Por falta de insumos, esto es lo que te cuesta una cesárea en un hospital

Foto: María Fuenmayor
Foto: María Fuenmayor

 

Lo único que sostiene a Arianny Tiel, de 23 años, es la fe. La posibilidad de que la niña que lleva en su vientre y que tanto anhela muera la deja sin palabras y con un dolor, que solo es mitigado encomendando la vida de su pequeña, una y mil veces, a Dios, reseñó La Verdad.

El diagnóstico de los médicos de la maternidad Armando Castillo Plaza es “complicado y dudoso” para ella. “Me dijeron que la niña viene con hidrocefalia y no va a poder caminar”.

Ella vive en el barrio Raúl Leoni con Luis Miguel Soto, de 26 años, su esposo, y con Marisol, su suegra. Pagan 10 mil bolívares por una “pieza”, anexa a otra casa, donde solo hay una habitación, donde “a duras penas” caben dos camas y un ventilador. El calor en el lugar es comparado por los vecinos con el mismo infierno.

Tiel, como otras mujeres embarazadas en el oeste de Maracaibo, vive en carne propia los trastornos de acostarse sin comer. Mientras comenta a La Verdad lo duro de su experiencia, aprieta los labios y cierra los ojos con fuerza, para evitar que las lágrimas delaten su desconsuelo.

Recuerda “con amargura” la carestía que pasó durante los primeros seis meses de gestación. Ahora todo se repite al acercase el nacimiento de Daniela de los Ángeles. “Fue difícil, tuve muchas fallas en la alimentación por la situación económica en la que estaba”.

A los seis meses de embarazo, un ecograma reveló que el feto pesaba un kilo y medio. Hoy, con nueve meses, pesa dos kilos lo que indica una clara falta de peso para el tiempo.

Diagnóstico

Tres meses atrás el embarazo de Tiel “venía normal”. A los siete meses la ilusión se convirtió en preocupación y desconsuelo. El examen morfogenético reveló que la niña nacería con hidrocefalia y una dificultad en la columna que no le permitiría caminar.

Hace unos días el diagnóstico cambió al repetir el estudio. “Ahora dicen que son problemas con las arterias en la cabeza. Lo que tiene en la columna es una verruga de carne y que en ese caso se corregiría con cirugía. Pero en la cabecita si necesitaría una válvula”.

Aunque asegura que en el hospital la tratan “muy bien”, está convencida de que solo el nacimiento de su pequeña revelará a ciencia cierta cuál es su problema de salud. “Ellos no están seguros de lo que tiene la niña, dicen que si fuera hidrocefalia, tuviera peso de más y no es su caso”.

El feto ya cumplió sus nueve meses de gestación, la niña nacerá por cesárea, pero debe esperar a que sus padres reúnan 100 mil bolívares para comprar “todo lo que piden en la maternidad para parir”. La cesárea está programada para la semana que viene.

“Tengo que llevar un pocotón de cosas que me pidieron en el Castillo Plaza, si no las llevo el martes me reprograman la cesárea y así la van atrasando hasta que yo pueda conseguir todo. Me pidieron desde la aguja para la raquídea, el kit, la sutura me pidieron todo”, señaló la joven con preocupación.

Los médicos indagan de un lado a otro, pero sin un diagnóstico certero. Esto le quita la paz a la familia Núñez Tiel. “No duermo bien, no como, me siento en shock porque las probabilidades de que mi hija se salve son del 50 por ciento”.

En el pequeño cuarto donde duerme o pasa la noche en vela la familia, guardan también un tetero, un par de lazos y un vestido fucsia, que será el primer atuendo de Daniela.

Sin futuro

Todos los días, a las 3.00 de la madrugada, Soto sale hacia La Curva de Molina donde trabaja como colector, en un bus de la línea San Martin-5 de Julio. Antes de contar lo que siente frente a la responsabilidad que lleva sobre sus hombros advierte: “No tengo palabras para hablar”.

En un día bueno, puede hacer la cantidad de siete mil bolívares. Hasta el pasado miércoles sumaba 15 días sin trabajar. “La falta de repuestos y la inseguridad hacen que uno se quede varado”.

Describe como “brincos y saltos” las odiseas que hace para mantener su hogar y para que su primera hija nazca sana.

El exmarino del Buque Escuela Simón Bolívar se levanta todos los días, sale de madrugada y retorna a la pieza a las 9.00 de la noche, muchas veces llega sin nada. “Ahí estamos, aguantando todos. Tengo fe de que va a nacer bien. Al principio no hallaba qué hacer y le daba golpes a la pared, pero Dios es muy grande”.

“Muchas veces” él y su madre se acuestan sin comer para que lo poco que hay lo consuma Tiel. “Uno siempre aguanta un poco más que la mujer”.

Pobreza extrema

Según un estudio realizado por las universidades Central de Venezuela, Simón Bolívar y Ucab, la pobreza de ingreso -últimos resultados de la Encuesta sobre Condiciones de Vida (Encovi)- está arrojando cifras de 72 por ciento en hogares y 76 por ciento para la población en general.