Cristofer Correia: Maiquetía no es solo para decir adiós

cristofercorreiaEntre los que se quedan y los que se van, estamos los que volvemos…

¿Por qué emigran tanto los venezolanos? Preguntan con frecuencia los españoles. Las respuestas son variadas y evidentes a la vez. ¿Por qué retorna un venezolano que se encuentra estable, económica y legalmente, a su país? La respuesta es menos clara. Somos menos los casos.

Esperanza, esa es la palabra clave. Venezuela es una tierra con un potencial inmenso, porque contamos con un talento humano emprendedor y solidario; pero necesita que cambien las condiciones institucionales, es decir, que se dé el cambio político para que vuelva esta nación a ser un territorio de oportunidades. Estoy convencido de que este cambio que necesitamos se va a dar en el corto-mediano plazo.

Mi convicción de que ya estamos viviendo la transición política, como primer paso para la reconstrucción del país, es tan real que decidí regresar. No quiero mirar la película como un espectador, quiero ser artífice del proceso que hoy atravesamos y poner mis conocimientos y empeño en este año tan decisivo para nuestro futuro.

Cuando comentaba esta historia a mis estudiantes de Gestión Pública en la UCAB, reto que asumí a las dos semanas de llegar al país, era fácil de notar en sus rostros la incredulidad y el asombro con la locura del profesor: estabilidad, papeles y dos emprendimientos en curso ¿y regresar? Sí.

El desarrollo pleno de un ser humano va de la mano de perseguir sus sueños, el mío es una Venezuela de paz, desarrollo y libertad. Por la posibilidad de ser útil en este momento, cambio, sin arrepentimientos, calidad de vida. No me basta con vivir en un país desarrollado, quiero que Venezuela sea ese país desarrollado donde deseemos vivir.

Quiero una nación de progreso, potencia en lo económico, sostenible en lo ambiental, segura para andar en sus calles, con confianza entre sus ciudadanos. Yo quiero que dejemos de ser referencia en lo malo para pasar a ser ejemplo en políticas públicas a nivel de educación, salud, servicios públicos y generación de empleo, como el mejor camino para la superación estructural de la pobreza. Yo quiero una Venezuela de oportunidades para todos los que se han ido del país.

En mi etapa universitaria descubrí mi vocación de servicio a través del desarrollo de proyectos sociales y acciones de voluntariado en La Vega, Antímano, Mamera, Coche, entre otras comunidades, y como misionero en Pavia (Estado Lara); también me involucré en el Movimiento Estudiantil, coordinando proyectos electorales (PanaVota), de protesta (Operación Soberanía) y de desarrollo democrático (Debate Presidencial 2011 en la UCAB).

Posteriormente, hice un paréntesis en el activismo político para formarme y sacar adelante mi máster en Gobierno y Administración Pública en Madrid. España fue mi casa desde finales de 2013 hasta no hace mucho; ahí pude ampliar mis conocimientos y perspectivas sobre formas innovadoras de garantizar oportunidades para todos, en un marco de progreso, justicia y sostenibilidad.

En 2014, cuando me encontraba estudiando en la Universidad Complutense de Madrid, vi como la represión de la dictadura chavista llenaba las calles de sangre y sus calabozos de mis amigos. La impotencia personal y política de entender que en ese momento mi aporte no era significativo desde fuera del país y tampoco lo sería desde dentro, me mantuvo en el extranjero formándome, estudiando y trabajando.

Sin embargo, estar fuera del país reafirmó mi proyecto de vida: quiero hacer familia en Venezuela, quiero hijos que digan a sus amigos “pana” y no “tío”, quiero poder ir a la playa cualquier fin de semana, quiero mi Ávila, quiero tener cerca a mi familia, a mis amigos y mis costumbres. Estar lejos me hizo darme cuenta de que mi proyecto de vida seguía aquí, intacto, y no es otro que Venezuela.

No puedo ser indiferente al dolor ajeno, ni ignorar los rostros de angustia de millones de venezolanos y venezolanas que pasan hambre, hacen cola y desesperadamente buscan medicinas. Mi mamá me decía que Dios al que mucho le da, mucho le exige. Quiero servir en lo público y hacer Política con P mayúscula, con valores, integridad y compromiso con la libertad. Hoy ha regresado a Venezuela alguien comprometido, especialista en gestión local y ciudades inteligentes, con entera disposición de dedicarse a lo público y de darlo todo, por el sueño de una Venezuela distinta y mejor.

Venezuela nos ha demostrado que puede ser una tierra donde los sueños se cumplen sobre la base del esfuerzo y el trabajo honesto. Yo soy testigo de cómo miles de ciudadanos y ciudadanas han logrado progresar en este país. Como es el caso de mis abuelos, que fueron adoptados por esta patria y vieron como su constante esfuerzo fue proporcionalmente retribuido.

Sé que Venezuela fue una tierra de inmigrantes y no de emigrantes, donde adoptamos personas de todas partes del mundo, las hicimos nuestros paisanos y se les brindó la oportunidad de crecer. Esa Venezuela de bienvenidas, que hoy no tenemos y no permite que las personas que amamos regresen al país, la podemos volver a tener.

Esperanza. La proyección de mi ser que quiero compartir con esta carta, no es más que eso. Esperanza a los que se quedan en Venezuela porque se quieren quedar, no están solos. Esperanza para los que se quedan y se quieren ir, porque en poco tiempo las cosas van a empezar a cambiar. Esperanza para los que se fueron y no volverán, porque ustedes son igualmente venezolanos, son nuestros embajadores y constituyen nuestra nueva geografía nacional, la Venezuela de hoy tiene más de 23 estados y el distrito capital, ¿acaso no hay un pedazo de Venezuela en Bogotá, El Doral o Madrid? Finalmente, esperanza para los que se fueron y anhelan volver, porque es viable y Venezuela abrirá espacios para canalizar el retorno de tanto talento.

La tarea aún no está hecha, depende de nosotros. Estamos ya en transición, hay que concluir y conducir este proceso. Con fe y convicción, será posible. Estamos en tiempos de esperanza.

Gracias por recibirme de vuelta, Venezuela.