Víctor Vielma Molina: Así es la política

 

 

¿Quiénes son los  culpables de que los venezolanos nos estemos maltratando? Hemos llegado a tanto, que para una buena respuesta, bien merecemos reflexionar sobre la actual realidad, que esta escandalosa crisis gubernamental, exige.  Quienes respiramos, pensamos y obramos en esta hermosa tierra,  jamás deberíamos ser ajenos a los problemas que desmiembran a nuestra idiosincrasia y al país. Nuestra ciudadanía y correspondencia con la Constitución nos impiden ser indiferentes. Todo, porque tenemos una historia que nos une en bien común y somos, sin duda, sujetos de derechos y deberes. Por ello hay que decirles, a quienes llevan gobierno, y en particular, a los que tienen  las riendas de los Poderes Públicos, que nada los coloca por encima de las leyes y de nuestros connacionales, sin responder a Dios, a los pueblos, a los hombres.

Todas las naciones del orbe tienen problemas políticos, sociales y económicos; pero cada una se mide por la responsabilidad, eficiencia y eficacia que demuestre cada habitante consigo mismo, con los demás y con el país. Pero, sin duda, la responsabilidad más determinante recae sobre quienes, por sus cualidades y formación, escogen ser empresarios, industriales, profesionales o líderes. De sus  ejemplos, argumentos persuasivos, convincentes y democráticos, seguramente surgirán soluciones exitosas. Y para ello, es necesario que conviertan a las organizaciones e instituciones, tanto públicas como privadas, en generadoras de excelentes servicios a favor del usuario, sin exclusión ni parcialidad. Cualquier índole de segregación y parcialidad, de impericia y falta de formación, obstaculiza la efectiva excelencia de la gestión política o empresarial. La gente necesita  unicidad, desarrollo y bienestar social; pero estas licencias no se logran sin la participación individual y conjunta de los ciudadanos apoyados bajo la imparcialidad política de una gestión gubernamental idónea y responsable. Pues, cada quien tiene que convencerse que trabaja para servirse y servir a la integridad del país sin desatender la ética. Porque administrar, para servir a los demás, es un autoservicio de relaciones públicas que abre caminos personales e interpersonales. La mezquindad y el desprecio nos hace irrelevantes y esclavos de miserias.

El liderazgo empresarial y el liderazgo político siempre estarán supeditados al permanente espíritu de superación y respeto. Así, como también, al obligante diálogo e intercambio de ideas que permitan reingenierías, progreso y creación con ruta hacia todos los futuros posibles. La persuasión convence a la insensible piedra y nos permite lograr verdaderas realizaciones con ella. Porque la tiranía y maledicencia, cuando no destruyen, desencuentran.

En el pasado conocimos a un venezolano trabajador y decente. Somos hijos de esta estirpe. Tenemos que tornarnos más solidarios y estudiosos de la realidad, amables y oferentes para con los demás, eficaces y eficientes en todas nuestras actividades para construir al país donde podamos vivir en paz, como la verdadera familia que somos. Pues, el sentido de pertenencia y amor por el país es tan particular como colectivo, tan familiar como patrio. Por ello, la actual realidad política y la dinámica social nos impelen, urgente y poderosamente, a conjurarnos con el futuro, para salir del pasado y de la ruindad de este presente político que agobia y esclaviza. Por consiguiente, evitemos ser tiranos. La tiranía es caldo de cultivo de resentimientos, revanchismos, conductas delincuenciales y criminales. El maltrato, la arbitrariedad, la indolencia y el desorden, entre otras cosas, sirven al fracaso. Y para decirlo al estilo de Michel Foucault: “La  arbitrariedad del tirano es un ejemplo para los criminales posibles e incluso, en su ilegalidad fundamental, una licencia para el crimen”. Por ello es importante no perder la sindéresis ante la adversidad y tener fundadas razones para tratarnos con cordialidad y alta deferencia. Porque tú, como nosotros, deseamos ser bien atendidos y tratados como ciudadanos. Así es la política.

Víctor Vielma Molina/Educador/[email protected]