que como muchos otros, son ejemplos fecundos que despiertan en nuestros espíritus civiles, el orgullo de ser venezolanos y nos impelen a proseguir en la lucha por las libertades políticas, la seguridad, la cultura, el progreso y la justicia para fortalecer la fraternidad, la solidaridad  y el sentido de pertenencia del país.

La trayectoria política de Venezuela pide a gritos la creación una nueva República y firme democracia que saque de esta peligrosa situación al país que reivindique, ética y culturalmente, el papel evaluativo y contralor de la ciudadanía del glorioso pueblo venezolano, para que los futuros gobiernos respeten las leyes, la justicia y apliquen la real política. Y así haya verdaderas instituciones dirigidas por ciudadanos probos que tengan la sabiduría y la valentía para confrontar a quienes traicionen el juramento institucional, destrocen las buenas costumbres, se desquicien en el desempeño de sus funciones, se enriquezcan ilícitamente, enajenen la soberanía nacional y ejecuten políticas parciales desde la administración del poder político. Así mismo, para respeto y brillo de la Fuerzas Armadas, en obediencia de las instituciones, estas, han de tornar a sus cuarteles. Que el equilibrio  y la pertinencia de los Poderes Públicos con la participación de las FAN y las policías, bajo la preeminencia constitucional, respeto de los DDHH, con toda la fuerza institucional, sean baluartes defensores de la soberanía territorial y ciudadana, derroten al clientelismo político y sindical, al pranato y sicariato, al narcotráfico, paramilitarismo y delincuencia organizada, a mercaderes y capos del contrabando de extracción.

Para ello, es necesario que cada habitante del país sienta, que esta loable tarea, le pertenece y es suya. Que es una preocupación que no puede evadir ni endosar a otro para renunciar a sus responsabilidades. Que se persuadan que todos unidos lo lograran, con la fijeza de un solo país, sin segregación alguna; porque nadie ha de estar, distante de esta misión. Pues han de recordar, que los más aterradores gobernantes temen a la organización y movilización de los pueblos. Y todo, porque el pueblo ama la libertad, defiende lo que es fruto de su trabajo, desea seguridad, óptimos servicios públicos, bienestar social y  jamás acepta la humillación de lo injusto, de lo absurdo. O para decirlo a la manera de Fernando Peñalver, otro interesante constituyente de 1811: “para ser libre un pueblo, basta que quiera serlo”. Este es el mandato que el pueblo le da,  el 6-D de 2015, a la actual Asamblea Nacional. Ninguno de los actuales parlamentarios puede desconocer  estas inquietudes ni ignorarlas. Porque, “la vida – como lo dice Viviane Forrester en su obra El horror Económico – no es (tan solo) un prólogo de la muerte.”

Víctor Vielma Molina/Educador/[email protected]