Luis Barragán: Anacoco

thumbnailluisbarraganMedio siglo atrás, ocupamos soberanamente la Isla de Anacoco, ubicada al norte de la confluencia de los ríos Cuyuní y Venamo, en territorio venezolano del Esequibo. Difíciles circunstancias – aún ulteriores – explican un evento que ojalá, al menos,  sea conmemorado oficialmente por la Asamblea Nacional,  luego de plantear el proyecto de Acuerdo alusivo, redactado por cinco entidades de la sociedad civil,  interesadas y especializadas en la materia.

Por lo pronto, deseamos hacer tres rápidas referencias, pues, por una parte, la nuestra no es una manía ultranacionalista, ciega y fanática, orientada a la destrucción del vecino país: no deseamos perder nuestra propia casa, ni pretendemos tomar la ajena. Reconocidos nuestros justos, fundados, legítimos e históricos derechos, larga y  pacientemente planteados, el pueblo guyanés podrá también beneficiarse del adecuado aprovechamiento del territorio hoy en disputa, en el marco del inevitable proceso de integración regional.

Valga recordar, por otra, la ocupación soberana del día 12 de octubre de 1966, expresión de una Política de Estado que naturalmente supo de un abierto debate parlamentario, comprometió a las Fuerzas Armadas Nacionales, al ministerio de Obras Públicas y a los más diversos despachos que, en tiempo razonable, materializaron el propósito. Gracias a las diligencias de Jorge Fuguet, ahora sabemos que el entonces teniente Ramón Sánchez Romero, fue el primer oficial en ocupar efectivamente la isla, callando por varias décadas dada su inmensa modestia, como tuvimos ocasión de comprobar.

Finalmente, luce necesario subrayar que la ocupación y atención al problema, no paralizó al gobierno venezolano de entonces que, como todo gobierno que se repute de tal, ha de asumir la simultánea complejidad de sus tareas en campos muy diferentes y hasta contradictorios. A sabiendas de su monótona simplicidad, resulta francamente inimaginable que el gobierno de Maduro Moros pueda asumir tareas semejantes y, encima de todo, deba como le ocurrió al de Leoni, afrontar un bombazo terrorista en la Universidad Central, inaugurar obras, lidiar con las interpelaciones de los congresistas o encarar un alzamiento en Ramo Verde, como normalmente lo hizo el de Leoni sin lloriqueo alguno.

Por cierto, tres años atrás, un nutrido grupo de parlamentarios y dirigentes políticos, organizado por Maria Corina Machado, pisó Anacoco: no permitieron que visitásemos las instalaciones militares, pero hicimos algo que ni siquiera se les ocurrió posteriormente replicar a los cómodos diputados del oficialismo: Lo peor, tampoco quisieron debatir sobre la materia.

@LuisBarraganJ