#ConocerEsProteger: Explorando maravillas con Río Verde… Los flamencos del Caribe

Fotografía: Jorge Provenza
Fotografía: Jorge Provenza

Los flamencos son aves que resaltan de las demás por su color intenso y resplandeciente atribuido al derivado de caroteno de su dieta; su pico curvo, largo cuello y patas zancudas las hacen ser el ave más alta del continente americano. Debe su nombre indígena “togogo” a su peculiar graznido. Su población ha disminuido drásticamente en nuestro país principalmente por la destrucción de sus hábitats, turismo mal planificado, salinización de humedales de agua dulce, cacería furtiva, colisiones con tendidos eléctricos ubicados en sus rutas de vuelo, robo de huevos y pichones, y el sobrevuelo de aviones y helicópteros a baja altura sobre sus colonias reproductivas. Debe servirnos de advertencia saber que las colonias de flamencos en Puerto Rico, las Islas Vírgenes, Haití y parte de Colombia, desaparecieron producto del relleno de los humedales.   

 

El Flamenco del Caribe (Phoenicopterus ruber ruber) forma parte de una de las familias más antiguas del mundo. Existen restos fósiles de géneros actuales en África y Europa que datan del período Oligoceno (hace más de 30 millones de años) y otras formas más primitivas que  existieron a mediados Eoceno, unos 50 millones de años.

 

Los flamencos son aves inconfundibles por sus largas patas, cuello y el color rosado pálido, naranja o carmesí, en los ejemplares adultos, con las rémiges o plumas de vuelo de color negro. Los pichones son de color blanco cenizo y los jóvenes son gris cano a pardo castaño, con matices rosados debajo de las alas, mientras el plumaje de los sub-adultos, puede variar durante los tres primeros años, hasta que adquieren el color de los adultos alrededor de los cinco años. El flamenco mide de 120 a 140 centímetros (las hembras suelen ser más pequeñas que los machos), pesan alrededor de los 2.100 a 3.100 gramos y la envergadura de las alas puede alcanzar entre 140 y 165 cm. Los flamencos emiten graznidos, que hace referencia a su nombre indígena “togogo”, como lo llaman las comunidades costeras de Venezuela. Sin embargo, el mismo sonido lo interpretan en Colombia y en Bonaire como “togongo” y “chogógo”.

 

Los flamencos se alimentan de pequeñas partículas de alimento que incluyen varias clases de invertebrados acuáticos, como moluscos, crustáceos, anélidos, insectos acuáticos principalmente larvas de ephydra y crisálidas. Además de semillas de plantas acuáticas, como Ruppia sp y algas verdes. La coloración rojiza de los flamencos (esencial para estimular la reproducción), proviene de pigmentos carotenoides (cantaxantina, astaxantina, phoenicoxantin), que son sintetizados por algas verdes. Los flamencos toman una cantidad considerable de este pigmento, ya sea mediante la ingesta directa de algas o zooplancton o indirectamente de la ingesta de invertebrados (como Artemia salina) que se alimentan de estas algas.

 

Antes de la época reproductiva los flamencos realizan actividades de cortejo que pueden ser ejecutadas por cientos de ellos. Estas demostraciones involucran movimientos laterales con la cabeza erguida, movimientos de las alas como queriendo despegar en vuelo y marchas de muchos grupos en zigzag a través del humedal. El propósito de este comportamiento es sincronizar, mediante la estimulación hormonal, los intentos o la entrada en reproducción del mayor número posible de flamencos. La cópula de los flamencos no se realiza hasta que la pareja abandona el grupo en cortejo. Mientras que los rituales de cortejo, copulación y aún la construcción preliminar de nidos, pueden ocurrir en lugares diferentes (casos como estos han sido reportados recientemente en la laguna de Píritu, RFS Cuare y en la Península de Paraguaná), al verdadero sitio donde se encuentra la verdadera colonia de  anidación.

 

Otra peculiaridad que poseen los flamencos es que, al igual que las palomas silvestres (Zenaida auriculata), alimentan a sus pichones con un tipo de “leche” que es secretada en la parte superior del tracto digestivo. El valor nutricional de esta “leche” es muy apreciable, con un contenido de proteínas entre 8 a 9%  y 15% de grasas, que la hace muy similar a la leche de los mamíferos y que, al igual que estos, la secreción es regulada por la hormona prolactina. No obstante, en el caso de los flamencos, la “leche” la producen tanto ejemplares hembras como machos.

 

Distribución

 

El flamenco del Caribe, se encuentra distribuido en dos áreas geográficas bien definidas:

 

1.- El Norte del Caribe, conformada por el archipiélago de las Bahamas, con una población estimada en 42.000 flamencos y una colonia activa de anidamiento, ubicada en la isla de Inagua. Los humedales de Cuba, que concentran una población de aproximadamente 180.000 flamencos y poseen la mayor colonia reproductora, ubicada en la Reserva de río Máximo, provincia de Camagüey. Luego, en México, específicamente en la Península de Yucatán, se encuentra otra población de flamencos estimada en 52.000 flamencos y una colonia de reproducción activa ubicada en la Reserva de Ría Lagartos.

 

2.- El Sur del Caribe, está representada por la isla de Bonaire, con una población entre  6.000 y 8.000 flamencos y una colonia reproducción ubicada en Pekelmeer, dentro de una compañía salinera, la cual fue decretada Santuario de Fauna por las autoridades de  Bonaire. De esta región insular el flamenco se observa de nuevo a lo largo de la costa norte de la América del Sur, desde la Guajira en Colombia, con unos 7.000 flamencos aproximadamente y a través de los humedales de costa de Venezuela y su zona insular (de cuya población hablaremos detalladamente, más adelante). Estas regiones consideradas hasta ahora como dos unidades geográficas en la distribución del flamenco, se realizan  bajo la premisa de que debido a la distancia “no deberían existir movimientos migratorios o intercambio” entre la población de flamencos del Sur y Norte del Caribe. Es importante señalar que existen además pequeños grupos de flamencos en varios humedales de la costa Atlántica de Guyana, Surinam, Guayana Francesa y en la región de Amapa, en Brasil.

