La desesperación, por José Luis Monroy

thumbnailjoseluismonroy¿Qué hace una sociedad antes de morirse de hambre? Todo, se puede esperar todo, al no encontrar salidas ni soluciones a su enojo ni a su angustia, ante una impotencia creciente

Hola que tal mi gente, como bien decía Lucio Anneo Séneca, ese gran pensador romano: ¿Qué hace una sociedad antes de morirse de hambre? La desesperación, una pésima consejera, bien puede conducir al robo, a la disolución social y a la toma de decisiones  con tal de quitarse de encima al gobernante en turno a quien se le puede culpar del desastre. Recordemos a aquéllos miserables, muertos de hambre, que tomaron la Bastilla en 1789 precisamente por haberse desbordado las pasiones y haber perdido toda esperanza en razón de las limitaciones, las privaciones, la pobreza y la miseria. ¿Qué hace una sociedad antes de morirse de hambre? Todo, se puede esperar todo, al no encontrar salidas ni soluciones a su enojo ni a su angustia, ante una impotencia creciente.

En las últimas semanas hemos visto cualquier cantidad de manifestaciones en el país de gente desesperada por comida, medicina y justicia. A su paso hemos escuchado  consignas como la de “Hagamos una resistencia pacífica pero contundente” “No paguemos impuestos, pongamos al gobierno de rodillas”, “Fuera el Presidente de la República”, “Si no pueden que se vayan”, “Adiós a los partidos”,  ya basta de marchas y concentraciones sin sentido que solo sirven para promocionar candidatos, Si bien es cierto que si se fuera el Presidente, se cerrara la asamblea, se clausuraran los partidos, no pagáramos impuestos y nadie votara, por supuesto que de  nuestro país, en el corto plazo, no quedarían ni las cenizas después de una nueva convulsión armada, también es justo reconocer que semejantes propuestas populares responden a un principio, demostrable y evidente de desesperación social. ¿Qué recurso le queda a un ciudadano que al salir de su casa, en la mañana, no sabe si va a regresar a ella por la noche o si, en lugar de volver a su hogar, se encontrará tendido en la cama de un hospital después de haber recibido un balazo en el estómago porque le trataron de robar el teléfono celular? ¿Qué puede hacer un compatriota si al final de semana sus hijos no regresan de una fiesta porque fueron acribillados a balazos? ¿Qué podemos hacer los venezolanos si en plena vía pública nos roban el automóvil ¿Cómo reaccionar ante una balacera que se suscita en cualquier barrio de esta Venezuela agobiada.

 

Claro que resulta suicida apoyar el “paro de contribuyentes”, pero tampoco estamos dispuestos, como sociedad, a sostener a policías rufianes o agentes del Ministerio Público corruptos o a instituciones de supuesta seguridad social que subsisten gracias a nuestros impuestos y que no sólo defraudan la confianza de la nación, sino que la chantajean. ¿Pero qué puede hacer una sociedad desesperada que confirma diariamente la incapacidad del gobierno de defender su patrimonio, así como su integridad física? ¿Acaso los representantes populares van a recibir a los ciudadanos enfurecidos y, todavía más, van a acatar sus deseos y a tomar las medidas pertinentes? No nos engañemos: los diputados ni siquiera le abrirán la puerta a sus representados, como tampoco han hecho mucho en estos casi 6 meses en el parlamento, de la misma manera en que los funcionarios públicos se escaparán por las puertas de seguridad de sus oficinas de lujo con tal de no enfrentarse a los ciudadanos que exigen justicia. ¿Recurrir a los medios? La protesta a través de la prensa resulta cotidianamente menos eficiente porque algunos lectores empiezan a contemplar a las páginas de sucesos como un lugar común, y pasan a la sección de deportes sin inmutarse.

En concreto: ¿Qué pueden hacer los ciudadanos cuando privan de la vida a los suyos, los secuestran, sin que la autoridad pueda contener a los maleantes ni encarcelarlos? ¿Qué puede hacer el mismo ciudadano al que despojan de su casa, de su finca o de su empresa porque a los del gobierno los seducen sus bienes? ¿Acaso no se antoja exigir que se vaya el Ejército, que se vaya el Presidente, que se vayan los partidos políticos, que se vayan los diputados , los ministerios públicos, secretarios de Estado, magistrados y ministros? ¡Claro que es una protesta social, claro que la gente está desesperada ante la sordera, la ineficacia y la torpeza de la autoridad! ¿Cuál autoridad si 98% de los delitos que se cometen en el país no se sancionan?

Una sociedad desesperada es capaz de todo y lamentablemente Venezuela se está convirtiendo en una sociedad desesperada, porque no se puede circular por las carreteras en paz, ni caminar por las calles en paz, ni descansar en las casas en paz, ni vivir en paz, ni estar en paz, cuando ya no consigues que comer y ves el rostro llenos de lagrimas de madres y padres por que ya no hay nada que llevar a la mesa y compartir con los hijos allí el sobresalto nos acompaña todos los días, al igual que nos va poseyendo a diario una furia creciente que nos orilla a hacer propuestas desesperadas. Claro que es un suicidio lo que solicitan las masas pero no es menos suicidio lo que está aconteciendo con las masas. La desesperación puede despertar la  Venezuela del GLORIA AL BRAVO PUEBLO. Algunos dicen mejor dejémosla dormida antes de volver a constatar cómo se pone de pie. ¿O quieren ver como se levanta?

 

@joseluismonroy