Hillary Clinton frente al dilema del libre comercio

Hillary Clinton frente al dilema del libre comercio

La candidata presidencial demócrata Hillary Clinton REUTERS/Brian Snyder
La candidata presidencial demócrata Hillary Clinton REUTERS/Brian Snyder

 

Las idas y vueltas de la demócrata Hillary Clinton sobre el libre comercio alimentan dudas sobre sus convicciones profundas y también los continuos ataques de su rival a la presidencia de Estados Unidos, el republicano Donald Trump.

A tres semanas de la elección, la exsecretaria de Estado no ha aclarado aún su postura sobre el controvertido Tratado Transpacífico (TPP), un tema que debería resurgir durante el tercer debate presidencial con Trump, el miércoles.

En octubre de 2012, cuando estaba al frente de la cancillería de su país, Clinton había afirmado que ese acuerdo, que involucra a Estados Unidos y a 11 países de la región Asia-Pacífico, pero no a China, era “un modelo de excelencia para un comercio libre, transparente y justo”.

Tres años más tarde, este pacto que apunta a abolir las barreras comerciales entre los países signatarios fue acusado de todos los males por la sociedad civil estadounidense, el ala izquierda del partido Demócrata y Donald Trump. Clinton operó entonces un giro de 180 grados. “Si me baso en lo que sé al respecto al día de hoy no puedo respaldar” este tratado, escribió en octubre de 2015.

“El riesgo es demasiado grande de que, a pesar de nuestros esfuerzos, (estos tratados) sean más malos que buenos para las familias estadounidenses que trabajan duro”, agregó Clinton, que por la época libraba una áspera batalla contra Bernie Sanders, decidido opositor al TPP, en pos de la investidura demócrata.

Su equipo de campaña era consciente de la voltereta de la candidata y de las dificultades que el giro planteaba, según correos electrónicos privados filtrados por Wikileaks.

“Se trata efectivamente de un difícil equilibrio, ya que no queremos provocar burlas al oponernos de manera demasiado radical a un acuerdo que ella antes había defendido, o al cargar demasiado sobre sus aspectos negativos cuando la decisión (de oponernos) no ha sido evidente”, escribió en uno de esos correos Dan Schwerin, la pluma de Hillary Clinton.

Tras las revelaciones de Wikileaks, el equipo de Trump atacó sin medias tintas a su adversaria. “Ahora sabemos que el cambio radical de postura de Clinton sobre el TPP era sólo un estratagema político cínico desplegado por la política más cínica de la historia estadounidense”, señala un comunicado publicado el domingo.

– Dudas –

El campo republicano no fue el único en dudar de la sinceridad de la exprimera dama. En 2008, Barack Obama le había reprochado su inconstancia respecto al Nafta, el tratado de libre comercio firmado por Estados Unidos, México y Canadá en 1994, cuando Bill Clinton ocupaba la Casa Blanca. En aquel año, el actual presidente y su futura secretaria de Estado disputaban la investidura demócrata.

“Dijo grandes cosas sobre el Nafta, pero cambiará cuando comience a disputar la presidencia”, denunció en aquel momento Obama, que se comprometió a renegociar el acuerdo si ganaba la elección, cosa que luego no haría.

Clinton lo niega, pero es cierto que cambió de posición también sobre este tratado, acusado de haber acelerado el proceso de desindustrialización y de deslocalización de empleos en Estados Unidos.

Tras haber estimado que el Nafta permitiría “recoger los frutos, y no el fardo, de la mundialización”, la actual candidata demócrata modificó su punto de vista. “El Nafta ha sido un error, en la medida en que sus resultados no han estado acordes a lo esperado”, aseguró en noviembre de 2007.

Estas variaciones no son necesariamente una debilidad o una prueba de duplicidad, dijo a la AFP John Hudak, experto político de la Brookings Institution de Washington.

“Sin duda alguna (Clinton) evolucionó en lo que tiene que ver con el comercio cuando se puso a pensar sobre los impactos (de los TLC) sobre los asalariados estadounidenses”, señaló. “Hay en ello, por supuesto, algo de cálculo, pero creer que para un político toda evolución debería ser por esencia problemática es un error”.

De todas maneras, la pregunta sigue planteándose: ¿Cuál es la postura real de la candidata demócrata sobre el libre comercio?

En tanto senadora por Nueva York (2001-2006), Clinton votó en favor de todos los tratados comerciales, salvo el del Cafta, firmado con cinco estados de América Central y República Dominicana.

Hoy, asegura públicamente que aspira a acuerdos “bien pensados y equitativos”, aunque en recientes discursos privados se ha mostrado menos dubitativa, según declaraciones reveladas por Wikileaks en las que afirma “soñar con un mercado común que abarque al conjunto del hemisferio americano”.

En política, “hay que tener a la vez una misma posición pública y privada”, decía en 2013 en uno de esos discursos. AFP

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