Marcel Oppliger: El fracaso chavista y la utilidad de Braulio Jatar

Marcel Oppliger: El fracaso chavista y la utilidad de Braulio Jatar

thumbnailMarcelOppligerEl interés de Chile por Venezuela se centra hoy, como debe ser, en la situación judicial de Braulio Jatar. Para entender el contexto del caso más allá de lo diplomático, sirve poner en perspectiva la crisis venezolana, en especial la económica. Empiezo con tres estadísticas no relacionadas, pero decidoras.

– Entre 1948 y 1952, el Plan Marshall para reconstruir Europa occidental tras la II Guerra Mundial entregó 103 mil millones de dólares a 16 países (al valor de 2014).

– En 2014, el reporte de sustentabilidad de Codelco afirmaba con perceptible orgullo que “en nuestros 43 años de historia hemos producido más de 52 millones de toneladas de cobre, generando un aporte de más de 115 mil millones de dólares al Estado”.





– Entre 1999 y 2014, los quince años que Hugo Chávez gobernó Venezuela, los ingresos petroleros del Fisco se calculan en algo menos de US$ 1.000.000.000.000. Un millón de millones de dólares. Un billón de los nuestros.

Diez veces el Plan Marshall. Casi diez veces lo entregado por Codelco en medio siglo. Esa es la magnitud del fracaso chavista y del fraude bolivariano.

Porque ningún país con tamaña bonanza debería estar como el de Nicolás Maduro, herencia directa del fallecido comandante, que salió de escena justo cuando se acababa el ciclo de precios altos en el producto que representa el 96% de todas las exportaciones venezolanas. Quizás ninguna nación haya recibido una riqueza equivalente en toda la historia de América Latina y muy pocas en el mundo. Aun así, ¡y teniendo las mayores reservas de petróleo en el planeta!, Venezuela vive hoy la peor crisis económica, política y social del continente.

Otras estadísticas para el olvido. En los años de Chávez fueron expropiadas o estatizadas cerca de 1.300 empresas (otras 5 mil simplemente cerraron), y también se expropiaron unos seis millones de hectáreas cultivables con la promesa de alcanzar la “soberanía alimentaria”. En el proceso, la nómina de la administración pública se duplicó a más de 2,5 millones de empleados, o 49 por cada 100 del sector privado; los ministerios pasaron de 14 a 29, con 111 viceministerios y 42 “misiones” de asistencia social; y el gasto público creció casi 120%, aunque el PIB público lo hizo menos de la mitad.

Pese a esta gigantesca expansión del sector estatal, su aporte al producto interno bruto del país apenas aumentó 1,1% entre 1999 y 2014, de 35,2% a 36,3%. “Por alguna razón no supimos gerenciar adecuadamente (…) las empresas expropiadas y las llevamos al fracaso”, admitió sin rodeos Freddy Bernal, conocido dirigente del Partido Socialista Unido. La soberanía alimentaria también seguirá esperando, pues Venezuela es hoy importador neto de comida y su desabastecimiento es crónico.

Hay más números nefastos en la economía bolivariana, muchos más: inflación récord, corrupción sin precedentes, riesgo país histórico, escasez de divisas, empleo informal disparado, pobreza en alza, casi nula inversión privada, mercado negro fuera de control, baja producción petrolera, deuda pública al límite, colapso de infraestructura y servicios públicos, cortes de energía periódicos… De no creerlo.

¿Qué tiene que ver todo eso con el encarcelamiento de Braulio Jatar? Que para desviar la atención de una crisis de estas proporciones y eludir su responsabilidad en ella, el gobierno necesita chivos expiatorios. Delincuentes, contrarrevolucionarios, traidores, siervos del imperialismo, villanos varios. Lo saben hace rato los casi cien presos políticos que identifica el Foro Penal Venezolano y ahora lo sabe Jatar, que tuvo la mala ocurrencia de tuitear un video que avergonzó al Presidente Maduro.

El cuadro no pinta bien para el chileno, porque a ojos del Estado chavista el verdadero problema de gente como él no es con la justicia, sino con la revolución. Y la revolución necesita enemigos.

 

Marcel Oppliger, periodista, autor de “La revolución fallida: Un viaje a la Venezuela de Hugo Chávez”.

Publicado originalmente en El Líbero