José Alberto Olivar: El hambre de dos Venezuela vista desde una cola

José Alberto Olivar: El hambre de dos Venezuela vista desde una cola

 

Ha finalizado con un éxito mayor al esperado, el engorroso proceso de validación de firmas para solicitar la activación del referéndum revocatorio. La treta impuesta por el Consejo Nacional Electoral, se convirtió en todo un desafío para el liderazgo opositor que una vez más demostró su capacidad de movilización y creciente poder de convocatoria.

Pese a la maniobra de abrir puntos de validación en los lugares más apartados de la geografía en los principales estados de la República, esta se volvió contra sus autores, pues en lugar de inducir la desmotivación, despertó una voluntad colectiva de ir hacia donde fuere para hacer valer su firma, léase su deseo de salir en forma pacífica del laberinto en que nos encontramos sumidos.

Sin embargo, un fenómeno atrajo nuestra atención mientras esperábamos en la larga y lenta cola dispuesta por el CNE en uno de los puntos establecidos en la cálida tierra barloventeña del estado Miranda. En una acera estaban hombres y mujeres, no pocos con niños en brazos, formados uno tras otro, según el terminal de su cédula de identidad, a la espera de la llegada del camión surtidor de algún producto regulado. Sus rostros de frustración, miedo, rabia contenida y esperanza marchita dibujaban la tragedia de una Venezuela que vive bajo el apremio de apaciguar como sea la penuria que los acongoja día tras día.

En la acera del frente, otra Venezuela, de estómagos no menos fatigados por esta suerte de plaga bíblica que se pasea abominable sin reparo, esperaban pacientemente su turno. Allí podían verse arremolinados, sin distinción de raza, sexo, credo y condición socio-económica, vecinos del sureste caraqueño con sus pares de los municipios Acevedo, Brión, Buroz, Andrés Bello, Páez y Gual. Todos, afectados por la misma crisis, pero consustanciados en la búsqueda del pan que alimenta su fe democrática y deseo de vivir en verdadera paz.

Ese es el triste legado de los fabricantes del odio y hacedores de mentiras. Dividir la Tierra de Gracia, en dos Venezuela, aparentemente contrapuestas. Llegará el día, en que ambas se reencontraran para sacudirse juntas la excrecencia que hoy nos aflige por igual.

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