Desalineados, por José Luis Centeno

thumbnailjoseluiscentenoLo que hace portentosa la “Lapidación del Diablo”, a manos de millares de musulmanes que se congregan en La Meca por estos días, es la voluntad de proscribir al Demonio de la faz de la tierra. Es un proceso tan atractivo a la vista como el resultado, que incluso escépticos o no creyentes niegan tal posibilidad; salvando las distancias, esa misma desconfianza estaría revoloteando en torno al cambio político pretendido para desterrar a la tiranía, profundizada con el manto de dudas generado por “negociaciones oscuras”, que entorpecerían salir por la vía electoral del mismísimo Satán, quien perturba el reino celestial de la MUD teniendo bajo su influjo a algunos Querubines caídos en la escatológica olla que muestra a la alianza opositora de espaldas al pueblo venezolano, el pueblo cuya voluntad de echar al diantre merece respeto. Elías Pino Iturrieta, anticipándose a los hechos, sentenció: “La oposición tiene la obligación de terminar el concordato con la autocracia”.

Se ha dicho, “Cuando la vocería del gobierno insiste en que hubo reuniones secretas entre gobierno y oposición. Se ve el propósito de quebrar la unidad”, nada más desacertado considerando que las armas para dicho quebrantamiento estarían saliendo de la propia coalición opositora, porque son innegables las negociaciones entre gente del régimen y de la oposición, por más que Ramos Allup sostenga que “Negociar no es entregarse y bajarse los pantalones”, como queriendo eludir responsabilidades respecto al diálogogate. Por si fuera poco, quienes negocian en secreto, perdón, quienes han realizado “reuniones exploratorias”, tienen el tupé de sostener que sabremos los avances de esas torcidas conversaciones cuando ellos lo crean oportuno. Eso es autoritarismo, autocracia para ser más exactos, prepotencia desdoblada en desaire. Olvidan que una revolución corrupta, aunque siga ganando o conservando espacios ya está perdida. Luego, eso de que “se trabaja en lo que hará el nuevo gobierno”, es tan nocivo como haber sostenido que la MUD no se estaba reuniendo con el Gobierno, pues el secretismo, la ocultación trasciende todo noble propósito y demuestra la cercanía de los Serafines a una revolución compatible con lo único que les pareciera interesar: medrar, vivir bien.

Dios sería el único que escribe derecho con renglones torcidos, no así una coalición opositora que pretende enrumbar al país mostrándose desalineada, torciendo el rumbo, incapaz de mantenerse recta sobre su propio eje democrático y combativo, mucho menos en la vía de un cambio político, obviamente por no atender apropiadamente el reclamo popular, con un diálogo de espaldas al pueblo, sin transparencia y con agendas ocultas, una conchupancia cuya justificación se les escapa de las manos, sin comprender que hay deberes que es necesario cumplir aunque se sepa de antemano que se va al fracaso, chasco cuya factibilidad se acrecienta con Angelitos que ahora vienen con el cuento de que las reuniones han sido para quitar los obstáculos que han entorpecido el proceso de Referendo Revocatorio. De verdad, yo pensé que para eso eran las jornadas de presión popular. ¡Qué sensación tan desagradable la de no tener líderes completamente confiables sino guabinosos y negociadores! Exclamó asertivamente Dayana Duzoglou.

El Padre Leocadio Jiménez S.J. insistía que el mayor logro del Diablo es hacernos pensar que no existe, que no es malo, que con él se pueden conseguir cosas buenas, ¡muy buenas! Maduro como que tuvo más suerte con la MUD, que el Diablo con muchos de nosotros, de no ser así ¿por qué tanto esfuerzo en justificar que ahora aparezcan mezclados con el gobierno?, dando a entender que no somos iguales, que los malos seremos nosotros por entorpecer esas negociaciones secretas que hasta ahora eran “falsas”, sin importar que el régimen de Maduro arrecie la persecución política con uso excesivo de fuerza y violencia, desconozca la AN y termine de posicionar el RR en el 2017, pues lo importarte sería capitalizar el desmoronamiento del régimen como lo hizo Balaguer con Chapita, eso si antes no irrumpe la desobediencia cívica.

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