Medidas de restricción eléctrica a destiempo impiden estabilizar sistema eléctrico nacional

 REUTERS/Jorge Silva
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El Ejecutivo nacional empezó a apurar el paso… cuando ya tiene la soga al cuello. El miércoles, el presidente de la República, Nicolás Maduro, anunció tres medidas de restricción eléctrica en el marco de un plan de 60 días, que busca alargar las operaciones de la central hidroeléctrica Simón Bolívar en Guri frente a la reducida generación termoeléctrica. Así lo reseña correodelcaroni.com / María Ramírez Cabello

Para afrontar la etapa “más difícil y de mayor riesgo” de la emergencia eléctrica, Maduro informó que se decidió elevar el horario de autogeneración eléctrica de los grandes consumidores -en los que entran hoteles y centros comerciales- de cuatro a nueve horas al día.

Este horario de autogeneración deberá ser cumplido también por las industrias básicas que, además, deberán reducir su consumo en 20%. La tercera medida es decretar los viernes de abril y mayo como no laborables para ahorrar energía, pese a que una medida similar en Semana Santa dio pocos resultados en disminución del consumo.

Expertos eléctricos han señalado que solo un plan de racionamiento intenso puede retrasar el apagado de turbinas de Guri. ¿Son estas medidas suficientes para evitar que ocho turbinas de Guri dejen de operar? ¿Debió afincarse la restricción en las zonas residenciales? ¿Es tan intensa la restricción como se requiere?

Si bien el racionamiento era previsible, el ingeniero electricista Ciro Portillo, ex vicepresidente de la Energía Eléctrica de Venezuela (Enelven) en el estado Zulia, explicó que estas medidas no generarán un impacto significativo en la reducción del consumo y, por ende, en la estabilización del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), “porque la demanda está subiendo producto del calor y eso no es un fenómeno nuevo”.

El especialista, con 37 años de experiencia en el sector eléctrico, sostuvo que la solución al colapso eléctrico hubiera sido contar con generación térmica en buenas condiciones “pero esa posibilidad está descartada antes de que lleguen las lluvias”. La única otra ruta de escape, a su juicio, es que lleguen las lluvias, con lo cual la generación hidroeléctrica permitiría suplir la demanda nacional. Mientras tanto, los usuarios del SEN sufrirán los desequilibrios de la falta de previsión gubernamental.

– ¿Qué impacto tendrán las medidas de racionamiento en el sistema eléctrico nacional?

– Ninguno. El racionamiento no es nuevo, viene desde el 2009, ha sido racionamiento todos los años, apenas se descansa el fin de año porque la demanda baja pero ahora es mucho más fuerte y realmente tiene que ver con la sequía, pero no es la causa.

La causa es el desastre con la generación térmica porque en el caso del sistema eléctrico de Maracaibo, por ejemplo, 1.000 MW dependen del sistema nacional pero el restante depende de la generación del Zulia. De 2.400 MW solo funciona 50% y el otro no funciona por falta de mantenimiento; eso es reflejo del resto del país porque el modelo de gestión es el mismo.

Todo el sistema se convirtió en una gran Cadafe que se llama Corpoelec, con toma de decisiones centralizada y una gerencia entregada a un partido político y quebrada por la situación financiera de la empresa. Hay otro problema más grave que es que hay unos proyectos para más generación térmica, completamente paralizados.

– ¿Son suficientes las medidas anunciadas para retrasar el apagado de al menos ocho turbinas de la central hidroeléctrica de Guri?

– No va a impactar porque la demanda eléctrica está subiendo producto del calor y eso no es nuevo. Esas medidas no ayudan porque es algo marginal. Lo que hubiera podido ayudar era recuperar el 60% de termoelectricidad apagada.

Con los viernes no laborables pasará igual que en Semana Santa, si las personas no están en el trabajo van a estar en la casa prendiendo los aires acondicionados o en sitios de compra y las industrias básicas están paralizadas totalmente. No es la solución de fondo. La solución es un sistema de generación térmica adecuado para acompañar al Guri.

A nivel comercial e industrial, estas medidas van a afectar más al comercio que está en el suelo.

– El Gobierno insiste en que el sector residencial debe bajar el consumo, ¿cree que el plan oficial debió enfocarse en racionar al sector residencial duramente aun cuando actualmente se registran cortes diarios?

– Eso no va a solucionar el problema. En Maracaibo el racionamiento actual es bestial, lo están dando en la madrugada, en la mañana, ya no a hora pico y no va a funcionar por tres razones: la demanda eléctrica está subiendo por el calor, entonces ese racionamiento compensa el alza de la demanda; no se está racionando Caracas que tiene una demanda de 2 mil megavatios y la lluvia no llega de la manera que se necesita. Es muy diferente una lluvia esporádica, a una bien fuerte en la cabecera de los ríos.

Esos pronósticos el que los debe tener bien claro es el Gobierno nacional. Estamos en manos de la lluvia. Este racionamiento solo va a compensar el aumento de la demanda.

– ¿Cree que el plan está siendo demagógico?

– Me limito a la parte técnica. ¿Por qué no quieren tocar a Caracas? No lo sé, habrá que preguntarle a los políticos.

– Al aumentar el horario de autogeneración de cuatro a nueve horas en grandes consumidores, ¿cuenta el Ejecutivo con suficiente combustible para plantas eléctricas?

– En el Zulia, las plantas están preparadas para trabajar con gas y resulta que no hay, entonces hay que trabajar con gasoil y las refinerías no producen lo suficiente. Están importando gasoil y esa compra está afectada. En estos días hubo unas plantas que tuvieron que ser paralizadas por la calidad del gasoil. Entonces, si no hay para la industria eléctrica ¿cómo habrá para el sector comercio e industrial?

– ¿Cree que éste es el peor punto de Venezuela en materia eléctrica?

– Definitivamente, es el peor al que ha llegado. El mínimo al que había llegado el embalse de Guri fue en el 2003 pero no hubo estos problemas porque la generación térmica estaba en mejores condiciones. En los últimos años, no ha habido inversión productiva, sino gasto que no se traduce en mejoras.