Diego Scharifker: Cuando la muerte se convierte en tu marca ciudad

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Recientemente me solicitaron que compartiera mi visión sobre el potencial turístico de Caracas en un seminario de políticas públicas. Así como lo dije en esa oportunidad, el turismo no es de las áreas en las que tengo mayor experiencia, reconozco que es un escenario que disfruto más como usuario que como constructor de políticas. Ello no me impide, de esa forma tan temeraria propia de los Caribes, tener una lectura y una opinión propia sobre el turismo y sus posibilidades en nuestro país y muy especialmente en nuestra ciudad.

Por Diego Scharifker / @DiegoScharifker

Necesariamente debo identificar el contexto que forma parte de nuestra “oferta” como destino turístico. Nuestras ciudades actualmente prestan servicios públicos de calidad muy precaria. La mayor parte de Caracas no cuenta con suministro de agua potable de manera continua y confiable. El servicio eléctrico es deficiente y cada vez más frágil, al punto que por regulaciones del gobierno central, los hoteles y centros comerciales deben generar su propia energía a través de gigantescas y contaminantes plantas eléctricas. Nuestro sistema de transporte está desarticulado, obsoleto y sobresaturado. A duras penas se recoge la basura de nuestras calles. Los restaurantes, hoteles y centros comerciales no escapan a la severa escasez de productos, es regular que nuestros visitantes no encuentren amenities básicos como jabón y Champú, así como también es muy probable que tampoco consigan papel higiénico en los baños.

Caracas es una ciudad sin vida nocturna, nuestras calles y avenidas quedan desoladas pasada las 7:00 de la noche por temor a la oscuridad que habita de manera permanente. Una menguada oferta cultural que se resiste a fallecer gracias a la admirable entrega de artistas y cultores. Tenemos una muy baja capacidad hotelera, escaso talento humano formado y capacitado para el sector y una casi inexistente infraestructura para el turismo de congresos y de negocios.

Pero lo que se ha convertido en nuestra carga más pesada es el doloroso calificativo de ser la ciudad más peligrosa del mundo. La organización civil mexicana Seguridad, Justicia y Paz en su informe anual de las ciudades más violentas del mundo, destaca que de las 10 ciudades con más homicidios en el 2015, nueve fueron latinoamericanas y el ranking lo lideró Caracas con 3.946 homicidios, lo que representa 119,87 muertes violentas por cada 100.000 habitantes. Lamentablemente, esas cifras se quedan muy cortas cuando se contrastan con la realidad, a pesar del inútil esfuerzo del gobierno central por ocultarla, la muerte huele a diario a cientos de metros de la morgue.

Cuando hablamos del posicionamiento de nuestra capital en el contexto del mercado turístico mundial, o lo que los expertos en marketing denominan Marca Ciudad, encontramos que Caracas pasó de ser la Dubai de los años 50 y 60 con la construcción de impresionantes edificios y autopistas, a ser una ciudad terriblemente violenta e insegura en nuestros días. Nuestra marca ciudad está en muy aporreada, dolorosamente aporreada.

Después de tan tenebroso diagnóstico, debo intentar recuperar el positivismo de mis lectores. Es una tarea compleja, casi tan compleja como lo que debemos hacer quienes tenemos responsabilidades de gobierno en Caracas para cambiar este escenario. Lo que me inspira principalmente es saber que otras ciudades vivieron situaciones iguales o peores a la nuestra y lograron superarlas exitosamente, al punto de convertirse en los más atractivos destinos turísticos de la actualidad. Berlín hoy es una ciudad vibrante después de haber experimentado la más bestial de las guerras; Medellín acaba de obtener el premio Lee Kuan Yew World City Prize, considerado el máximo galardón del urbanismo en el mundo después de haber sido la capital mundial del narcoterrorismo. Los ejemplos abundan, afortunadamente.

Si los caraqueños decidimos adoptar el turismo como política medular de desarrollo humano y económico para la ciudad, la reconstrucción debe comprender la recomposición de todo lo anterior y fomentar un escenario que propicie su consolidación como destino turístico.

Debemos empezar por cerrar la brecha existente en la prestación de servicios públicos, reconstruir nuestro modelo de gestión del agua; retomar las obras de construcción del sistema Tuy IV para aumentar el suministro, intervenir y optimizar los procesos de mantenimiento de la red de distribución y actualizar la infraestructura tecnológica de las plantas potabilizadoras. Debemos replantearnos el esquema centralizado de gestión de la energía eléctrica y su eventual retorno a la operación privada del servicio para recuperar el estándar de calidad y eficiencia que siempre caracterizó a este sector antes de su nacionalización. Finalmente, las administraciones locales debemos fortalecer el sistema de recolección y en conjunto, construir un sistema metropolitano de transferencia y disposición final de desechos sólidos.

La segunda línea de acción debe desarrollarse en paralelo, definir una política concertada, clara, contundente y profunda que procure la disminución de los índices de inseguridad. La gestión de la seguridad en nuestra ciudad requiere de dos elementos fundamentales; tener un abordaje civil y no militar, que permita ponderar las causas de la violencia y no concentrarse únicamente en la “atención” de sus consecuencias. La política en esta materia debe regresar a las manos de los caraqueños, la inseguridad debe ser atendida con una visión propia, orientada y conducida por los gestores de la ciudad, sus autoridades locales, en trabajo conjunto y permanente con los diferentes niveles de gobierno. La centralización y la militarización de la seguridad han tenido un solo éxito, el aumento exponencial de la violencia.

Como le expresé a mi audiencia esa mañana, es mucho lo que debemos hacer y demasiado lo que debemos ordenar, pero la primera tarea a llevar a cabo es decidir si queremos hacer de Caracas un destino turístico. Si ese es el camino elegido son innumerables los entuertos que debemos enderezar; será complejo y costoso, pero definitivamente apasionante. El turismo es un conjunto de experiencias satisfactorias y de sensaciones agradables, más que ruinas milenarias o enormes museos, si no comprendemos que ese es el secreto de esta oportunidad, no habrá ninguna quinta estrella que nos distinga del resto de las estupendas opciones que tenemos como competencia.


Diego Scharifker
Concejal de Chacao
@DiegoScharifker