 

El flamenco en Venezuela

 

Las primeras observaciones documentadas acerca de la distribución del flamenco en Venezuela fueron realizadas por Phelps y Phelps (1958), quienes en 1952 señalaron la presencia de la especie en las islas de Margarita, Los Roques, Las Aves y avistaron un grupo de aproximadamente 50 nidos de flamencos en la isla de la Orchila, los cuales habían sido previamente saqueados por supuestos pescadores. Quizá, las primeras cifras poblacionales de flamencos, fueron dadas a conocer por Yépez Tamayo (1963), quien estimó entre 1.000 y 1.500 flamencos en Chichirivice (Falcón), 500 en Cayo Pirata (Los Roques) y en Margarita respectivamente. En la década de los setenta, los flamencos no excedían los 5.000 individuos (de Boher 1979) y generalmente eran referidos, como los “flamencos de Bonaire”, debido a que históricamente, las salinas de Pekelmeer, constituían el único  núcleo  de reproducción del flamenco en el Sur del Caribe. Sin embargo la disponibilidad de alimento en los humedales de la isla, no eran suficientes para mantener la carga poblacional de flamencos,  los cuales volaban  diariamente a buscar alimento y agua dulce a la costa oriental de Falcón y en las albuferas de Chichiriviche (actual RFS Cuare), humedales considerados  vitales y estratégicos para la supervivencia de la especie, distantes a solo 95 km de Bonaire  (Root 1965).   

 

Los primeros censos aéreos de la población de flamencos en el país,  fueron realizados  en febrero de 1981 y marzo de 1982, por el Servicio de Fauna y Pesca de Canadá y el entonces Servicio de Fauna Silvestre, del Ministerio del Ambiente, lográndose estimar un máximo de 9.860 flamencos, distribuidos en 9 localidades costeras (Morrison et al 1985). Luego, de este trabajo pionero, se realizaron un número muy significativo de censos aéreos y trabajos de investigación de flamencos (Audubon de Venezuela, Ramo y Busto,  Lentino, Guzmán, Profauna), que permitieron determinar entre finales de la década de los ochenta y mediados de la década de los noventa (Figura 1), el  crecimiento poblacional  sostenido de flamencos,  sus fluctuaciones entre meses de lluvias y sequía, así como la identificación de los principales humedales costeros utilizados por la especie a lo largo de la costa (Figura 2).

 

Por iniciativa del Grupo de Especialistas de Flamencos del Caribe (con financiamiento de  la WCS) la población de flamencos fue monitoreada en diciembre de 2009, a través de un censo simultáneo que  activó de nuevo la red de voluntarios a lo largo de 23 localidades del país, lográndose estimar en un día de censo un total aproximado de 78.000 flamencos (Espinoza 2010). Sin embargo, lo más significativo de este censo es que el 97% del total de los flamencos estuvieron concentrados en el occidente del país, 80% en Zulia y 17% en el estado Falcón, mientras que el resto de la población quedó distribuida en los estados orientales. Luego, en febrero de 2010, en el marco de los  Censos Neotropicales  de Aves Acuáticas (CNAA) (coordinados por la Unión Venezolana de Ornitólogos), se lograron estimar, en un lapso de tres fines de semanas, un total de 73.000 flamencos y al igual que al comportamiento del censo anterior, más del 75% de los flamencos fueron observados en los Olivitos .

 

Como consecuencia de estas altas concentraciones de individuos, entre julio de 2010 y septiembre de 2012, los flamencos se reprodujeron constantemente sin parar, evento que se conoce como “olas de reproducción” (Figura 4). Actualmente la colonia de reproducción de la Ciénaga de los Olivitos es la segunda localidad (superada hasta ahora por la colonia de Cuba) con más producción de pollos de flamencos en la cuenca del Caribe.

 

Indudablemente que la magnificación de los números poblacionales en los últimos diez años en la población de flamencos en Venezuela obedece principalmente a la estabilización de la colonia de reproducción de flamencos en la Ciénaga de Los Olivitos, después de varios años de acondicionamiento y adaptación, producto del mejoramiento en los niveles de agua (lluvia-sequía), limnología, composición y disponibilidad de alimento, que aumentó la capacidad de carga. Además, los flamencos en los Olivitos poseen una alternativa para alimentarse sin tener que abandonar el refugio, como antes lo hacían en la época seca para buscar alimento en otros humedales (Pirela 2000), ya que con solo levantar vuelo, en menos de 5 minutos pueden entrar a los concentradores de la Empresa salinera Produsal, colindante con la poligonal del refugio.  

 

Amenazas

 

En nuestro país las principales amenazas para los flamencos son la pérdida de hábitat, turismo mal planificado, salinización de humedales de agua dulce, cacería furtiva, las colisiones con tendidos eléctricos ubicados en sus rutas de vuelo y la mayoría sin ningún tipo de señalizaciones. En el caso de la colonia reproductiva, el robo de huevos y pichones, sobrevuelo de aviones y helicópteros a baja altura sobre Los Olivitos. Es importante recordar que las colonias de flamencos en Puerto Rico, las Islas Vírgenes, Haití y parte de Colombia, desaparecieron producto del relleno de los humedales.

 

Cortesía de Revista Río Verde.

Textos: Frank Espinoza

Website: www.rioverde.com.ve

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