Yelena Isinbayeva, excluida de Río 2016 por dopaje, anunció su retiro

Foto: AFP/Getty Images
Foto: AFP/Getty Images

La ‘Zarina’ de la pértiga Yelena Isinbayeva, que eligió los Juegos de Rio de los que estaba excluida para anunciar su retiro, supo conjugar resultados deportivos y dosis de glamour para dar popularidad a una especialidad reservada hasta hace solo dos décadas a los hombres.

Por Frédéric Bourigault/AFP

“Yelena Isinbayeva termina su carrera hoy”. La pertiguista de 34 años habla de sí misma en tercera persona, como hacen todos aquellos que quieren resaltar aún más una personalidad fuera de lo común.

De figura esbelta, Isinbayeva fue uno de los símbolos del atletismo en la última década. “Es un deporte que también es espectáculo. Y cuando participo en un concurso, pese a que raramente hay suspense por la falta de rivales, siempre trato de ofrecer un buen ‘show'”, explicó en 2005, en plena gloria deportiva.

En esa época, Usain Bolt no era ni siquiera una joven esperanza del atletismo y mucho menos la leyenda actual.

La rusa trataba a todos con suficiencia, la que le daba saltar 20 centímetros por encima de todas sus rivales.

Nacida el 3 de junio de 1982 en Volgogrado, antiguamente conocida como Stalingrado, la pequeña Yelena comenzó a practicar la gimnasia artística a los cinco años en el club de su ciudad.

En la adolescencia pegó tal estirón que a los 15 años perdió toda esperanza de poder destacar en esta disciplina, reservada a niñas muy menudas.

Y la adolescente morena se encontró con una pértiga en las manos en las instalaciones del club del Ejército Rojo (CSKA) bajo la dirección de Yevgueni Trofimov.

Y se abrió ante ella un nuevo futuro en una disciplina reservada a los hombres hasta que a mediados de los años 1990 se abrió a las mujeres gracias a la evolución de los materiales.

Primera en franquear 5 metros

Se dio a conocer al mundo en 2003, con 21 años, cuando estableció un nuevo récord del mundo, saltando 4,82 m. Fue el primero de una larga serie de 28 plusmarcas es total (15 al aire libre y 13 en sala).

El 22 de julio de 2005, en Londres, entró en la historia al ser la primera mujer en superar la barrera simbólica de los 5 metros.

Como Serguei Bubka en su época, Isinbayeva se volvió adepta del progresar a pequeños pasos. Así fue mejorando el récord poco a poco, hasta los 5,06 en 2009, marca que sigue vigente en la actualidad.

Gracias a ello optimizó sus primas por cada récord y se ganó el cariño de los aficionados, a los que siempre regalaba besos, y de los telespectadores, que veían en la rusa a una bella deportista con unos ojos azules que enamoraban a las cámaras.

Ese protagonismo en las pistas le dio un estatuto de diva que ella no cesó de alimentar.

Como en el estadio ‘Nido de Pájaro’ de Pekín, en los Juegos de 2008, cuando el día que los chinos lloraban la eliminación por lesión del ídolo Liu Xiang, el campeón en Atenas-2004 de los 110 m vallas, la ‘Zarina’ se dio un baño de masas por la noche.

En dos saltos se aseguró su segundo título olímpico, con una marca de 4,85 m. Después calentó el ambiente saltando al tercer intento los 4,95 m, solo por el placer de continuar en la pista.

Y con todo el estadio pendiente de ella, al haberse acabado las otras pruebas programadas ese día, estableció un nuevo récord mundial, fijado aquel día en 5,05 m.

La decepción de Londres

Cuatro años más tarde, tras una pausa de casi un año, nada parecía poder impedir un tercer oro en Londres, pero no encontró el punto de forma y con un salto de 4,70 es bronce, por detrás de la norteamericana Jennifer Suhr y de la cubana Yarisley Silva.

Volvió a ser la ‘Zarina’ un año después, ganando en Moscú su tercer título mundial y anunció que dejaba el atletismo para conseguir su otro gran sueño, ser madre, precisando que su meta deportiva era regresar a la pista para conseguir un tercer oro olímpico en Rio de Janeiro.