Cipriano Heredia: Miranda, héroe y masón universal

Cipriano Heredia: Miranda, héroe y masón universal

thumbnailciprianoherediaEl 28 de marzo de 1750 nació en Caracas Sebastián Francisco de Miranda Rodríguez, precursor de la Independencia Latinoamericana, combatiente de tres Revoluciones por la libertad del hombre y pensador universal. Sus padres fueron Don Sebastián de Miranda, de origen canario, y Doña Francisca Rodríguez, caraqueña de ascendencia portuguesa.

Francisco de Miranda recibió la educación católica propia de su época, y también cursó con destreza estudios en historia, filosofía, matemáticas, derecho e idiomas clásicos en la Real y Pontificia Universidad de Caracas. No obstante, a pesar de ser sus padres de “limpia sangre”, su familia fue segregada por la sociedad caraqueña mantuana y conservadora, que no consideraba iguales a los canarios, ni ve con buenos ojos el oficio de panadera de Doña Francisa.

Estos hechos discriminatorios por razones de alcurnia, aunados a la ya clara inclinación librepensadora que demuestra el joven Francisco, marcan de manera definitiva su personalidad rebelde y cuestionadora del statu quo. Pronto será un crítico agudo de la sociedad de castas en la que nace y crece, así como del catolicismo militante y severo que impera en la época.





Ya con esas ideas en mente y deseoso de conocer el mundo, las artes y las ciencias, y seguramente con el afán de superar a la aristocracia criolla que lo margina, parte Miranda poco antes de cumplir 21 años a España, donde prosigue sus estudios universitarios y también obtiene el título de Capitán del ejército español. A partir de allí cambia por completo la vida de este futuro prócer, orgullo venezolano y de la masonería universal.

Ya iniciado en el ejército, Miranda desea entrar en acción militar y es trasladado a África, donde España está en plena guerra contra los moros. Combate en el frente de Marruecos y se distingue de manera sobresaliente entre los oficiales en la toma de Melilla. Luego, en 1781, es enviado a Cuba, para posteriormente combatir en las Antillas contra los ingleses. Participa también en la Toma de Penzacola, durante la Guerra de Independencia de EEUU, acción que lo lleva al grado de Teniente Coronel.

No obstante, Miranda es pronto víctima de una serie de intrigas y traiciones, así como de la mirada vigilante de la Inquisición por sus ideas liberales, lo que lo obliga a dejar el Ejército español, el cual abandona ya convencido de que España es un Imperio en decadencia y que se acercan los tiempos de la Independencia de sus colonias, especialmente las de América Latina, tal y como los Estados Unidos lo han hecho de Inglaterra. Y es precisamente a la nueva gran potencia del Norte adónde va Miranda en 1785, conociendo personalmente a Washington, Hamilton, Paine y La Fayatte, entre otros ilustres americanos, empapándose de primera mano cómo se echan las bases de la naciente república.

Luego Miranda se dedica a recorrer Europa y visitar las Cortes en busca de conocimientos y ayuda para la Independencia de Hispanoamérica. En tal periplo por la Libertad continental, inicia negociaciones con el primer Ministro inglés William Pitt, también va a Holanda, Alemania, Austria, Italia, Grecia, Turquía y llega hasta Rusia, donde consigue la protección de la Emperatriz Catalina, quien le concede el rango de Coronel e investidura diplomática de su país. También visita Suecia, Dinamarca y Suiza.

En las primeras de cambio el gobierno inglés muestra interés en los planes de Miranda, no sólo por las ofertas que hace el prócer sobre las ventajas comerciales que tendría Inglaterra en el nuevo territorio liberado, sino también movido por el revanchismo contra España. No obstante, pronto Inglaterra tendrá desiste del plan ante la conveniencia de no confrontar a España por los momentos.

Miranda se retira a Francia. Allí participa activamente en defensa de la Revolución que está amenazada por quienes pretenden el retorno de la Monarquía. Pronto es designado como Mariscal de Campo y General de los ejércitos del Norte. En 1790 es el vencedor de la histórica batalla de Valmy, rinde a Amberes y a Bruselas y detiene al poderoso ejército austriaco en Pallemberg. Sin embargo, en plena gloria, Miranda es nuevamente víctima de las componendas y es hecho prisionero por supuesta traición por los fracasos en Maastrich y Nerwiden.

Miranda enfrenta un duro juicio y está cerca de ser condenado a la guillotina. En medio de semejante tribulación tiene una intervención brillante ante la Convención y logra demostrar que recibió órdenes directas del General Dumouriez de retirar las tropas, quedando demostrado que es este General, y no él, quien traicionó a la Revolución.  El pueblo ovaciona a Miranda tras su absolución. Vale destacar que Francisco de Miranda es el único latinoamericano cuyo nombre figura en el Arco de Triunfo en París.

