Venezuela: pasos de una tormenta perfecta

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Los venezolanos tienen una expresión muy simpática sobre lo que entre nosotros llamamos patear para adelante: ellos dicen correr la arruga.

Por Marcelo Cantelmi en El Clarín (Argentina)

Es un giro interesante:contempla que si bien es cierto que se la corre, la arruga nunca desaparecerá. Lo que acaba de hacer el régimen postergando el revocatorio del mandato de Nicolas Maduro para 2017, viola lo que esa expresión previene.

La intención es desactivar una consulta que evidencie el daño de la imagen del gobierno. Y de ese modo garantizar no perder control, apostando a que si no hay salida para el revocatorio la demanda se diluirá. Desaparecería así la arruga. Es una apuesta peligrosa. Venezuela es un país acorralado con una inflación superior al 700% anual, una bancarrota de las cuentas públicas con rojos de dos dígitos y el desabastecimiento desesperante de productos básicos, incluso hasta el patetismo de cunas para recién nacidos.

La posibilidad de un referendo revocatorio que permitiera un cambio de ese escenario, o al menos la esperanza de esta alternativa, operaba como una válvula para esa creciente tensión. Del mismo modo que lo fueron las legislativas del 6 de diciembre pasado. Esas urnas entregaron el poder por primera vez en tres lustros a la oposición, pero además desnudaron hasta qué extremo la crisis había derruido la base del chavismo, con una pérdida de más de dos millones de votos.

Ese proceso de erosión no ha hecho más que agravarse. La decisión del colonizado sistema electoral venezolano de correr el referendo al año que viene configura así una tormenta perfecta. En Venezuela la gente, incluso quienes creyeron en la narrativa del chavismo, hoy no sabe cuánto ni qué van a comer cada día.

El régimen, con estos modos, intenta tapar esa realidad lacerante para preservar el sistema espurio de corrupción que se ha creado de la mano de la descomposición del Estado y que caería si hay un cambio en el panorama. Lo puede hacer porque del otro lado, en la coalición opositora, existen más dudas que certezas sobre si esa alianza de más de 30 partidos soportaría un proceso de elección de candidatos, campaña nacional y votación, en el término legal ínfimo de apenas un mes.

Es la otra parte de la tormenta perfecta y que se expresa en el riesgo de que ante la falta de alternativas, la gente hastiada por un Estado, tan ausente como abusivo, canalice su desesperación con un alzamiento en las calles que no se detenga ante oficialistas u opositores. El destino de Venezuela está hoy mucho más cerca del abismo. El régimen y alguno de sus adversarios han dejado a la anarquía el poder de tomar las decisiones finales.