“La única victoria de nuestro tiempo” por @edgardoricciuti de @VFutura

thumbnailEdgardoRicciuti“La necessità muove anche gli ignavi ad operare.”  Curzio Malaparte

En Venezuela asistimos a una confrontación difícilmente visible para muchos; aquella entre “sacerdotes” y “guerreros”. Estos conflictos se presentan de manera recurrente como si se tratara de una realidad cíclica; nuestro país no ha sido la excepción. Las diferencias entre ambos bandos responden a principios morales opuestos.

El sacerdocio de unos pocos emboba y castra, obstaculiza y sabotea todo esfuerzo genuino por la recuperación de la Libertad y el advenimiento de un dichoso porvenir. Al estamento de los “guerreros”, por otro lado, pertenecen aquellos que juraron vivir bajo la luz de ejemplaridades heroicas. Su principal motivación es vivir digna y plenamente la existencia.

Veamos brevemente las diferencias que los separan. En épocas remotas la moral era exclusivamente aristocrática; sus valores consistían en la fuerza vital, el honor, el brío y una genuina alegría por el existir; dichos principios coincidían y aún convergen con los del guerrero. Posteriormente, los sacerdotes revirtieron la valoración de dichos principios, sustituyéndolos por valores de sacrificio, de un altruismo antinatural y por la práctica de la autoflagelación del cuerpo y del alma; la culpa del pecado original sirvió de corolario perfecto para la justificación de esta sustitución enfermiza y anti vitalista.

Mientras el guerrero fundaba su existencia en las virtudes del honor y la plenitud, el sacerdote perseguía las conductas morales para una salvación en el más allá, negando toda la belleza del existir ahora y aquí. La rivalidad entre ambos es endémica, porque los impulsos vitales propios de la naturaleza, típica en aquellos que persiguen una vida heroica, choca con la propuesta de “vegetar” -viviendo de manera antinatural- para alcanzar una salvación en el más allá.  Para suplantar la moral de la vida por una de carácter útil en tiempos posteriores a la muerte, los sacerdotes necesitaron crear una tabla de valores antitéticos a la de los guerreros; luego, utilizaron dichos códigos para persuadir a los resentidos, forjando una alianza que aún perdura.

Ante esta “santa alianza” entre sacerdotes y todos aquellos que culpan a otros por sus desgracias, los guerreros dudaron de su hidalguía hasta perder su esencia, su honor y su dignidad. Los anti valores y los sacerdotes habían vencido.

En Venezuela, la moral de los sacerdotes se ha impuesto de manera contundente.

Muchos son los que hoy se preguntan, ¿aún existe un estamento de guerreros en Venezuela? Suponiendo una respuesta afirmativa,  ¿Tan reducida es hoy su fuerza moral y su devenir existencial que logran ser paralizados por la charlatanería de un grupo sacerdotal, que lo único que realmente defiende es una “paz” interesada que no perjudique sus privilegios? ¿Tan mermado está su vigor y seguridad, que guarda esperanzas en acontecimientos caóticos para tomar postura y actuar frente a la perniciosa oclocracia que vive Venezuela?

Hasta el día de hoy, los sacerdotes han logrado imponerse.  Sus victorias logradas con engaños, traiciones y abundante vileza, han sido recurrentes y sistemáticas. ¿Hasta cuándo la moral artificial y engañosa de los sacerdotes de la política, de la intelectualidad, del sector empresarial y  del sindical, logrará contener el resurgimiento de su natural contraparte?

¿Por siempre?