Estabilidad en Turquía: ¿en la cuerda floja o estrategia política?, por María Auxiliadora Dubuc

thumbnailMariaAuxiliadoraDubucHoy llama la atención, analizar los hechos acontecidos en Turquía las últimas semanas. Situación que se repite en algunos países del mundo donde las ansias y el afán de poder obnubilan a algunos dirigentes que pretenden perpetuarse en los cargos a costa de lo que sea y quien sea; así, logran su objetivo: dividir a todo un país, sembrar odios y desigualdades, enfrentamientos inmanejables y muertes innecesarias. Ahora bien, en este caso, la razón: Imponer a toda costa el Proyecto del Presidente Recep T. Erdogan a pesar de su promesa incumplida de transformar el país, sus políticas arbitrarias, además de la influencia que genera la violencia desatada de la guerra que sufre su vecino: Siria.

El Presidente Recep T. Erdogan, sin duda es un líder. Lleva más de un década al frente de la política en Turquía, entre 2003 y 2014. Fue Primer Ministro y desde hace dos años, es decir, en 2014, Jefe de Estado, cargo que conquistó con el 51.8% de los votos. Erdogan es militante del partido AK, y la situación es que este partido se ha convertido en un experto en ganar elecciones, aunque últimamente han generado dudas en la población acerca de su compromiso con el sistema de gobierno democrático.

Por otra parte, Recep T. Erdogan es un político islamista moderado, se ha envuelto en la guerra con Siria y respalda la oposición islámica que enfrenta al Presidente Bashar Al Asad. La violencia se extiende a través de la frontera y reaviva el enfrentamiento con el partido de los trabajadores de Kurdistan (DKK), así es como convierten a Turquía en blanco de yihadistas que se proclaman miembros del Estado Islámico. Eso causa intranquilidad en gran parte de la población. Turquía se encuentra envuelta en una fuerte agitación, de allí el intento de derrocarlo, con la intención de restablecer el orden constitucional y la paz social.

Pero es sano preguntarse, ¿de dónde le proviene a Erdogan ese apoyo popular? Es sencillo, atrajo a la gente incluyendo a los liberales, a través de la propuesta de un proyecto o un plan para reformar la economía y retirar a los militares de la política. Sin embargo su actitud actual, absolutamente autoritaria, limitando la libertad de expresión y el desatino de dar a la religión un papel protagónico en la vida pública y determinante en las políticas a implantar, además de revivir la guerra, le ha restado seguidores, alimentado el resentimiento y generado enfrentamientos de toda índole.

En esta oportunidad, Turquía vivió el quinto golpe de estado en su historia republicana con un levantamiento militar llevado a cabo por el Ejército contra el Gobierno de Erdogan, una junta dentro del ejército turco. Uno de los presuntos responsables: Fethullah Gülen, un clérigo musulmán, que lidera el movimiento opositor desde el exterior. Se dice que los organizadores del golpe lo orquestaron a sabiendas que el mismo iba a fracasar, menospreciando las pérdidas irreparables de vidas humanas, con el único objetivo de lograr la desestabilización del país.

Pero reflexionando sobre el tema la realidad es que no puede erigirse en defensor de las libertades quien hace público un documento a través del cual se asume el poder, si es que realimente en el fondo la misión es el restablecimiento del orden constitucional, la democracia y la defensa de los derechos humanos, para luego acto seguido sacar los tanques, cortar las comunicaciones, bombardear el parlamento, que dicho sea de paso, se trata de un lugar donde hacen vida política distintas tendencias e ideologías, kemalistas, liberales, conservadores, social demócratas, entre otras. Deniz Baykal, veterano político del partido republicano expresó que jamás vio un escenario de golpe de estado tan tragicómico.

La verdad es que la noche del golpe, fue de confusión y mensajes contradictorios. Todo se desarrolló con una gran rapidez, por un lado los militares, anuncian haber tomado el poder frente a las amenazas que vive Turquía y que el gobierno es incapaz de atajar, el toque de queda, el inicio de un proceso constitucional y la creación de un consejo de paz.

Por otro lado, Erdogan pide a la población tomar las calles para dar una lección a los traidores, y así evitar intentonas, a defender el poder democrático. Así, miles de personas comenzaron a llenar las plazas enarbolando banderas turcas, mientras desde las mezquitas, llamaban a defender el gobierno democrático. El caos se apoderó de las calles de Estambul y Ankara. Así rescataron al Jefe de Gobierno, quien llegó a Estambul y fue recibido por la población y restituido en el mando. El golpe había fracasado rotundamente.

Erdogan calificó el golpe de estado, como un regalo de Dios, que le permitió limpiar el ejército de traidores, aun cuando fue una minoría la incapaz de soportar la unidad de Turquía, a decir de él. La realidad es que centenares de personas se enfrentaron a los militares gracias a ese llamado irresponsable del Presidente en funciones, ese fue el contrataque. El Presidente expuso al pueblo, a la gente el resultado dantesco, un saldo de 265 muertos y unos 2800 detenidos por su participación en el golpe.

Cinco generales y 29 coroneles resultaron retirados de sus cargos y arrestados, según los informes del Ministerio del Interior de Turquía. Además se emitió una orden de arresto contra 140 jueces del Tribunal Supremo, quienes fueron sustituidos por estar sospechosamente relacionados con el predicador islámico, Fethullah Gullen, exiliado en Estados Unidos

Pero todo es muy sospechoso porque pensar que un movimiento liderado por un clérigo de 75 años que vive en el exilio desde hace 17, sea capaz de lograr montar y dirigir un intento de asonada que movilice a unos 3.000 soldados (y todo ello en el más profundo secreto), seria una proeza de dimensiones inimaginables, la realidad es que es un sinrazón, una locura y al parecer es algo más que un atrevimiento. Lo que sí es verdad es que es de todos conocido que el pueblo turco no simpatiza con la intervención militar y que después de cada golpe, los partidos políticos salieron cada vez más fuertes en las elecciones.

En conclusión, las consecuencias de este golpe fallido lejos de generar desestabilización, tal cual como dije antes, era la presunta estrategia de los rebeldes han afianzado al gobierno, de manera que cualquier movimiento opositor sea político o no, como en caso del movimiento Hizmet, será señalado en lo adelante por el Gobierno como presuntos “golpistas” de modo que ese será el modus operandi a los efectos de detener y contener masivamente mucha gente que se encuentra en la oposición, así como también una oportunidad inmejorable para deshabitar a los partidos opositores por completo.

En resumen, más persecución, mas amenazas, mas arbitrariedad, aquí se abrió una puerta de modo que comenzará una verdadera “cacería de brujas”, más represión contra la libertad de prensa y contra los medios de comunicación social en general; además que el gobierno aprovechará para utilizar el argumento de la lucha contra los golpistas con la intención de buscar más apoyo internacional a los efectos de atrapar a aquellos que estén de alguna manera en contra del gobierno, quienes, sin duda, serán sancionados por pensar diferente, así las cosas, alguna semejanza con nuestra realidad no es más que pura coincidencia.