Juan José Moreno A: Diálogo sí, pero…

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Respeto a la Constitución de la república así como la independencia de los poderes del Estado; respeto a los derechos humanos, donde se incluye el de acceso  de los ciudadanos a la alimentación y medicamentos; libertad para el desenvolvimiento de las organizaciones políticas; revocatorio y elecciones regionales,son exigencias que emanan de un país en plena ebullición yque reclama un entendimiento básico para salir de la peor crisis económica, social y moral de toda su historia. Diálogo, lo llamaríamos, y en esta semana han continuado las  expresiones de distintos sector que, nacional e internacionalmente,  insisten en su implantación contra viento y marea.

Nadie en un mundo civilizado podría negarse a tal posibilidad, pues cerrarle el paso a tal opción implicaría abrirle las puertas a salidas no aconsejables. Seguros estamos que el país no se encuentra en capacidad, ni debe, de enfrentar una lucha entre hermanos, que solo contribuiría a empeorar la ya trágica situación. Pero un diálogo sincero implica respeto  y establecimiento de las condiciones para que se lleve a cabo, entre ambas partes.

El más reciente comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) y las expresiones de su presidente,  Monseñor Diego Padrón, dibuja claramente el cuadro en relación a las posibilidades reales de un entendimiento con el gobierno de Nicolás Maduro, en las cuales llaman la atención sobre aspectos puntuales que están presentes en esta crisis y que, en su criterio, deben ser abordados como condición previa a cualquier intento de entendimiento entre los dos sectores en pugna. Para el jerarca de la iglesia católica de Venezuela, un diálogo sincero debería partir por el reconocimiento de la situación que vive el país. Además de los mencionados al principio, se refirió al imperativo moral del gobiernode acatar la decisión del pueblo al elegir la actual Asamblea, así como a la incapacidad de las autoridades para controlar la delincuencia en sus 17 años de gestión, y a su obligación a permitir la aplicación de los mecanismos pacíficos y constitucionales que ofrecen una salida legítima a la crisis.

La Mesa de la Unidad, en lo que le corresponde, aparte de insistir también en los nombrados, que debemos considerar como puntos de honor, actualiza sus condiciones a un posible diálogo agregando su exigencia de que sean liberados los jóvenes detenidos en los últimos días por participar en la promoción del revocatorio.

Pero del otro lado qué tenemos: un jefe de Estado soberbio que no desaprovecha ninguna oportunidad para exigir a la oposición aceptar un diálogo solo sujeto al condicionamiento impuesto por el régimen, en discursos cargados de odio y descalificación de los actores de oposición; voceros autorizados de su partido, como el capitán Cabello, que niegan rotundamente la posibilidad del ejercicio constitucional del revocatorio; y de una “dueña” del poder electoral, que no solo se las ingenia para fabricar trabas no establecidas en el documento constitucional que autoriza el proceso, así como en el propio reglamento creado por ella, para retardar y hacer imposible un revocatorio, cuya voluntad popular de llevar a cabo contra todas las trampas está más que demostrado.

Por eso debemos ratificar, creemos y confiamos en la posibilidad de un diálogo, pero rechazamos las intenciones de un poder ejecutivo que se niega a reconocer la crisis humanitaria que padece la nación, solo por pretender mostrar una imagen de lo que no es ni él ni su régimen, mientras mueve sus piezas por el desconocimiento de un poder limpiamente escogido por las mayorías para representarlo ante la primera institución de la democracia del país; como también rechazamos las pretensiones de la presidenta del CNE de alargar los tiempos para impedir que se cumpla el objetivo final de sustituir este mismo año al Presidente de la República, que se niega a hablar de unas elecciones regionales cuya realización tienen fecha en el cronograma electoral de la nación para este mismo año; pero en cambio solo toma la palabra para hablarle a un país de un presunto irrespeto en su contra, después de haberlo sometido a la más brutal humillación de la que se pueda hacer víctima a un pueblo decidido a poner punto final a un régimen que le niega sus más elementales derechos.

@JJMorenoA