Un museo con paredes de “papel”

El movimiento Barroco introduce un carácter expresivo e irracional en todas sus manifestaciones artísticas, donde el equilibrio y la racionalidad renacentistas ceden terreno a la exuberancia y el manejo de la perspectiva que derivan en una mayor complejidad espacial. En el Museo Internacional del Barroco (MIB) inaugurado en febrero de 2016 en Puebla, México, el arquitecto japonés Toyo Ito recreó la esencia del Barroco con un lenguaje contemporáneo que apela a los sentidos.

Como en la arquitectura de Bernini o Borromini, el MIB recoge el movimiento y dinamismo de las líneas curvas, los efectos luminosos escenográficos (contraste entre luz y sombra) y la expresividad y dramatismo de las artes plásticas. 53 paredes blancas, ninguna igual a otra, se yerguen como hojas de papel que necesitan plegarse para sostenerse en pie. Muros blancos curvados y alabeados conforman los espacios de las salas sin tocarse en los vértices. La cuadrícula queda abierta en los extremos creando fugas, un recurso que remite a la fluidez del espacio barroco. En esos sitios, el arquitecto ganador del premio Pritzker en 2013 dispuso entradas de luz cenital para lograr un efecto de contraste en la iluminación. De ese modo, llama la atención del visitante y lo guía en forma intuitiva en el recorrido.

El MIB ocupa un terreno de 5 hectáreas, cercano al centro de la ciudad de Puebla. Es el primer proyecto cultural financiado por el Gobierno Federal mexicano y construido bajo la asociación público-privada. Funcionará con una concesión a 23 años que fue cuestionada por medios periodíticos locales denunciando el “vaciamiento” del Museo José Luis Bello debido al traslado de piezas valiosas al nuevo edificio.

La construcción tiene solo dos plantas (con un total de 18.150 m2) y no supera los 20 metros de altura. Para enmarcar la fachada principal del museo, el arquitecto diseñó una gran plaza seca que recibe a los visitantes, y una marquesina de entrada que resguarda a quienes deben hacer fila para acceder al museo. Sobre las paredes que dan al acceso se pueden proyectar por la noche imágenes relacionadas con las exhibiciones. Además, los muros “de papel” se iluminan para destacar el edificio a distancia.

Vale destacar la singularidad de la estructura, compuesta por muros y losas, ambos armados en dos etapas: taller y obra. Las paredes curvas están conformadas por dos caras de 65 mm de hormigón blanco a modo de sandwich que fueron precoladas y luego montadas en su sitio en obra. Estas piezas sirvieron de molde (encofrado perdido) y al mismo tiempo para controlar la calidad del acabado final que debía quedar a la vista. El segundo paso consistió en verter una colada en el interior, esta vez con cemento gris (más económico) para coser las piezas con un armado de refuerzo. Esta operación obtiene un muro monolítico.

Estructuralmente, los tabiques funcionan a modo de muros portantes de 36 cm de espesor, incluyendo los dos paneles precolados. Las losas, por su parte, fueron alivianadas con la inclusión de pelotas huecas de polietileno reciclado en su interior. Tienen un espesor de unos 70 cm, con una parte prefabricadas: una pre-losa simplificó y aceleró su puesta en obra.

Programa educativo y cultural

En la planta baja se distribuyen las ocho salas de exhibición, mientras que en la planta alta se disponen las actividades relacionadas con la investigación, educación y difusión del Arte Barroco. Desde el vestíbulo de entrada se puede acceder tanto a las salas de exposición como al auditorio, también situado en planta baja y con un acceso independiente de manera que sea posible realizar actividades en horarios diferentes a los del museo. Bajo una gran escalera de tramo curvo se dispusieron unos grandes bancos diseñados por el atelier japonés de Kazuko Fujie, en colaboración con artesanos textiles de Hueyapan (Puebla).

La exhibición permanente contempla una visita de 8 salas expositivas, cada cual con una temática diferente que abarca arte, arquitectura, teatro, música y literatura barrocos. Estas salas rodean un patio interior de 1.800 m2 dominado por un espejo de agua que expresa la metáfora de un remolino, del agua en movimiento como tema recurrente del Barroco. Las salas temporales son tres y se pueden agrupar entre sí o funcionar de forma independiente.