Juan José Moreno A.: Del diálogo imposible a la mentira piadosa

 

En estos momentos los principales sectores involucrados, desde posiciones opuestas, en la definición y búsqueda de las soluciones a la crisis general que sufre el país, se encuentran ultimando cada uno por su parte los preparativos para el presunto diálogo, aupado especialmente desde afuera, por agrupaciones de países que, como Unasur y algunos de Europa han venido manifestando preocupación por la terrible situación venezolana.

En principio, debemos reiterar lo que está en el ánimo de la gran mayoría de  los venezolanos, como es el de alcanzar en sana paz y democracia soluciones que permitan a la población vencer el alarmante cúmulo de problemas que mantiene al país sumido en una crisis solo comparable con la de un país que haya sufrido los efectos de una guerra o de una catástrofe natural, de acuerdo como lo definen especialistas en las áreas de economía y de la nutrición poblacional, entre otros.

Sin embargo, aún con los escarceos de quienes pretenden prestar su ayuda patrocinando personajes que imponen como gestores de acuerdos entre las partes en conflicto, y a la bulla con la que pretende el sector gubernamental  forzar a un diálogo en el que, en principio no creen pero le ayuda a alargar los tiempos de permanencia en un poder que cada vez se le reduce más, podríamos afirmar que tal propósito es sencillamente imposible. Pero se trata, igualmente, de una convocatoria que llega a tornarse piadosa  por parte de un régimen que desea mostrar ante el mundo una cara, que es más una careta, de lo que realmente no es.

Y cuando afirmamos que se trata de un diálogo imposible, nos fundamentamos en los siguientes hechos: en primer lugar, si entendemos que un diálogo debe basarse en una concertación previa sobre los temas de la conversación, resultaría necesario establecer una agenda de puntos establecida por las dos partes. Pero según lo repite a cada momento el Presidente, “debe ser un diálogo sin agenda ni condición previa”. Y por allí, arrancamos mal.

En segundo lugar, se entendería que si acudimos a un diálogo promovida por facilitadores extraños, estos deben ser escogidos en común acuerdo de ambas partes, para garantizar un nivel de equilibrio lo más confiable posible. Pero en este caso, el diálogo que propone el gobierno tiene ya tres lobistas, como se acostumbra llamar a estos gestores que actúan a favor de una de las partes; pues para nadie es un secreto a estas alturas, la inclinación de los tres ex presidentes de España, Panamá y República Dominicana,  Zapatero, Torrijos y Leonel Fernández, respectivamente, impuestos por el régimen chavista y aupado por otro incondicional de Maduro, el secretario general de Unasur, el ex presidente colombiano Ernesto Samper.

En tercer lugar, Maduro ha venido insistiendo en que un diálogo debe ser entre él y el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, en una clara actitud divisionista de la Mesa de la Unidad Democrática, al malintencionadamente asignarle un supuesto liderazgo de la oposición. No obstante, conocedor de las trampas a las que tiene acostumbrado al país el régimen madurista y en atención a la solicitud formulada por algunos países miembros de Unasur, el dirigente acciondemocratista ha accedido a discutir su posible participación en el diálogo, primero con la bancada de oposición en el Legislativo y luego con la MUD. Situación esta que podría ser definida este fin de semana por la oposición, y donde se contemplaría una posible incorporación facilitadora de representantes del Vaticano  en  este intento de diálogo. Sin embargo, muy difícil resultaría llegar a un acuerdo sobre la conformación de ambos grupos de negociadores, especialmente porque podríamos considerar como rotundamente inaceptable una conversación seria y honesta con interlocutores como los “hermanos Rodríguez”, Elías Jagua y de alguien de igual o mayor descalificación como Diosdado Cabello.

En quinto lugar, de acuerdo con lo que han venido insistiendo las máximas autoridades del régimen y su partido, condiciones determinantes para la oposición, como dar por sentado la celebración del referéndum revocatorio del presidente y la liberación de los presos políticos, no serán permitidas por el sector oficial; y eso, rotundamente, no puede ser aceptado por la oposición. Mientras que por parte del oficialismo, insistir en la farsa de una supuesta guerra económica y el desconocimiento de su errada política económica que fue iniciada con el desmantelamiento del plantel productivo de bienes y servicios, constituye otra de las inaceptables excusas, si de sincerar un diálogo se trata.

En sexto lugar, el reconocimiento de la situación de crisis humanitaria que sufre el país, especialmente expresada en la crisis económica, social e institucional que afecta a la nación, no será nunca reconocida por un régimen cuyos altos representantes durante los últimos días, en este caso su flamante canciller,  y su viceministro de Economía, quienes, han llegado al extremo de expresar, Delcy Rodríguez en la OEA y Ricardo Meneses ante la ONU, la primera que Venezuela tiene  suficiente capacidad para abastecer de alimentos y medicinas a tres países  además de Venezuela; y el segundo que en este país el 94 por ciento de la población hace “tres o más comidas al día”. Y en cuanto a la inconstitucionalidad impuesta por el Ejecutivo, al utilizar al Tribunal Supremo de Justicia para anular y sabotear la acción del Poder Legislativo, así como al CNE para impedir el referéndum revocatorio, debemos  estar claro que no están dadas las condiciones para atender a tan hipócrita convocatoria.

De manera que lo que consideramos una la piadosa invitación basada en las insistentes mentiras del madurismo,  para lavarle la imagen a un régimen que exhibe  una cara  tan sucia ante el mundo, no tiene a nuestro modo de ver ninguna posibilidad de éxito.  Pero hay un diálogo que sí compartimos plenamente, y es este que iniciamos con la mayoría de los venezolanos, de mantenernos firmes en el propósito de destituir al presidente Maduro por la vía constitucional del revocatorio. Con ese diálogo, si nos anotamos.

@JJMorenoA