Jesús Peñalver: La justicia de Bota

thumbnailJesusPeñalver“La justicia militar suele ser injusticia”.

Luis Beltrán Prieto Figueroa

 





Sí, de bota militar. Esa misma que se empeña –malévola- en mantener al civil Leopoldo López en una mazmorra militar, tétrico lugar adonde deberían ir a parar tantos enfermos de uniforme, acostumbrados a maltratar a los presos, negar visitas y a obligar a las mujeres a desnudarse, aun grabarlas para luego –seguramente- “disfrutar” de sus propias patologías.

Al deplorar aquí los males de esa desgracia que sembró en mala hora aquel milico golpista, resentido y delirante; enemigo de la democracia, pésimo administrador, un militarista desquiciado que acabó fragmentando con su odio a toda una sociedad, no podemos menos que levantar nuestra voz de protesta contra esa terca manía de seguir en el poder a todo trance.

No es solo el temor a perder los privilegios que les proporciona estar aposentados y protegidos desde Miraflores, ahora con yunta “cívico-militar”, sino también el pavor que les produce verse perseguidos por la justicia ciega e imparcial, alcanzados, enjuiciados y en buena hora condenados por tantos males ocasionados al país, a su erario, a sus gentes y a sus instituciones.

Con ese propósito de cambio y rectificación, también ha procedido el inocente Leopoldo López, hoy víctima de esa continuada injusticia que encarna el chavismo, esa peste que nunca ha debido tener lugar en el mundo.  

Se puede pensar distinto, discrepar, aun estar en desacuerdo con sus modos, pero mantenerlo injustamente preso es un crimen. Se castiga por hechos, no por intenciones, El pensamiento no delinque (cogitationis poenam nemo patitur).

Ya la barbarie al mando del muerto Hugo Chávez, había arremetido contra EL civil de origen conocido de familia honorable; que ha ejercido cargos en la Administración; ido a la escuela y como si fuera poco, desciende de los Bolívar, estirpe y prosapia conocidas en el continente.

Se sabe que sin juicio y sin sentencia firme, no es posible la inhabilitación política. La decisión aquella del también difunto excontralor, Clodosbaldo Russián, de inhabilitar políticamente a un grupo de ciudadanos, constituyó un ataque frontal a la Carta Magna y una amenaza a la soberanía popular.

No es necesario ser leopoldista para entender a cabalidad, que juicio y condena están alejados de la realidad de los hechos; que no es ningún monstruo ni tampoco asesino. De allí que su reclusión en la mazmorra de Ramo Verde sea injusta; no debe estar preso, porque sencillamente NO ha cometido delito. Se entregó voluntariamente, nunca ha sido contumaz, no había peligro de fuga ni jamás obstruyó la justicia.

Hoy la usurpación arremete otra vez contra Leopoldo López, usando el andamiaje judicial propio de su justicia de bota, amañada. Se le acusa –se le condenó- por los delitos de daños, incendio, asociación e instigación para delinquir, negándole la posibilidad de enfrentar ese juicio en condiciones normales y con garantía de sus derechos. En etapa de apelación, continúan los abusos y atropellos.

Se le atribuyen declaraciones subliminales, entre otras menudencias propias de la desgracia que hoy desgobierna y manda en Venezuela, en un manejo diabólico del análisis que hiciera la experta requerida por la fiscalía, la lingüista Rosa Amelia Azuaje, quien en ningún momento inculpó al procesado de nada. Así lo ha sostenido y negado públicamente.

Otro signo macabro de la maldad y la premeditación de la barbarie chavista, quien no cesa en su afán por encarcelar, sacando del juego a todo aquel que piense distinto. 

Falta espacio para vaciar el enorme bodrio en que la usurpación ha convertido a la administración de justicia en Venezuela. Y hoy somos más los que queremos salir de la caverna que representa el chavismo, y la caterva de sus pillos e indolentes sucesores.

Los hombres, en oportunidades, convierten una causa justa en injusta y hacen de la ley un instrumento de retaliación.

 

Jesús Peñalver