Juan Claudio Lechín: Nobel de la paz y las dos democracias

thumbnailJuanLechinEdgar, un taxista bogotano, me dice: “Santos ensilló la bestia antes de domarla”. Esto resume magistralmente las presiones —propaganda, creación de abundante noticia, celebraciones de altos dignatarios, etc.— que buscaron legitimar una rendición del Estado colombiano, con el nombre de “paz”, ante las FARC. El pueblo colombiano dijo NO a este infeccioso ensayo (¿por qué no hacerlo en Francia con ISIS o en EEUU con Al-Qaeda?). Pero el resultado del plebiscito no detuvo la ofensiva de los dueños del SI. En orquestación precisa, le dieron a Santos el premio Nobel de la paz y lo usan como arma para descalificar al plebiscito y polarizar al país, usando triquiñuelas político-emotivas como “me duele el país”, “llora Colombia”, “la democracia no funciona”. El puñado de académicos suecos consiguió invalidar el voto de 12 millones de colombianos.

Colombia tuvo una relativa estabilidad política —desde el Frente Nacional—, gracias a la democracia que arbitró las diferencias pero al descalificarla logran introducir la otra democracia, la de “si pierdo, pateo el tablero”, la democracia controlada de Chávez, la de Mussolini, la de Fidel Castro (1992): “nunca más perderemos una elección”, la de raigambre fascista (y comunista), que Hitler llamó “la dictadura del número”, la democracia directa de Gaddafi, la democracia popular de Stalin; o sea: el voto no cuenta.

El castrismo ganó este round. Ha inoculado el veneno de la polarización en la sociedad urbana de Colombia. En adelante y como en Venezuela, las pasiones y los slogans “morales” (no el voto) arbitrarán la política y, poco a poco, herirán a la institucionalidad democrática en el corazón. Lamentablemente, Colombia avanza sin pausa y sin prisa hacia la “democracia” del socialismo del siglo XXI.