Luis Alberto Buttó: El reto de la MUD

thumbnailLuisAlbertoButtoEl poder político real, no el imaginado, se expresa en dos hechos concretos: la capacidad para lograr que los otros hagan y/o acepten lo que tú desees que hagan y/o acepten y la capacidad de hacer por los demás todo aquello que ellos no pueden hacer por sí mismos. Eje transversal que cruza ambas realidades es la estrategia diseñada e implementada para alcanzar esos objetivos en la práctica. Con la decisión dada a conocer por el CNE en torno al proceso de recolección de 20% de voluntades para la activación del referéndum revocatorio, el oficialismo desafió impúdica y abiertamente a la inmensa mayoría de la población venezolana y le mostró con claridad los colmillos para darle a entender que literalmente posee la primera de las expresiones del poder, pese a cualesquiera elaborados discursos del bando opositor tipo «este gobierno está irremediablemente caído», etcétera, etcétera.

En la estrategia oficialista al respecto destaca cierta orientación que le proporciona carácter de univocidad: convencer a la gente que se opone al gobierno que el liderazgo opositor nucleado en torno a la MUD no está a la altura de los retos que la presente coyuntura histórica demanda, razón por la cual ni puede ni sirve para encauzar el descontento y los deseos de cambio que laten a lo largo y ancho del territorio nacional. Así las cosas, estos deseos de renovación terminan diluyéndose en la catarsis individual improductiva y en su cotidianeidad desesperada el venezolano percibe que el tiempo se agotó, que no hay mañana posible porque este gobierno sólo desaparecerá cuando le dé la gana. Se activa, en consecuencia, el locus de control externo en relación con la convicción del futuro imposible: la culpa de que la situación nacional no cambie no es más que resultado de la torpeza, la debilidad y las incoherencias de los jefes de la MUD, incapaces de tener un plan B frente al agotamiento del plan A que proclamaron invencible. La MUD pasa entonces a convertirse en la anhelada cabeza de turco que bien sirve para explicar el fracaso en la lucha por lograr que la autodenominada revolución bolivariana culmine su ciclo vital y se ponga punto final a la desgracia de millones de compatriotas.

El dramatismo de las horas que corren, con la dificultad que genera para atreverse a plantear un análisis sustentado que trascienda el día a día, hace pensar que la estrategia oficialista va siendo por demás exitosa. A decir verdad, cuesta un mundo digerir eso de declararse en «sesión permanente» para elaborar la respuesta a la decisión del CNE (decisión de Miraflores, se entiende) pues la esperanza radicaba en que dicha respuesta estaba pensada de antemano ya que era propio de infantes suponer que el gobierno iba a entregarse sin pelea. Declaraciones aprisionadas en esas coordenadas sugieren la sorpresa, los huevos colocados en una sola canasta y la angustia de un liderazgo que en estos momentos inexplicablemente parece estar preguntándose ¿y ahora?, en medio de la injustificada tardanza para construir la salida pertinente, oportuna, adecuada.

Allí radica el reto planteado a la dirigencia de la MUD producto del brete desatado por la insolencia y la demostración de seguridad dada por el poder constituido al pretender imponer nugatorias condiciones para activar el referéndum revocatorio. Está cantado el desafío: derrotar la estrategia del gobierno y proporcionar a la población venezolana una esperanzadora hoja de ruta que asome la posibilidad de triunfo expresada en el pronto desmontaje del modelo político y económico que con saña le niega su libertad y le hambrea con crueldad. Hoja de ruta que la gente no puede dibujarse por sí misma porque otras urgencias la acogotan: llegó la mayonesa a los chinos de la esquina y hay que ir corriendo a engrosar la cola, por ejemplo. Para eso asumieron el liderazgo, no para jugar a maquillarse antes de cada declaración en los medios. Liderazgo sin pantalones puede ser cualquier cosa, pero no es liderazgo.

Historiador

Universidad Simón Bolívar

@luisbutto3