Poco después vuelve Miranda a intentar el apoyo de Inglaterra, pero nuevamente las negociaciones se estancan y el proyecto independentista no consigue respaldo. Sin embargo, en Estados Unidos si obtiene apoyo privado y de personeros del Gobierno, quienes, de manera no oficial, le facilitan recursos, barcos, armas y hombres. Todo siempre bajo el auspicio y empeño de su noble amigo William Smith.  Es así como el 2 de febrero de 1806 sale de Nueva York con tres barcos rumbo a Venezuela, donde no logra desembarcar en Ocumare después de un pequeño combate naval con unidades españolas el 27 de abril, tras el cual caen pierde dos embarcaciones, 20 oficiales y 37 soldados. Se retira a Trinidad y se reorganiza, desembarcando ahora si en la Vela de Coro el 03 de agosto. No obstante, Miranda no encuentra ningún tipo de apoyo interno. Los venezolanos no estábamos listos aún para la Independencia.

Se retira nuevamente a Trinidad y pasa más de un año sin lograr armar una expedición, por lo que vuelve a su hogar en Londres. Allí sufre los pesares de la decepción y de ver cómo entra en años sin haber conquistado su máximo sueño. Pero en 1810 las cosas cambian y Miranda es visitado en su casa por Simón Bolívar, quien forma parte de la delegación enviada a Inglaterra por la Junta de Caracas en busca de apoyo para la causa de la Independencia, la cual era todavía asumida con timidez e indeterminación. Bolívar le revela que tenía órdenes de no contactarlo, pero aun así le pide que regrese a Venezuela a liderar el movimiento que apenas comienza.

Miranda regresa a su patria a finales de 1810 luego de 40 años de ausencia. Su presencia es bien recibida por unos y rechazada por otros. La Iglesia, muchos mantuanos y los defensores de la Corona lo tildan de traidor y hereje. No obstante, supera las dificultades y logra ser electo diputado al Congreso de 1811, siendo corredactor fundamental de la Constitución de ese mismo año, la primera de Venezuela y del mundo Hispano. Allí vierte toda su sabiduría y pensamiento libertario universal, poniendo los cimientos institucionales de la nueva Nación.

Con el comienzo de las acciones bélicas, es designado Dictador de la República y Generalísimo del Ejército Libertador. Sin embargo, tras la estruendosa derrota de Valencia y la sensible pérdida de Puerto Cabello, Miranda capitula ante Monteverde en 1812 con aprobación de la Junta Superior de Guerra. Su idea era reorganizar la revolución desde el exterior e intentar una invasión mejor equipada y estructurada. Pero los jóvenes oficiales patriotas, bajo el liderazgo del entonces Coronel Bolívar, no aprueban lo hecho por Miranda y consideran una traición la Capitulación. Por ello lo hacen prisionero en la Guaira el 30 de julio de ese mismo año, justo la noche antes de que partiera hacia las Antillas y, en medio de polémicas circunstancias, lo entregan a Monteverde. Es enviado entonces prisionero a Puerto Rico y luego a España, donde muere como un mártir en La Carraca en Cádiz el 14 de julio de 1816.

Un aspecto relevante de la vida y obra de Miranda en su carácter de masón y cómo articula a través de la masonería la independencia de Latinoamérica. De hecho, Miranda fundó en Londres la “Gran Reunión Americana” en 1798, una Logia que sirvió como plataforma de inspiración y base filosófica para la emancipación continental.

Esta Logia funcionó en la propia casa de Miranda en Grafton Street, y contó con una serie de sucursales llamadas “lautarinas”, en homenaje al indígena chileno Lautaro, quien murió luchando con apenas 21 años de edad en 1557, y luego fuese inmortalizado en “La Araucana”, el gran poema épico de Alonso de Ercilla y Zuñiga en 1569. Estas logias se establecieron en París, Madrid, Cádiz, Buenos Aires, Mendoza y Santiago de Chile, entre otras ciudades de Europa y América, y es de destacar que en ellas se iniciaron Bernardo O’Higgins (futuro Libertador de Chile), José de San Martín (futuro Libertador de Argentina), y Simón Bolívar (futuro Libertador de Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia y Ecuador); así como otros próceres independentistas latinoamericanos de la talla de Andrés Bello, López Méndez, Madariaga, Nariño y Zea, entre otros.

Fue Francisco de Miranda un maestro de Libertadores, Precursor de nuestra Independencia, Héroe de tres revoluciones por la Libertad de los pueblos, e inspirador directo de la masonería en Venezuela. Sin duda fue también un adelantado de su tiempo, un visionario, un librepensador indomable, un amante apasionado de la ciencia, el conocimiento y la razón, y el más universal de los venezolanos.

Tenía, como dijera de él Napoleón Bonaparte, la llama sagrada de los Grandes y era un “Quijote sin locura”.

*Diputado por la Unidad al Consejo Legislativo de Miranda, Prof. UCV y Miembro de VP

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