Juan Guerrero: Práctica ciudadana

Juan Guerrero: Práctica ciudadana

juanguerreroEl aporte más significativo que se puede destacar en Venezuela, ha sido la consolidación de la cultura democrática en la cotidianidad del venezolano.

Y esto es tan cierto que recuerdo que siendo niño, en los años turbulentos de mediados de los ‘60s., cuando se estaban realizando unas elecciones presidenciales, los guerrilleros urbanos, junto con el resto de los grupos de ultraizquierda enfrentados a los gobiernos de la democracia, solían dispararle a los electores para que se dispersaran de las inmensas colas que hacían desde la madrugada, para ejercer su derecho al sufragio.

La gente se dispersaba pero a los pocos minutos volvían a sus puestos para entrar a la escuela y ejercer su derecho al voto.





Esa práctica de la democracia es hoy la fortaleza del ciudadano frente al oscurantismo y la barbarie política a la que nos enfrentamos, por un régimen izquierdista políticamente irresponsable, que está llevando al abismo hasta los grupos partidistas que lo apoyan, comenzando por el mismo Psuv.

Nadie duda hoy de la alarmante diáspora que se viene ejecutando al seno de ese partido. Su militancia se ha neutralizado en las interminables colas para obtener alimentos o encerrados en sus casas por la evidente inseguridad.

Solo salen a las concentraciones oficialistas los empleados y personal de confianza de las instituciones del Estado, junto con los miembros de la reserva y milicia bolivariana, a quienes se les disfraza con franelas rojas para que hagan bulto en las escuálidas marchas.

En estos días grises por los que atraviesa la sociedad venezolana confío en la tradición democrática de los ciudadanos venezolanos. Su sentido de ciudadanía y civilidad. Aún y después de casi 20 años de propaganda oficialista donde se privilegian los antivalores de todo tipo. De nada han servido los modelos de autoritarismo, militarismo, ni el ejercicio diario del abuso del poder, ni la violencia institucionales.

La práctica de la democracia está indisolublemente adherida a la práctica de la libertad en el venezolano. Su sentido de pertenencia a un territorio es parte de su entrelazamiento con sus valores y principios de solidaridad y convivencia con sus semejantes, y sobre todo, con el Otro diferente.

Para todo venezolano ejercer su ciudadanía es parte de su ejercicio democrático a manifestar a viva voz, su aceptación o rechazo a todo aquello que considere sea parte de sus intereses de vida. Y el ejercicio de sus derechos políticos forma parte de su esencia como persona formada en la tradición de la vida republicana.

Por eso entiende en su cotidianidad que todo aquello que se pretenda imponer, sesgadamente y por la fuerza, desde el poder del Estado, es contrario a sus creencias y práctica de sus derechos democráticos. Por eso, hay otra manera de entender estos últimos escenarios políticos donde la participación ciudadana ha sido quien se lleva los protagonismos.

Es cierto que la llamada Mesa de la Unidad Democrática ha sido la organizadora de la última jornada donde una significativa participación de la población le ha dado un claro respaldo. Pero hay que puntualizar, que así como en estos últimos años el llamado Polo Patriótico fue quien capitalizó las grandes victorias políticas, esos respaldos no pueden ni deben ser vistos como muestras de adhesiones automáticas ni eternas.

Es allí precisamente donde han estado los equívocos de quienes se encargan de hacer las sumatorias para hablar de mayorías. Esos cambios que se dan a lo interno de la población, son rostros de ciudadanos quienes no son fichas ni siervos ni menos esclavos de parcela política alguna ni por siempre.

Los llamados partidos de la IV República tuvieron por 40 años una población que los respaldó, y también estos de la llamada V República, han tenido por 18 años la misma población respaldándolos.

Ahora los tiempos están cambiando. Las circunstancias a lo externo parecen otras, sin embargo, si se observa a lo interno de la vida ciudadana se verá que las necesidades siguen siendo las mismas, empeoradas de seguro y con emergencias que se deben atender en lo inmediato.

Como he afirmado en otros escritos, ciertamente que en el pasado hemos atravesado por períodos mucho más graves y dolorosos. La sociedad venezolana ha sabido siempre superar, como toda sociedad inteligente, graves situaciones en su consolidación.

Tengo absoluta certeza de la fortaleza democrática en los ciudadanos venezolanos. Eso posibilitará superar la crisis de gobernabilidad que existe. Y esta crisis no es precisamente por responsabilidad de la población. Es, ciertamente, consecuencia de un liderazgo político que no ha estado a la altura de la madurez cívica de los venezolanos.

Ejemplo de ello está en la última gran marcha-concentración. Más de un millón y medio de venezolanos movilizados a lo largo y ancho del país, mostraron en la calle su apego a la convivencia civilizada, pacífica y democrática.

Los ciudadanos venezolanos, en su inmensa mayoría, somos personas de bien, trabajadoras y estudiosas.

Los modelajes que los líderes y dirigentes políticos muestras han sido malos ejemplos que se han impuesto como principios y valores de lo que nunca hemos sido ni seremos.

Quitarnos esos disfraces, esos malos ejemplos, junto con un falso y descalificativo lenguaje en contra de nuestro hermano-diferente, es practicar en la cotidianidad lo que por siempre nos representa: la singular hermandad, solidaridad, tolerancia y capacidad para convivir desde la diferencia. Eso es lo democrático. Lo otro son despojos de envidias, resentimientos político-sociales, y miedos.

(*) [email protected] TW @camilodeasis IG camilodeasis1