Vehículo suicida, el arma preferida de los grupos terroristas en Oriente Medio

Vehículo suicida, el arma preferida de los grupos terroristas en Oriente Medio

Investigators continue at the scene near the heavy truck that ran into a crowd at high speed killing scores who were celebrating the Bastille Day July 14 national holiday on the Promenade des Anglais in Nice, France, July 15, 2016.    REUTERS/Eric Gaillard
REUTERS/Eric Gaillard

Considerados el método más eficaz y barato de sembrar el terror, los vehículos conducidos por suicidas son desde hace décadas el arma preferida de los grupos terroristas en Oriente Medio, ahora trágicamente “exportada” por los yihadistas a Europa. EFE.

El primer gran ataque de estas características fue obra de uno de los principales cerebros del terror de cariz islamista, se produjo durante la enrevesada guerra civil en el Líbano y tuvo como objetivo a las tropas estadounidenses y francesas estacionadas en Beirut.

El cruento amanecer del 23 de octubre de 1983, Imad Mughniye -un mercenario chií que actuaba por libre apoyado desde Irán- vio, convaleciente desde su habitación en el sur de la capital como los dos camiones bomba que había preparado estallaban casi simultáneamente frente a los cuarteles de la Fuerza Multinacional.





Resultado: 241 marines estadounidenses, 58 paracaidistas franceses, 6 civiles y 2 atacantes suicidas muertos, más de 70 heridos y la retirada, semanas después, de la fuerza extranjera de interposición.

Días después, el 4 de noviembre, Mugniyeh y los grupos radicales chiíes que en 1985 constituirían el movimiento islamista Hizbulá, mostraron a Israel que mientras durara su ocupación ilegal del sur del Líbano se dolerían de la misma pesadilla.

Aquel amanecer, un joven suicida de apenas 20 años hizo estallar un coche bomba delante de la puerta de un cuartel capturado por las tropas israelíes: 89 personas murieron, 29 de ellas soldados de la fuerza ocupante.

La resistencia al invasor había comenzado: duraría 17 años y durante la misma decenas de soldados judíos y de civiles libaneses morirían víctimas de atentados perpetrados por suicidas chiíes con todo tipo de vehículos en el Líbano.

La táctica fue enseguida adoptada en la década de los noventa por los grupos radicales tanto chiíes como suníes, y en especial por la red terrorista internacional Al Qaeda, que en 2001 llevaría a su máxima cota de sofisticación la casi imparable estrategia de usar medios de locomoción como arma.

En 1994 y 1996, grupos yihadistas opuestos a la dictadura saudí mataron con sendos ataques en el territorio más sagrado en e Islam.

El más cruento de los dos se produjo en el 25 de junio de 1996 en el complejo residencial de la torres de Jobar, usadas en aquella época como cuartel general de las coalición de fuerzas participantes en la “Operación Vigilancia Sur”, encargada de gestionar la zona de exclusión aérea impuesta a Irak.

Aquella mañana de verano, un camión cargado de explosivos estalló a decenas de metros del llamado “Building #131” y a pesar de la gran distancia destruyo sus seis pisos, segó la vida de 19 soldados estadounidenses e hirió a 498 personas más.

Dos años después, el 7 de agosto de 1998, dos suicidas adscritos a la red terrorista internacional Al Qaeda hicieron estallar dos coches bombas frente a las embajadas de Estados Unidos en Tanzania y Kenia y mataron a más de 200 personas.

La estrategia de usar medios de locomoción sufrió su primera gran evolución en Yemen en noviembre de 2000 y precedió a su cambio definitivo un año después, con el uso de aviones suicidas en los atentados de Washington y Nueva York.

En aquella ocasión, los terroristas usaron una barca cargada de explosivos para atentar contra el buque de la armada estadounidense USS Cole y mató a una veintena de marineros.

El tradicional camión bomba, en esta ocasión una hormigonera, fue también el método elegido por los yihadistas para iniciar la ofensiva contra la ilegal ocupación de Irak: en agosto de 2003, un suicida mató al enviado especial de la ONU, Sergio Vieira de Mello, y decenas de personas más en Bagdad.

Desde entonces, más de cinco mil coches bomba han explotado en Irak, en una floreciente industria que ha segado la vida de varias decenas de miles de personas en este país y sus vecinos en los últimos 12 años.

Y allí donde este sector, que genera y mueve miles de millones de dólares al año, se topa con dificultades logísticas, nacen nuevas estrategias.

La técnica de camión sin explosivos conducido por un hombre que no tenía intención de escapar y sabía que iba a morir en una fecha especial, que podría haber sido la utilizada anoche en Niza, tiene igualmente sus precedentes en el tiempo.

Durante los dos últimos años, varios palestinos han sido abatidos a tiros por el Ejército israelí tras haber sembrado la muerte y el pánico entre la sociedad atropellando viandantes en la calle, sin que el recurso de responder a la violencia con más seguridad y violencia haya servido para detenerla.