Luis Eduardo Martínez: Villa Rosa

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Hasta la noche del pasado 2 de septiembre, Villa Rosa era barriada emblemática del margariteño municipio José María García cuya capital es el Valle del Espíritu Santo, bien conocido por los devotos de la Virgen del Valle, yo incluido, cuya imagen se venera en la basílica que lleva su nombre.

Por Luis Eduardo Martínez

Hoy Villa Rosa es emblema de rebeldía y coraje popular.

Construidas sus primeras casas y veredas durante el gobierno de Jaime Lusinchi y los edificios durante las gestiones de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, Villa Rosa se hizo chavista, como todos los sectores populares al calor del discurso del comandante eterno.

Hugo Chávez Frías nunca perdió una elección en la escuela básica de Villa Rosan si bien en las ultimas en la cuales participó, en el 2012, los resultados fueron bien ajustados 51,88 % contra 47,40 % de Henrique Capriles. Semanas más tarde, el gobernador Mata Figueroa logró el 57,04 % de los votos válidos emitidos.

Con Maduro, la magia comenzó a desvanecerse, en las presidenciales del 2013 alcanzó 50,61 %. Para las elecciones parlamentarias del 2016, Villa Rosa votó por la oposición obteniendo los candidatos a diputados de la MUD el 60,02 %.

Tras las extraordinarias manifestaciones del 1 de septiembre en Caracas –más de un millón de asistentes- y las de las distintas capitales de estado –que sumaron decenas de miles más- Maduro viajó a Margarita a reinaugurar en Villa Rosa un tanque de agua de cuando el gobierno de Lusinchi y otorgar unos pocos créditos de reparación de los apartamentos levantados por el de Carlos Andrés.

Pareciera que ninguno de los incontables burócratas del gobierno nacional o regional se percató que –según cuentan los vecinos ahora- Villa Rosa tiene 4 meses que no le llega el agua, 2 meses que no recogen el aseo urbano y más de 1 mes que a algunos, no a todos, le vendieron con unos pocos artículos la bolsa del CLAP. Nadie advirtió que en sus veredas sin iluminación los malandros hacen de las suyas y que a ninguno de sus habitantes les alcanza lo poco que ganan.

Mientras Maduro volaba a la isla, las mujeres de Villa Rosa se aprestaron a recibirlo con la sola arma de sus canarines.

Según reseñan los medios virtuales y puede verse en videos en las redes sociales, el paso de la caravana presidencial por Villa Rosa lo fue bajo el tronar de las cacerolas, gritos e improperios. Al bajarse el primer mandatario de su vehículo el repudio se maximizó y, en un confuso episodio, quienes protestaban descargaron cara a cara con el primer mandatario toda su cólera por tanto que padecen.

No puede haber dudas de la espontaneidad del cacerolazo de Villa Rosa. No existió lineamiento ni organización de partido opositor alguno detrás de lo ocurrido en esa noche de Margarita. Fue el pueblo en la calle el que desesperado ya por los problemas que le agobian descargó su ira en el responsable de sus calamidades.

Si la toma de Caracas, si los estudios de opinión que unánimemente muestran el abrumador rechazo al desempeño presidencial, si los llamados de la comunidad internacional, si lo inminente de un crisis humanitaria aun mayor, no mueven a reflexión a la elite gobernante, incluido el alto mando de la Fuerza Armada, lo de Villa Rosa debería hacerlo. Es solo un aviso de lo que pudiera pasar si muy pronto no encontramos salida en paz, democrática y constitucionalmente, a la gravísima crisis que confrontamos.

Luis Eduardo Martínez