Diablos Danzantes de Yare arribaron a 267 años

The "Diablos Danzantes" of Yare wear masks as they perform a dance to mark the Feast of Corpus Christi in San Francisco de Yare

Locales y visitantes se dan cita en la población tuyera para presenciar la rendición del mal ante el bien.

La tradición también se celebra en Ocumare de la Costa, Cata, Cuyagua, Chuao y Turiamo (Aragua); Patanemo, Canoabo, Guacara y San Millán (Carabobo); San Rafael de Orituco (Guárico), Tinaquillo Cojedes) y San Hipólito (Barinas).

La “diablada”, como la llaman popularmente, fue reconocida en 2012 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Yare.- La población de San Francisco de Yare, en el estado Miranda, se prepara para conmemorar los 267 años de los Diablos Danzantes de Yare, una de las tradiciones más coloridas y emotivas de la entidad, reconocida desde el 2012 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

El presidente de Turismo Miranda, Bernhard Weissenbach, apunta que dicha manifestación, la cual este año se llevará a cabo el próximo jueves 26 de mayo, ha logrado reunir en un mismo escenario a miles de personas, tanto a lugareños como a visitantes, quienes se dan cita en un mismo lugar para presenciar la rendición del mal ante el bien.

“La tradición tiene como finalidad reafirmar la presencia de Cristo en el Sacramento de la Eucaristía y es celebrada nueve jueves después del Jueves Santo. En la actividad tanto los hombres como los niños se visten de diablos, quienes al compás de tambores y maracas danzan como parte del pago de una promesa o en agradecimiento a la misma”, explicó.

En otras localidades

José Marcial Ramos Guédez, docente e investigador jubilado de la Universidad Simón Bolívar, destaca que los Diablos Danzantes en el país recorren las calles en fechas variables entre los meses de mayo y junio, y son organizados cada una por una cofradía que se ha fundado y articulado para ello.

Entre los más conocidos están los de Naiguatá (estado Vargas), San Francisco de Yare (estado Miranda); Ocumare de la Costa, Cata, Cuyagua, Chuao y Turiamo (Estado Aragua); Patanemo, Canoabo, Guacara y San Millán (estado Carabobo); San Rafael de Orituco (estado Guárico), Tinaquillo (estado Cojedes) y San Hipólito (estado Barinas).

Guillermo Durand, abogado y cronista caraqueño, apunta que en Caracas también hubo esta tradición, pero por considerarla negativa ya que durante su celebración se producían robos, y “como un acto de civilidad”, en tiempos del rey Carlos III, a finales del siglo 18, fue prohibida en la capital, “donde se había practicado por mucho tiempo”.

Para Amaulio José Díaz, otro cronista capitalino, los Diablos de Naiguatá son una tradición que vino de África. “Llegaron cuando la Colonia al sector Pueblo Arriba, hace más de 240 años, y después con el tiempo hace unos 100 años un lugareño de apellido Morón, “al refundar a Chuspa revivió esa costumbre afrodescendiente que son Los Diablos Danzantes de Naiguatá”.

Señala Díaz que, al igual que las Sardinas de Naiguatá, la Parranda de San Pedro en Guatire y el baile de La Tura en Falcón, tienen la misma raíz.

Rinden homenaje a los “diablos” fallecidos

“La devoción y el misticismo que rodea la celebración de los Diablos Danzantes de Yare es una experiencia única que deben vivir todos los venezolanos. Inicia desde tempranas horas de la mañana, cuando los integrantes de las cofradías salen de su hogar con destino al cementerio para rendir homenaje a los diablos danzantes ya fallecidos. De allí se dirigen hasta la Iglesia San Francisco de Paula para recibir la bendición del sacerdote y posteriormente inician su procesión por las calles de la población”, refiere Weissenbach.

Dicha actividad “enaltece las creencias religiosas del pueblo de Yare y por ende de Miranda, cuyos devotos preparan con antelación sus coloridas y emblemáticas máscaras y trajes para el tan esperado día”. El color rojo es el que predomina en el atuendo de los integrantes de las diversas cofradías, quienes visten camisas, alpargatas, cruces de palma bendita, rosarios y un rabo con una sonaja en la punta, adherido al pantalón.

Fuente: El Universal