Gustavo Coronel: Trump vs. Clinton II me recordó la pelea entre Tyson y Holyfield

thumbnailgustavocoronelPara los aficionados al boxeo el debate de anoche entre Trump y Clinton fue una clásica confrontación entre un tira golpes, Trump y un boxeador, Clinton. Me recordó a Bonavena frente a Ali, a Mano de Piedra frente a Leonard y, sobre todo, a Tyson frente a Holyfield. Este segundo debate presidencial no fue una batalla entre dos ejércitos organizados sino una pelea callejera. Así lo quiso Trump, quien obligó a su adversaria a furiosos cambios de golpes. Como en la pelea entre Tyson y Holyfield,  en el debate de anoche Trump le “mordió” una oreja a Clinton, no una sino varias veces,  al aprovechar cada pregunta para insultarla, en lugar de responder lo que se le preguntaba. Anoche vimos a un Trump camorrero, en ataques furiosos y desorganizados, tratando de alterar el ritmo de Clinton, lográndolo en ocasiones. Sin embargo, al final Clinton pudo imponer su ritmo más educado, más sustantivo,  para ganar la batalla por tres puntos.

Cuales fueron esos tres puntos:

1- Las diferencias entre los dos candidatos se revelaron con mucha nitidez en este debate. Clinton se mostró más presidenciable, más calmada que el energúmeno que fue Trump. Trump interrumpió, insultó, balbuceó, hizo de todo menos responder las preguntas que se le hacían. Trump se quitó los guantes y se armó con un garrote, Clinton los conservó y eludió la mayoría, pero no todos los golpes;

2- Trump se mostró autocrático, políticamente machista. Clinton más democrática. Trump repitió su tesis sobre la baja calidad de los inmigrantes latinos y musulmanes que estaban entrando al país. Clinton resaltó el drama de los refugiados y abogó por una sistema de selección que no equivaliese a una negativa a ayudar a las víctimas de las tragedias de otros países. De nuevo, Trump se mostró orgulloso de su habilidad para no pagar impuestos;

3- Trump mostró menos conocimiento que Clinton sobre los grandes asuntos que los estados Unidos deberá enfrentar, en especial los de política exterior.   Prefirió hablar  en negativo, siempre tratando de culpar a Clinton de todo lo malo que había ocurrido en el país. En ese plano logró incomodar a Clinton, quien en ocasiones estuvo a punto de perder la compostura. Hacia el final, Trump admitió que él no estaba de acuerdo con su propio candidato a vicepresidente sobre la política a seguir en Siria, mostrándose partidario de apoyar a Rusia en su táctica de destruir a los rebeldes que luchan contra Asad.

En líneas generales, el segundo debate confirmó las diferencias entre los dos candidatos. Yo le compraría un auto usado a Clinton siempre y cuando mi mecánico de confianza lo revise bien, pero jamás pensaría en comprarle uno a Trump.