Baracoa, la ciudad donde “comienza” Cuba, busca turistas

Baracoa, la ciudad donde “comienza” Cuba, busca turistas

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Dicen los cubanos que “en Baracoa comienza Cuba”. Y lo dicen por dos razones: es la primera ciudad que los españoles fundaron en el país y la localidad más meridional de la isla y, por tanto, la que antes ve el sol. María M. Mur/ EFE

Conocida también como “La Primada” y ubicada en la provincia de Guantánamo, a casi 1.000 kilómetros al este de La Habana, Baracoa es la ciudad más aislada de Cuba.





“Estamos lejos, lejos, lejos”, reconoce entre risas el agricultor Juan Sanamé, que carraspea un poco y se arranca a cantar un son muy popular en esta zona cuyo estribillo dice algo así como “A Baracoa me voy ahora que hay carretera”.

Hace algunas décadas, aclara el campesino, el camino que une la ciudad con el resto del país ni siquiera estaba asfaltado.

Aunque hay vuelos domésticos y se puede acceder por Santiago (sureste), la ruta más habitual para llegar a Baracoa es dirigirse hacia Holguín (noreste) y tomar una carretera secundaria, polvorienta y llena de baches.

“Es la peor carretera del país”, afirma a Efe Alipio Rodríguez, un conductor de autobuses que lleva más de 20 años esquivando esos socavones y dando botes en el asiento.

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Enclavada en la ladera de los montes Cuchillas del Toa y rodeada de un paraje único lleno de cafetales y cacaotales, Baracoa ha desarrollado una idiosincrasia propia, que se manifiesta especialmente en su gastronomía y en la autenticidad y amabilidad de su gente.

“Los habaneros dicen que parecemos de otro planeta”, cuenta Yamileth Gómez, propietaria de una de las pocas cafeterías particulares que hay en esta ciudad desvencijada pero encantadora, que conserva poco de su pasado colonial.

Con el boom turístico que está viviendo la isla tras el restablecimientos de las relaciones con Estados Unidos, el oriente de Cuba puja por llamar la atención de los touroperadores internacionales y por robarle un puñado de turistas a la saturada capital.

Baracoa, de 82.000 habitantes, la mayoría de ellos campesinos, es uno de esos destinos orientales que le ofrece al viajero una combinación peculiar entre naturaleza, historia y gastronomía.

Fue la primera de las siete ciudades que fundó el conquistador español Diego Velázquez de Cuéllar, en 1511, y conserva la única de las 29 cruces de madera que Cristóbal Colón clavó en su primer viaje a la isla en 1492 y que al día de hoy se exhibe en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.

“Los turistas se llevaban pedacitos de madera y la fueron destruyendo y haciendo chiquita. El Gobierno decidió meter la Cruz de la Parra dentro de la catedral para protegerla porque su valor es incalculable”, explica el guía Alejandro Estévez.

Otro de los lugares de peregrinaje obligatorio en la ciudad es un modesto hostal frente al mar, propiedad del Gobierno cubano pero construido en los años 50 por una emigrante soviética que huyó a Latinoamérica tras la Segunda Guerra Civil y a quien todo el mundo conocía como La Rusa.

“Magdalena Rovieskuya era una mujer de mucho dinero que salió huyendo del comunismo y acabó en Cuba. Un día habló con Fidel y, en menos de diez minutos, este terminó convenciéndola de las bondades del comunismo”, sostiene Estévez.

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Rovieskuya llegó incluso a ayudar a los rebeldes de Castro en Sierra Maestra y en las habitaciones de su hotel se hospedaron huéspedes tan ilustres como Errol Flyn o el Che Guevara. Su vida inspiró una novela de Alejo Carpentier, autor del realismo mágico.

A Baracoa también se la conoce como la capital chocolatera de Cuba, ya que el 85 % del cacao que se consume a nivel nacional sale de sus fértiles y húmedas tierras y la ciudad alberga la única fábrica de chocolate que existe en la isla, que fue inaugurada por el Che en 1963 y que no está abierta al público.

Esto ha hecho que el cacao, inevitablemente, se convierta en un ingrediente fundamental en la rica dieta baracoense, que ofrece mucho más que el típico arroz con pollo y que también juega con el coco y el café, otros dos cultivos de la zona.

Los baracoenses esperan con ansias que los turistas se enamoren de su ciudad, tal y como lo hizo La Rusa, y que el auge que vive ahora la isla les ayude a acercarse un poco más a La Habana, de la que dista 990 kilómetros por carretera. EFE

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